‘Aquablue. El planeta azul’, ‘Avatar’ v 0.0

Aquablue por

Si bien dentro de unas cuantas líneas aclararé a qué viene el titular que he elegido para esta reseña —aunque creo que se explica bastante bien el solito—, hablar de ‘Aquablue’ es, en el terreno personal, hacerlo de una serie que en su momento tuvo una notable importancia en mi entrada en el mundo del cómic europeo. Debido a ello, toca batallita de abuelo para contextualizar lo que ha supuesto reencontrarme con las páginas dibujadas por Olivier Vatine casi veinte años después de aquél primer contacto que, como digo, abrió una puerta decisiva en mi proceso formativo como lector de tebeos.

En 1996 servidor llevaba ya casi cuatro años metido de forma seria en eso de coleccionar tebeos. Los cómics siempre me habían interesado —no en vano, una de las fotos de mi infancia que más gracia me sigue haciendo es una en la que, con dos o tres años, estoy sentado en el balcón de casa de mi abuela paterna en una escupidera con un Astérix en las manos— pero no fue hasta la publicación de ‘Dragonball’ por parte de Planeta que decidí comenzar a invertir mis asignaciones semanales en la adquisición de los mismos. Para cuando comencé a cursar estudios universitarios en Sevilla, los tebeos se habían convertido junto al cine y la música de cine en una sana obsesión en la que me dejaba una considerable cantidad de dinero mensual. Pero entre lo que había adquirido desde el 92 al 96 no figuraba ni un cómic europeo…ni uno sólo.

Todo eso cambio a finales de 1996 cuando me topé en mi tienda de cómics habitual de la capital hispalense con el segundo volumen en edición rústica de ‘Aquablue’: su portada llamó mi atención como lo podría haber hecho cualquier otra, pero al hojearlo caí prendado del dibujo de Vatine y decidí llevármelo a casa junto con la primera entrega más como un experimento casual que bajo la firme decisión de que aquello fuera a convertirse en el primer paso de una vía que hasta entonces no había explorado en favor del manga y, por supuesto, del cómic estadounidense de superhéroes. Pero la lectura aquél mismo día de los dos álbumes tenía planes muy diferentes para un coleccionista que, y no exagero, acababa de entrar en un mundo fascinante.

Aquablue 1

Pocos meses después, en mi sempiterna pila de tebeos pendientes ya se alternaban por igual los cómics yanquis con los álbumes europeos —el manga iría perdiendo fuelle por el abuso al que le había sometido— y durante mucho tiempo tras la aparición a principios de 1997 del tercer álbum de ‘Aquablue’ seguí preguntándome por qué Planeta no continuaba con la publicación de tan fantástica serie de ciencia-ficción. La respuesta, como sucedería con tantas otras colecciones que fueron interrumpidas sin explicación, quedó en el aire y, con los años, la incógnita de cómo continuaría la historia de Nao, ese niño humano que termina yendo a parar a un planeta poblado por fantásticas criaturas acuáticas y criado como si fuera una de ellas, terminó en el olvido.

No es de extrañar pues que, ante el anuncio de Yermo del primer integral de la serie —de los tres que suponemos contendrán los quince álbumes aparecidos hasta el momento en el país vecino—, la algarabía de este redactor fuera seguida de forma inmediata de la expectación ante retomar la lectura de un título del que, obviamente, no recordaba casi nada después de dos décadas sin acercarme a él. Lo que me he encontrado, si bien no ha cubierto del todo el alto recuerdo que dejaran en mi impresionable yo de cuatro lustros atrás las tres entregas publicadas por Planeta, sí que ha servido para darme de bruces con una de las más obvias influencias que determinaron el guión del ‘Avatar’ de James Cameron.

Cada vez que en los últimos siete años se ha hablado de ese espéctaculo grandilocuente en tres dimensiones que es la película más taquillera de todos los tiempos, siempre se ha afirmado que su argumento es un cruce más que evidente entre ‘Bailando con lobos’ y ‘Pocahontas’, pero nunca, en ninguno de los muchos artículos que he leído al respecto de la cinta, se ha hecho referencia al asombroso préstamo que Cameron hace de muchas de las ideas planteadas por Thierry Cailleteau en ‘Aquablue’. Bien es cierto que la premisa de partida del cómic tampoco es un alarde de originalidad por cuanto no es más que una iteración sobre ‘El libro de la selva’ de Ruyard Kipling, cambiando el frondoso escenario de la India por un planeta acuático a años luz del nuestro.

Aquablue 2

Ahora bien, es desde el momento en que Nao, el protagonista, se convierte en adulto, que las concomitancias entre ‘Aquablue’ y ‘Avatar’ superan la «casualidad» de que los habitantes del planeta del tebeo y de Pandora sean azules, para entrar en el terreno de lo evidente cuando a lo que hemos de referirnos es a esa corporación que quiere para sí los recursos naturales del mundo gobernado por las aguas y tiene bajo su control a una potente fuerza militar capaz de lo que haga falta para imponer su ley a los nativos. Tampoco lo es que los protagonistas se enamoren de una de las habitantes del planeta o que terminen liderando una revolución contra los invasores que pretenden desolar la faz de tan bello orbe.

Dejando de lado lo que creo que es una evidencia atronadora, y pasando a juzgar ‘Aquablue’ por sus méritos y no por los deméritos de los demás, el relato que pone en pie Cailleteau es de una variedad espléndida, no se precipita en ningún momento a costa de dejar por desarrollar en condiciones a un personaje dado o deshilvanar un apunte que después no se retoma; y si bien el avance de la acción es bastante lineal, toda cota que el guionista se deja por escalar es cubierta por el magnífico trabajo que Vatine realiza en unas páginas en las que su personal estilo, capaz de definir con cuatro trazos y parecer que el resultado es un dechado de detalles, se vuelca en la construcción de un futuro lejano plagado de todo lo que normalmente se asocia a un relato de ciencia-ficción.

Su magnífica labor juega algo en contra de lo que Ciro Tota ofrece en un estilo continuista —por no hablar de copia algo descarada— con el de su predecesor; pero el más modesto talante de las planchas del segundo dibujante de a bordo no estropea las muy gratas sensaciones que deja esta historia de ciencia-ficción pletórica de personajes de gran carisma, de un sentido del humor que echa mano de numerosas referencias «frikis» a la cultura del s.XX y que, a la altura del final del cuarto álbum de los cinco aquí incluidos, da un giro espléndido que, obviamente no voy a desvelaros para dejaros con la curiosidad lo suficientemente excitada como para por lo menos pensaros el fuerte desembolso que requiere un volumen que no defrauda.

Aquablue. El planeta azul

  • Autores: Thierry Cailleteau, Olivier Vatine & Ciro Tota
  • Editorial: Yermo
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 248 páginas
  • Precio: 40,85 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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