‘Amarga Rusia’, determinación de madre

Como bien han demostrado muchas de las historias de marco bélico que el cine ha puesto en pie a lo largo de las décadas, y como queda patente una y otra vez cuando uno escarba bajo la superficie de las más impactantes noticias que nos llegan a través de prensa o televisión sobre un enfrentamiento armado; lo peor de una guerra no son sólo las víctimas que se cobra o la destrucción urbana que deja a su paso, sino también las trágicas historias de pérdida, de familias que deben rehacer sus vidas desde cero teniendo que convivir con el fantasma de la amputación de alguno de sus miembros. Y si bien la historia central que nos traslada ‘Amarga Rusia’, que sigue a una madre en busca de su hijo militar del que no tiene noticias desde hace seis semanas en el marco del conflicto entre Rusia y Chechenia, parecería sobrevolar ese otro lado de la guerra sin prestarle mucha atención, no es esa la realidad que nos encontramos al dar cuenta de un álbum que, en su muy extensa galería de secundarios ahonda precisamente en ofrecer una mirada dura y con pocas concesiones sobre las consecuencias de una contienda.

Dura y con pocas concesiones, sí, pero si hay algo que llama poderosamente la atención de ‘Amarga Rusia’ es que ambas cualidades de su personalidad no impactan en el lector, al menos no de lleno, hasta que hemos dado cuenta de todas sus páginas, cerramos el volumen y comenzamos a reflexionar sobre lo leído. Es entonces cuando el ritmo vivaracho y casi alegre de la narración, la simpática idiosincrasia de todos y cada uno de los personajes que se le aparecen a Katerina en el camino de búsqueda de su hijo, y la espléndida forma en la que Aurélien Ducodray trata el conjunto para que éste no se convierta en un drama imposible de soportar, quedan relegados a un segundo término para dejar al desnudo la crudeza que subyace bajo el manto de nieve, cascotes y edificios derruidos que conforman los escenarios de fondo de esta brillante historia.

Una crudeza que, rebajada sobremanera por el estilo caricaturesco del dibujo de Anlor —un dibujo soberbio, que trabaja a muchos niveles y que el artista puntualiza con un magnífico uso del color—, arremete a empellones contra nuestra psique, derrumbando sin miramientos el atavío de casualidad bajo el que había parecido desarrollarse todo para mostrar sin inequívocos lo mucho de realidad que se disfraza de ficción en éstas 96 páginas. Es precisamente gracias a esa dualidad de la que uno se percata cuando finaliza la lectura, que ‘Amarga Rusia’ se alza como una enérgica denuncia contra lo absurdo de la guerra. Una denuncia que, como tantas incontables otras, nunca llegará a oídos de quienes se empeñan en creer que la violencia es la solución final para todo y que, da igual que estemos en pleno s.XXI, que la humanidad debiera haber dejado muy atrás sus estúpidas diferencias y que tendríamos que estar preocupados por legar el mejor mundo posible a las futuras generaciones, que son la envidia, el ansia de más poder y la sinrazón las que sigue gobernando los actos de aquellos que están en situación de decidir sobre la vida del común de los mortales.

Amarga Rusia

  • Autores: Aurélien Ducoudray & Anlor
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 96 páginas
  • Precio: 20,90 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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