‘Allí donde van las hormigas’, enternecedor cuento para todas las edades

Comentábamos anteayer, al hilo del ‘Tierras lejanas’ de ECC, que aunque sea un sólo título, la editorial insiste de manera pertinaz en que su oferta mensual incluya algo de cómic europeo —vale, algún mes no se cumple, pero son los menos—. Y otro tanto cabría afirmar acerca de Planeta Cómic, una casa que, después de haber tenido que reinventarse en dos ocasiones —primero, cuando perdió los derechos de Marvel en favor de Panini, segundo cuando los que le “levantaron” fueron los de DCha ido labrándose en estos últimos años un renovado camino marcado por la preeminencia del universo ‘Star Wars’ y de ciertas franquicias de manga que siguen funcionando contra viento y marea, amén de tirarle los tejos a puntos diversos de la producción de Dark Horse e Image y, por supuesto, de ofrecernos de cuando en cuando una delicia como la que hoy ocupa nuestro tiempo.

De exquisita factura —un álbum cartoné con sobrecubierta calada en portada para descubrir la ilustración que adorna el volumen— ‘Allí donde van las hormigas’ supone, en lo personal, el reencuentro con un dibujante al que no le leía nada desde hacía la friolera de ¡¡¡15 años!!!, los que han transcurrido entre este entrañable cuento en la mejor tradición de algunos de los relatos de ‘Las mil y una noches’ y la adaptación que el recientemente fallecido Michel Plessix —el artista murió el pasado mes de agosto a los 57 años— llevó a cabo del clásico de Kenneth Grahame, ‘Viento en los sauces’, un volumen que vio la luz en nuestra tierra —con muchas faltas de ortografía, por cierto— allá por 2003 de la mano de DCOM, una editorial de esas de las que “nunca más se supo”.

Si algo me empujó en aquella lejana ocasión a hacerme con un tebeo que sigo conservando a pesar de las muchas cribas a las que he sometido a mi tebeoteca en los últimos años, fue el precioso dibujo, de clara influencia animada, con el que Plessix adornaba el inmortal clásico de la literatura inglesa infantil, cuajando unas páginas de una belleza sin par llenas de personajes bajo cuyo carisma era imposible no caer rendidos. Intactas, estas cualidades se trasladan acaso potenciadas por ese lápiz directo carente de cualquier tratamiento cromático en el que se despliega ‘Allí donde van las hormigas’, una fabulación que firma Frank Le Gall a los guiones y que nos presenta a Said, un niño curioso e inquieto que, un buen día, se va con su abuelo a mitad del desierto a cuidar del rebaño de cabras que éste posee.

Abandonado a su suerte ante tal empresa, Said entablará amistad con Zakia, una cabra parlante con la que se embarcará en una aventura en la que una fila de hormigas y una misteriosa niña le servirán de guías a lo largo de un camino incierto pero lleno de pequeñas lecciones. Planteadas por Le Gall con suma sencillez y sibilino doble sentido, dichas lecciones sirven, y sirven maravillosamente bien, al dual propósito de saber acercarse a los lectores de la misma edad que Said al tiempo que, de manera irremisible, se aferra a los corazones de los adultos que tengan la fortuna de acercarse a él. Una fortuna que se convierte en dicha extrema gracias al tierno y muy trabajado dibujo de Plessix y que hace de ‘Allí donde van las hormigas’ un volumen presto a engalanar cualquier colección que se precie.

Allí donde van las hormigas

  • Autores: Frank Le Gall & Michel Plessix
  • Editorial: Planeta Cómic
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 72 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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