‘Venom’, tóxico

En los cómics Eddie Brock era un malote con carisma; en la película, un pringado sin él. ¿En serio voy a empezar por ahí? Sí, en serio. A fin de cuentas, ese es el primer detalle de entre muchos en el que cabe fijarse cuando uno trata de superar como puede los 40 minutos…¡¡40 minutos!!, sobre los que se prolonga el primer e interminable acto inicial de ‘Venom’ (id, Ruben Fleischer, 2018). Un primer tramo que ya deja bien claro dónde residen algunos —que no todos, por desgracia— de los muchos problemas que arrastra este spin-off sobre uno de los más famosos antagonistas del hombre araña. Uno que ya había aparecido en la infame tercera entrega de la trilogía de Sam Raimi y que, vuelve a moverse por territorios igual de olvidables que los que pudimos ver entonces…por más que pudiera parecer imposible.

Como digo, en este tramo inicial se deja ver, y de manera ostensiblemente dolorosa, que los guionistas andan cortos en lo que a definición de personajes se refiere —mejor no hablo de los diálogos….mejor no—, y la parquedad que acusan todos llega a rayar en lo insultante cuando hemos de atender al “villano” encarnado por Riz Ahmed o a esa chica “florero venido a más” a la que da vida Michelle Williams. Y cuando digo todos, digo TODOS, no os creáis que porque es la estrella de la función, el Eddie Brock de Tom Hardy se salva de la quema: por momentos hiperactuado, el artista que encarnó a Bane no logra hacer creíble a ese giro hacia lo simpático que se le pretende dar al personaje, como tampoco consigue levantar los insistentes momentos de humor de andar por casa que se meten con calzador en el transcurso de la acción.

Y esa, sin duda, es otra falla fundamental del guión, el pretender maridar tantos frentes que, en última instancia, lo que se genera es un monstruo de Frankenstein que no funciona en ninguno: como drama, ‘Venom’ va disparando sin ningún tipo de fortuna a arquetípicas dianas desarropadas de toda intención innovadora —la relación entre Hardy y Williams es tan risible como la inexistente química entre los actores—. Como cinta de ciencia-ficción, su eficacia es, a lo sumo, moderada con tendencia a la baja; aunque no de forma tan acusada a como llega a serlo en una vertiente de terror que, de haberse explorado con mayor intensidad, habría dado frutos bien distintos a los que podemos contemplar. Y, lo decía más arriba, queriendo hacer gala del mismo humor contra el que tanto han arremetido los detractores de Marvel, ‘Venom’ pisa sobre terrenos cenagosos al introducirlo a empellones sin que importe en exceso el que funcione o no.

Pero, cuidado, que no terminan ahí los problemas de una cinta que cuenta con un horror de score compuesto por Ludwig Göransson, responsable de las mismas lides en ‘Black Panther’ (id, Ryan Coogler, 2018) —una composición la de ‘Venom’ que aislada es insoportable y en el filme no es más que ruido que, de cuando en cuando, se superpone a las imágenes sin generar ningún tipo de sensaciones—; que tras ese letánico inicio del que hablábamos al comienzo, adolece de un ritmo capaz de interesar o de un devenir que no se pueda leer a leguas de distancia; y que, para rubricarlo todo, atesora una dirección que se hunde en la miseria en unas secuencias de acción tan despersonalizadas como confusas, costando sangre, sudor y lágrimas poder entender lo que diantres está pasando en todo el clímax de la acción.

En fin que, parafraseando lo que dice nuestro amigo Paco Fox al referirse a la citada ‘Black Panther’, ‘Venom’ sólo comienza a interesarme a partir de la segunda escena post-créditos —la primera, considerando el probable batacazo de taquilla que se va a dar el filme, se queda como mera antesala de lo que podría ser una segunda parte—, una escena que nos acerca al filme de animación de Spider-man que Sony estrenará estas Navidades y que vuelve a dejar claro, si ya no lo han hecho con suficiente ahínco los dos avances que la productora ha aireado ya, que ‘Spider-Man: Un nuevo universo’ (‘Spider-Man: Into the Spider-Verse’, Bob Persichetti, Peter Ramsey, 2018) apunta maneras muy, pero que muy atractivas, para convertirse en una de las sorpresas con mayúsculas de este año.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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