‘Spider-Man: Lejos de casa’, justo lo que necesitábamos

Debido a ello, y bajo la condición de que, por mucho que el final de la fase 3 llegará de facto con ‘Spider-man: Far from home’ (id, Jon Watts, 2919), ‘Endgame’ es punto y a parte, la sensación que prima cuando terminan los créditos —bellísimo el gesto hacia el sexteto original— es la de una «tristeza bonita», esa que te acompaña cuando sabes que acabas de pasar página sobre un capítulo importante de tu vida que, de alguna manera, no volverá a repetirse pero que, al tiempo, ha llenado de dicha tu corazón.

Crítíca de ‘Vengadores: Endgame’

No hace falta reiterarlo mucho más, ‘Vengadores: Endgame’ (‘id, Joe y Anthony Russo, 2019) suponía, hace tan sólo tres meses, un auténtico mazazo emocional para los que apostábamos fuerte por dejarnos llevar de la mano del superlativo viaje que planteaban los hermanos Russo para cerrar 11 años de historia del cine. Y no creáis que la distancia, o las otras dos veces que acudí al cine a verla de nuevo, jugaban en favor de disminuir en alguna forma sus efectos. Antes bien, si algo ponían de relieve esas dos revisiones —una a los cuatro días, otra a las dos semanas del estreno acompañado, una vez más, por mi pequeña— era que la fuerza con la que la cinta había impactado inicialmente, no sólo se mantenía incólume sino que aumentaba si cabe generando a lo largo de sus tres horas un sentido de la anticipación por lo que iba a venir y de maravilla por lo que desfilaba ante nuestros ojos que, entre otras cosas, era muestra clara de la magia del cine.

Antes de continuar debo advertiros que, aunque me gustaría evitarlo, para poder hablar a placer sobre ‘Spider-man: Lejos de casa’ habré de incurrir en escandalosos destripes a cada cuál más bestia. Así que, si no habéis visto el filme aún, posponed la lectura de esta entrada hasta que hayáis gozado 129 minutos que sirven a Marvel para completar los 3000 primeros que los estudios nos han ofrecido de su Universo Cinematográfico. Advertidos quedáis, ¿eh?

Impactados pues por lo que ‘Endgame’ ofrecía, la maniobra de Marvel de cerrar la Fase 3 centrando su atención en Peter Parker ya se antojaba como la más idónea mucho antes incluso de poder asistir al espectáculo de dos horas que la compañía —y Sony— nos tenían reservado. Toda vez dado cuenta de éste, ese antojo se convierte en una categórica realidad ya que, aunque el discurrir de la acción no deje de recordarnos que estamos en un mundo sin Tony Stark, ya sea de forma directa por boca de los actores como indirecta por la constante presencia de iconografía acerca de Iron Man que plaga todas las localizaciones a las que se mueve la historia, no es la melancolía lo que mueve una película presa de un ritmo brutal que apuesta por el humor bien entendido y que, más todavía que su anterior encarnación, juega a ser una comedia romántica de adolescentes.

Ese tono, que recae en Peter y MJ —espléndida Zendaya— y en menor medida en Ned y Betty Brant —hilarantes ambos—, viene a unirse a lo que considero el mayor hallazgo de todo el metraje: Mysterio. Y a la hora de referirnos al villano que interpreta un soberbio Jake Gyllenhaal que derrocha carisma por los cuatro costados, es inevitable aplaudir hasta decir basta la inteligente forma en la que Marvel ha jugado con nuestras expectativas y nuestros conocimientos —sobre todo los derivados de cierta obra maestra de la animación— para hacernos creer, a través de los trailers, no sólo que el personaje era un héroe, sino que venía de una Tierra alternativa: arropados en la misma personalidad de magos de la ilusión y la percepción que el personaje creado por Stan Lee y Steve Ditko siempre ha portado como seña de identidad desde que irrumpiera en la cabecera del trepamuros allá por 1964, los responsables de la producción y la campaña de marketing han sabido jugar sus cartas para que, hasta que la proyección lo decide y revela su mano, nos creamos a pie juntillas que Quentin Beck es un hombre honesto y recto movido por el altruismo y la defensa de los que lo necesitan que viene de otro punto del multiverso. ¡MENTIRA COCHINA!…¡y cómo nos la hemos tragado!

Dejando esta genial maniobra a un lado, lo realmente importante en torno a Mysterio es lo soberbio del cómo han actualizado a una de las némesis más juguetonas del trepamuros —y de Daredevil, no olvidemos su participación en el arco argumental con el que Kevin Smith y Joe Quesada inauguraban la línea Marvel Knights hace dos décadas— para que tenga sentido en un mundo actual: ya no estamos hablando de un resentido mago de los efectos especiales, sino de un personaje cuyas raíces se hunden y justifican en momentos ya vistos del UMC y que, en cierto modo, hacen de Beck más antihéroe que un malo de verdad: a ver, la cosa no llega al nivel de Thanos o, por no irnos al titán, al del Buitre al que daba vida Michael Keaton en ‘Homecoming’, pero no resulta difícil ponerse en la piel del científico que, ante todo, quiere vengarse de la afrenta cometida hacia él por el burlón ego de Tony Stark.

A esa excelente dimensión que se le da al personaje hay que añadirles las dos secuencias en las que, ya descubierto como la némesis de Peter, Mysterio hace uso de sus habilidades para reconfigurar la realidad, dos escenas que son todo un dechado de virtudes, que demuestran un proceso de inusitada maduración por parte de las formas narrativas de Watts y que cogen al espectador tan por sorpresa como a nuestro amistoso vecino en la lona de proyección. Unidas a un metraje que, como decía, no para en ningún momento —si algo le achacaría a la cinta es lo extraño y aturrullado de su ritmo en el primer tercio— espero que no os hayáis creído que iba a dar cierre a esta entrada sin hablar de Tom Holland, porque os estaríais equivocando de lado a lado.

Con franqueza: si Marvel quisiera y él estuviera dispuesto, por mi como si Holland tiene que interpretar a Spiderman veinte veces más en la gran pantalla. Iría a apoyarlas de manera incondicional y, probablemente, en ese futuro dentro de ¿20 años? seguiría pensando que el actor es el MEJOR trepamuros que hemos podido ver en el cine. Una apreciación que se basa, no en su físico y lo bien que le queda el traje rojo y azul, sino, obviamente, en que en el momento en que se quita la máscara, Holland nos convence con total sinceridad de una verdad que nos parece incuestionable: que de todos cuantos ha habido, él es el mejor Peter Parker. ¡Y digo si lo es!: sus inseguridades para con MJ, la tristeza que inunda su mirada cuando recuerda a Tony o, en términos más generales, la franqueza que exuda su rostro y la instantánea simpatía que genera resultan argumentos de lo más taxativos para querer hablar como lo hemos hecho.

Poniendo a guinda al sabroso pastel que es ‘Spider-man: Lejos de casa’ un Michael Giacchino mucho más inspirado que en la primera vuelta —la construcción del material temático del score del compositor está muy bien y mejor trabajada que en su primer acercamiento al universo del hombre araña—, las infinitas posibilidades que abren ambas escenas post-créditos, el golpe de efecto que es la aparición de cierto personaje J.K.Simmons en la primera de ellas y la incógnita con la que juega la segunda, no sirven, no obstante, para despejar dudas acerca de cuáles serán los dos estrenos que Marvel tiene previstos para el próximo 2020. Habrá que seguir esperando hasta que decidan revelar una información que nos tiene mordisqueándonos las uñas y que, probablemente, levantará un revuelo en la red de esos que uno agradece encontrarse por las mañanas temprano cuando entra en Twitter. Hasta entonces…EXCELSIOR!!!!

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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