‘Liga de la Justicia’, una vez más…la mediocridad

300 millones de dólares. Dos directores. Dos visiones completamente diferentes de lo que es una cinta de superhéroes. Uno que deja la película a medio terminar por trágicos motivos personales. Otro que es contratado para solucionar los muchos problemas que supuestamente acarrea la producción y que dispara el ya considerable elevado presupuesto de ésta con unos reshoots llamados, no cabía duda, a convertir a ‘Liga de la Justicia’ (‘Justice League’, Zack Snyder, 2017) en un potencial monstruo de Frankenstein cosido a base de retales inconexos que dejaran ver sin disimulo, no ya las notables diferencias entre Snyder y Joss Whedon, sino las potenciales vergüenzas del guión, ese sustrato al que hasta ahora se le ha dado poca o nula relevancia en los cuatro títulos que conforman el Universo DC cinematográfico.

Nada me hubiera gustado más —porque, joder, son personajes con los que he crecido y estoy harto de verlos maltratados en el cine— que poder afirmar ahora que toda impresión previa y todas las críticas leídas antes del pasado viernes estaban completamente equivocadas y que, por fin, DC había conseguido encarrilar de pleno una trayectoria que no logra encontrar la grandeza que detentara la trilogía de Christopher Nolan. Pero, ay, es imposible hacerlo y no tengo más remedio que claudicar ante la lamentable evidencia: ‘Liga de la Justicia’, con sus instantes afortunados —pocos, pero afortunados a fin de cuentas— es, paradójicamente, un pequeño paso atrás si a lo que hemos de atenernos es a algo que, al menos hasta el momento caracterizaba de forma incuestionable a las propuestas de Snyder; su fuerte personalidad.

No sabemos qué hacer…¡imitemos a Marvel!

Es muy evidente que la tácita y cordial competitividad que siempre ha existido entre DC y Marvel es una que, con el salto de ambos universos al cine, se ha mantenido e incluso visto aumentada cuando las cabezas pensantes de la primera han contemplado con horror como el modelo de la Casa de las Ideas funciona a la perfección tanto en acogida crítica como en taquilla mientras que el suyo se estrella con los primeros y no arrasa en la segunda. Así las cosas, y sabiendo que uno de los motivos comunes de desencuentro entre los aficionados y las películas de DC era la gravedad que habían comportado tanto ‘El hombre de acero’ (‘Man of Steel’, Zack Snyder, 2013) como ‘Batman v Superman: El amanecer de la justicia’ (‘Batman v Superman: Dawn of Justice’, Zack Snyder, 2016), era tan sólo cuestión de tiempo que la casa de Superman, Batman y Wonder Woman comenzara a virar hacia terrenos más relajados si quería acceder a similares recaudaciones que las producciones protagonizadas por los héroes de la competencia.

La muy irregular ‘Escuadrón Suicida’ (‘Suicide Squad’, David Ayers, 2016) y la anodina ‘Wonder Woman’ (id, Patty Jenkins, 2017) no habían hecho sino insistir en dicha percepción, pero ninguna de ellas podía prepararnos para el salto que se da en ‘Liga de la Justicia’ en este terreno, apostando el libreto de Chris Terrio y Zack Snyder —y, por supuesto, las muchas reescrituras que del mismo han efectuado el primero y Whedon— por virar de forma brusca, rebajar de forma considerable el tono y hacer que el humor sea parte inherente de la propuesta. ¿Problema? Que no funciona: metido con calzador de mano de ese pretendido y no conseguido alivio cómico que es Flash, y de manera más comedida entre los chascarrillos que se cruza Aquaman con Wonder Woman o Batman, hay algo que ni cuadra ni cuaja cuando ‘Liga de la Justicia’ intenta ser graciosa.

No ayuda a que la percepción sobre esta faceta del filme recaiga de forma mayoritaria en dos de los tres nuevos personajes que aquí se nos presentan, y que, para mayor infortunio de los intentos de Whedon, éstos dos sean tremendamente unidimensionales y esquemáticos, algo que ni el carisma natural de Ezra Miller ni la contundente presencia de Jason Momoa son capaces de equilibrar. Y, cuidado, que si de unidimensionalidad hemos de hablar, ahí están tanto un Cyborg que hace que nos volvamos a plantear —y ahora con argumentos de peso— la viabilidad de su cinta en solitario, y ese villano acartonado que es Steppenwolf, metido con calzador a empellones y que nos deja con la duda de por qué diantres no se echo mano de Darkseid para este filme cuando hubiera sido la decisión más obvia: en su lugar, tenemos aquí a un gigantón cuyo protagonismo real es nulo —¡quiero mis cajas, dádmelas ya!, parece berrear cada vez que aparece— y que sólo parece estar puesto ahí para justificar el regreso de cierto superhombre.

La épica a empellones no es épica

LLevando la “imitación” de fórmulas del Universo Marvel hasta límites que podría ser calificados de burda copia —atención a lo mucho que recuerda todo el clímax al de ‘Vengadores: la era de Ultrón’ (‘Avengers: Age of Ultron’, Joss Whedon, 2015)— si hay algo que falla, y lo hace de manera estrepitosa, en ‘Liga de la Justicia’ eso es la alarmante ausencia de emoción y épica en el transcurso del relato. Con la única excepción de la aparición de la primera en el reencuentro de dos personajes, el filme queda herido de gravedad cuando todo lo que acaece lo va haciendo de manera casual, casi como por azar, sin que nada de lo que vemos quede revestido de trascendencia alguna.

Apoyada dicha sensación por lo insustancial de unos diálogos llenos de frases lapidarias sin entidad —unos “one-liners” que, en algunos casos, son risibles en grado máximo— y por la teatralidad que arropa a no pocos momentos del metraje, decía antes que, paradójicamente —y la paradoja está en lo poco que este redactor aprecia sus dos incursiones en el Universo DC—, la escasa huella de Snyder, que sólo se deja sentir al comienzo del filme —por cierto, ¿a qué viene ese estúpido prólogo?— desaparece sin más al tiempo que éste se va volviendo cada vez más y más genérico, entrelazando secuencias de acción y muchos efectos digitales de desigual calidad con las pocas destinadas a ahondar en los personajes.

Mezcla desafortunadamente ejecutada, no sólo echamos de menos a Snyder —una cosa es que no hicieran gracia las historias que se contaban y otra muy diferente cómo las contaba Snyder ya que si hay algo que no se le puede negar al cineasta es la potencia de su estilo—, sino también, por ejemplo, a Hans Zimmer, ya que el subrayado del conjunto que realiza Danny Elfman no hace sino reforzar la sensación de engendro cosido de diferentes procedencias que dimana de ‘Liga de la Justicia’: citando a los motivos de Superman de Zimmer y Williams, al de Wonder Woman compuesto por el teutón y al suyo propio para el ‘Batman’ (id, 1990) de Tim Burton, la partitura de Elfman sólo brilla con personalidad propia en el enérgico tema dedicado a los héroes, careciendo de empaque para evitar terminar convirtiéndose en una ligera molestia en según qué escena nos encontremos.

Si tuviera que dar con un único calificativo para cerrar estas breves reflexiones sobre ‘Liga de la Justicia’ —¿por qué no ‘La Liga de la Justicia? ¿qué ha pasado con el determinante?— ese sería el de “anodina”. Habría otros como “insustancial” o “despersonalizada”, pero creo que el hecho de que la cinta nos dé igual, no emocione y te deje con la sensación de haber malgastado dos horas que podrías haber dedicado a otra cosa, es la que mejor queda matizada con el epíteto elegido. La pregunta obvia ahora es, ¿cuál será el siguiente paso de DC? Con sólo una película en 2018 —la dedicada a Aquaman— y dos en 2019 —la de Shazam y la segunda parte de las aventuras de la amazona—, no parece que el plan de la compañía vaya a dar fértiles frutos antes del cambio de década. Con Marvel optando por la opción contraria y apostando fuerte con siete y seis producciones en 2018 y 2019 respectivamente —no todas de Disney, pero con personajes Marvel a fin de cuentas— parece obvio que, mientras que en la página impresa es DC la que hoy por hoy está ofreciendo su mejor versión, en la gran pantalla nos tendremos que seguir conformando con migajas que, huelga decir, no sirven para saciar nuestra hambre.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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