‘La Montaña Mágica’, la magia de Taniguchi

La Montaña MágicaApostar por Jiro Taniguchi es apostar por lo seguro. Historias como ‘El Almanaque de mi Padre’ o esta misma, ‘La Montaña Mágica’, son pequeños remansos de paz para cualquier lector, quien encuentra un descanso interior durante y después de la lectura de las obras de Taniguchi.

‘La Montaña Mágica’ es de nuevo un pequeño ataque al pasado, un fugaz asomo a la infancia para presentar una historia fantasiosa en gran parte pero lo cual no resta ni un ápice de validez al mensaje final, la moraleja que desea transmitir a cualquiera que pase las páginas de esta pequeña gran obra.

En ‘La Montaña Mágica’ Taniguchi vuelve a situar la acción en su ciudad natal, Tottori, aunque en esta ocasión no es para rendirle un sonoro homenaje como hizo con ‘El Almanaque de mi Padre’, sino para convertirla en el mudo marco que alberga la historia de su protagonista, Kenich¡, un niño de once años, huérfano de padre y que debe afrontar la enfermedad de su madre, la cual obliga a esta a ser tratada en la ciudad de Osaka, lejos de Kenichi y su hermana pequeña Sakiko.

Kenichi intenta afrontar la terrible posibilidad de perder a su madre de la mejor manera posible, e intenta que sea el olvido y las distracciones más simples las que le mantengan la mente ocupada y no acabar buceando entre tristes recuerdos de un pasado mejor. Pero todo cambiará, y es aquí cuando entra el factor fantasioso, el día que Kenichi entre en el escueto museo de ciencias naturales del pueblo y encuentre a una peculiar salamandra, con la que puede comunicarse.

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