‘Spriggan 5 & 6’, a vueltas con el dibujo

A falta de dos volúmenes para que Panini cierre esta espléndida edición kanzenban de ‘Spriggan‘ —instante que aprovecharemos para, cerrando nuestras diversas aproximaciones a la misma, daros una semblanza final de la cabecera— hora es ya de, al margen de aportar alguna pincelada con respecto a lo que estos tomos 5 y 6 dan de sí en cuanto a historia —y dan bastante, os lo podemos asegurar—, valorar la otra parte más importante de cualquier tebeo que se precie, su dibujo. Y el primer término que se nos viene a la cabeza a la hora de tener que dar nuestra opinión sobre el trabajo de Ryōji Minagawa es un oxímoron: regularidad irregular. Lo sabemos, sabemos que es una forma un tanto peculiar de convencer a cualquiera que este leyendo estas líneas que ‘Spriggan’, como ya dijimos en alguna reseña anterior, es uno de esos shonen que hay que tener, un título que no debería faltar en ninguna «mangateca»…así que, dejad que elaboremos un poco tan antitéticos términos.

Minagawa es un narrador consumado desde el principio de la colección, y sus secuencias de acción están tan planificadas y bien ejecutadas que uno nunca tiene esa desagradable sensación de pérdida que cabría achacársele a muchos —seamos francos, a incontables— títulos venidos del país del sol naciente. Pero esa habilidad, inmutable a lo largo de las páginas que la serie ya acumula a estas alturas —cerca de 2.000— contrasta con una definición de personajes que, ora es brillante, ora tiende a exagerar las figuras, deformando sus proporciones en la dirección del eje vertical y haciendo que esa regularidad que detenta en cómo se ejecuta la acción sea algo irregular en quiénes la protagonizan. Así que, sí, regularidad irregular que, cuidado, no mancilla en absoluto una sensación general de estar ante un manga muy, pero que muy bien dibujado —vale, si nos centramos en el shonen, no llega a la altura de Akira Toriyama pero…¿quién demonios está a la altura de Toriyama?.

Así pues, con una componente visual que se hace grande —enorme—, no sólo en las constantes secuencias de acción que trufan la serie sino en el esmero con el que Minagawa se acerca a diseños de maquinaria y escenarios —aunque eso no signifique que las temidas viñetas de fondo blanco brillen por su ausencia—, lo que nos ofrecen estos dos volúmenes continua en la misma línea que los anteriores: arcos argumentales aislados en los que los protagonistas se enfrentan a un mal dispuesto a acabar con la civilización tal y como la conocemos y que, perfectamente imbricado con el espíritu de todo buen shonen, siempre va a más de arco en arco. Aquí, por ejemplo, tendremos a un Hitler resucitado, a cierta copa sagrada y hasta a un mecanismo capaz de arrasar con la vida en todo el planeta. Y, para pararlos, de una manera u otra, siempre están Yu Ominae y sus compañeros de aventuras, que aquí suman a una metomentodo que sirve, a ratos, como alivio cómico, otra cualidad eternamente presente en cualquier shonen que se precie. Y, este, lo decimos una vez más, LO ES.

Spriggan 5 & 6

  • Autores: Ryōji Minagawa e Hiroshi Takashige
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: 2 vols. rústica con sobrecubierta
  • Páginas: 312 páginas c/u
  • Precio: 12,95 euros c/u
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Spriggan 6
  • Hiroshi Takashige, Ryōji Minagawa (Author)

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