‘Planetes’, compendio de humanidad

Sólo hay que echar un vistazo a las muchas reseñas que en Fancueva subimos al cabo del año —y, aunque no llevo la cuenta, tengo la sensación de que este 2020, aciago en tantos sentidos, nos ha servido a Mario y a mí para batir récord de publicaciones— para constatar que el manga no es algo que nos mueva en exceso ni a mi compañero ni a mí. Sí, algo leemos y ahí están las entradas de la edición kanzenban de ‘20th Century Boys‘ para constatarlo por mi parte o aquellas que, de cuando en cuando, dedica Mario al malrollismo de Junji Ito o de Shintaro Kago. Pero, a la hora de establecer rangos comparativos, es evidente que las propuestas venidas del sol naciente no son las que más calan en esta afición nuestra, algo que queda puesto aún más de manifiesto cuando uno revisa las estanterías de mi tebeoteca y se da cuenta que el tebeo nipón sólo supone, a lo sumo, un 10% de mi bien nutrida colección.

Sirva el párrafo anterior para dejar claro que la siguiente afirmación no viene dada, obviamente, por una filia desaforada por los modos y maneras japoneses, sino porque es algo que, después de varios días madurándolo, creo sin atisbo alguno de duda: ‘Planetes‘ de Makoto Yukimura no es sólo uno de los mejores mangas que he leído a lo largo de los últimos 30 años sino que se alza, INDISCUTIBLE, como una de las mejores lecturas —sino la mejor— que servidor ha podido hacer a lo largo de este año que va tocando, por fin, a su extinción. Es más, creo que, de cara a los Premios Fancueva que serán otorgados, como es habitual, el 31 de diciembre, vamos a tener que reinventar nuestras inexistentes bases para dar cabida a un volumen MAGISTRAL que me ha cogido completamente por sorpresa.

Pero antes de entrar a diseccionar sus 1032 páginas, creo que es completamente obligatorio alabar sin cesar la fantástica edición que Panini se ha sacado de la manga: previamente publicada en cuatro volúmenes allá por 2005, el grueso volumen que alberga la totalidad de la obra de Yukimura podía perfectamente haber sido uno de esos que hubiera dado carnaza a los coleccionistas más exquisitos para criticar lo mucho que se estropeaba su canto al abrirlo para leerlo o lo que, debido a una mala encuadernación, se perdía en el encuentro de las páginas —eso que se conoce en el mundo yanqui como «gutter loss»—. Pero si hay carnaza aquí para alimentar comentarios, es porque la editorial se ha cubierto de gloria al entregarnos un volumen impecable en tapa dura con las páginas cosidas y un lomo completamente recto que permite tener al tebeo apoyado en horizontal sin que sufra lo más mínimo o sostenerlo en las manos—es muy ligero considerando el número de páginas— sin miedo a que aparezcan las estrías que, en otro tipo de edición hubieran sido ineludibles. Pareciera que, sabiendo lo que van a contener sus pastas, Panini hubiera echado el resto en engalanar nuestras estanterías con un objeto de perfecta manufactura en un claro gesto que sumar a la grandeza que albergan unas páginas incomensurables.

Aunque su nombre podría inducir a pensar que ‘Planetes’ es un manga de ciencia-ficción en el que se nos narra la conquista de diversos mundos —que algo de eso hay, cuidado—, lo que plantea aquí Yukimura, primero a través de la terna inicial de personajes y, después, con todas las geniales adiciones que va haciendo a un plantel de «actores» complejo como la vida misma, es un estudio asombroso, maravilloso y de un calado insondable de nuestra existencia e idiosincrasia. Y para ello, nada mejor que echar mano de un futuro no muy lejano —la acción arranca en 2068— en el que la humanidad ha conseguido establecer ya una colonia en Marte, circula por el espacio entre la Tierra y la Luna con total normalidad, ha comenzado a explotar los recursos naturales de nuestro satélite y se dispone a dar el siguiente salto en la exploración del Sistema Solar llegando a Júpiter.

En esta carrera que tiene, por supuesto, sus apoyos y sus contrincantes, Yukimura presenta a Hachimaki, Yuri y Fee, tres astronautas encargados de llevar a cabo la tediosa —y muy peligrosa— tarea de recoger escombros espaciales en órbitas próximas a nuestro planeta. Cada uno de ellos arrastra sus muchas cuitas personales y con una determinación que sólo puede ser admirada, Yukimura se dispone a ir dando precisa cuenta de ellas a lo largo de 26 capítulos que NO TIENEN DESPERDICIO: ya sea centrándose en esa madre a tiempo parcial que por su trabajo es Fee; en la tragedia que envolvió el matrimonio de Yuri o, con más insistencia que en estos dos, en la búsqueda existencial de esa felicidad que muchas veces nos elude a todos en algún momento de nuestras vidas y que el japonés de la tripulación pretende alcanzar mediante la realización de un sueño casi imposible sin darse cuenta de que la tiene a pocos metros de distancia.

La extrema y muy asombrosa variedad que establece Yukimura con cada salto de capítulo parece responder a una voluntad de múltiples facetas que, nunca reflejo de una ambición desmedida, todo lo contrario, bajo cierto hálito de humildad, hacen de la cercanía; el necesario y siempre refrescante humor; la tridimensionalidad de todos y cada uno de los personajes que aparecen en las páginas —incluso ese Barón, un curioso experimento por parte del artista, suscita no pocas simpatías—; un HIPERREALISMO maravilloso a la hora de manejar conceptos tecnológicos y científicos y un manejo soberbio de las emociones y sentimientos que sus pequeñas píldoras generan en el lector, mimbres perfectos para, de manera directa o indirecta, plantear en sus veintiséis etapas relatos que muevan a la reflexión y que nos planteen preguntas de esas que la humanidad lleva siglos haciéndose a sí misma.

Preguntadas desde la perspectiva que da el vacío del espacio, dichas cuestiones encuentran acomodo en unas páginas que dejan corto el epíteto VIRTUOSAS: sí, es un manga y, de cuando en cuando, encontramos los típicos recursos de esta forma de entender el arte secuencial —sobre todo cuando se recurre al humor y el estilo gráfico se vuelve mucho más desenfadado— pero, dejando de lado éstas, lo que nos encontramos en Yukimura es un narrador consumado que no parece conocer límites en el diseño de artefactos, naves espaciales, bases, estaciones orbitales y todas las diversas localizaciones que va recorriendo su creación. Unido a ello, un diseño de personajes inequívoco y una escrupulosa limpieza y claridad en la concreción de la narrativa terminan de sumar los pocos enteros que restan a ‘Planetes’ para convertirla en una OBRA MAESTRA del medio e, insisto, uno de los mejores mangas que servidor ha tenido el placer de disfrutar desde que, en 1992, cayera en mis manos el primer número de ‘Dragonball’.

Planetes

  • Autores: Makoto Yukimura
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 1032 páginas
  • Precio: 45 euros

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