‘Grand Dolls’, visionaria

Abusado el término por tanto «artistazo» con limitado talento que, por haber dado una campanada, se arropan en seguida del calificativo «visionario» para así adoptar una impostada relevancia que, normalmente, suele terminar cayéndose por su propio y liviano peso, no creo que usar dicho epíteto para referirnos al Kamisama No Manga sea ni atrevido ni muchísimo menos azaroso. A fin de cuentas, la vastísima producción de Osamu Tezuka, su innovadora, atrevida y ecléctica mirada hacia el mundo del arte secuencial nipón y las muchas e incontables obras que produjo a lo largo de su dilatada trayectoria, corroborando una y otra vez que su talento para hilvanar historias era, como poco, preternatural. Algo que resulta obvio si uno se asoma a los títulos más granados de su tebeografía —’Fénix‘, ‘Adolf‘, ‘Astro Boy‘…— pero que deviene en una admiración aún mayor cuando nos topamos con obras inéditas como esta ‘Grand Dolls‘ y hayamos en ella motivos renovados para seguir profesando nuestra confesión hacia un «Dios» que, entre otros muchos milagros, y como muchas otras veces, bajo la máscara de la sencillez, la casualidad y la gracieta simplona, no podía evitar ser un auténtico anticipador de realidades futuras.

A ver, aclaremos, no es que la premisa de partida que aquí nos plantea Tezuka, y que pasa por el hallazgo de unos extraños muñecos que, al ser tocados con una varita especial, toman forma humana y forman parte de un plan de una inteligencia extraterrestre para controlar a nuestro mundo, haya llegado a hacerse realidad. No. No van por ahí los tiros. Hay que bucear bajo la pátina de ciencia-ficción que envuelve a ‘Grand Dolls’ para encontrar, subyacente a ella, una honda reflexión por parte del maestro acerca de mensajes como la indoblegable e indomable condición humana y, en esos términos de anticipación que comentábamos antes, acerca de formas de control que, en cierto sentido, se parecen demasiado a lo que hoy por hoy vivimos de mano de esa forma última de medio de comunicación de masas que son las redes sociales.

Narrado con su habitual y más que característico estilo, ese que llevó a tales cotas de perfección que, por ende, resultaba de todo punto inimitable —y, cuando era imitado, se notaba a la legua—, la afabilidad del trazo de Tezuka, lo «blandito» del diseño de sus personajes y esa personalidad animada que siempre desprendían sus planchas choca aquí, como lo hace en tantos y tantos puntos de su tebeografía, con las anguladas y puntiagudas esquinas del alma humana. Y en ese choque, siempre cargado de una ambivalencia considerable que se movía entre inocencia y conocimiento, es donde ‘Grand Dolls’ consigue, como otras tantas obras del nipón, conquistarnos de principio a fin. Todo un logro que continua hablando, tras tantas miles y miles de páginas, del alcance de un genio inalcanzable, de la maestría de un maestro que todo lo pudo y de lo inmortal de un genio que, aún con obras «menores» como esta, tocaba cotas sólo reservadas a unos pocos elegidos.

Grand Dolls

  • Autores: Osamu Tezuka
  • Editorial: Planeta Cómic
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 240 páginas
  • Precio:15,95 euros

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