‘Yo, mentiroso’, las cloacas de la política española

Navegar por las aguas de esta reseña no va a resultar sencillo.

Mi condición política lleva años dejándose acompañar por el prefijo a-. Hijo de dos mundos bien diferentes —una izquierda razonable y moderada por parte de mi madre, una derecha rabiosa por parte de mi padre—, el fuerte rechazo que siempre ha provocado en mí el mundo de la política en nuestro país ha ido moviéndose a lo largo de las décadas desde una tendencia inicial hacia las posiciones de mi abuelo materno, socialista de los de antaño, pasando por una neutralidad pasota y asqueada de lo que observaba hasta llegar a perder la neutralidad y el pasotismo y quedarse en el asco que, como adulto, me provocan —en términos generales, sin mirar a nadie ni a ningún color— los gobernantes de este nuestro país. Supongo que no seré el único que, bien pasados ya los 40, se sienta como yo atendiendo, como hemos tenido que atender, al hallazgo de todo tipo de pufos y corruptelas por parte de unos señores y unas señoras que, una vez con su cuota de poder bajo el brazo, han hecho y deshecho con total impunidad lo que les ha venido en gana. La COVID-19 no ha hecho sino agravar ese sentimiento de total repulsión hacia lo que los partidos se espetan sin vergüenza ni filtros los unos a los otros y, al menos por el momento, y con esa a- de prefijo llevada a mayúscula y negrita, no hay agrupación cuyos argumentos me convenzan lo suficiente para hacerse acreedores de mi voto.

En esa tesitura, pero con un conocimiento y una forma de plasmarlo muchísimo más certero y elocuente de lo que este redactor sería capaz de plantear, Antonio Altarriba cierra junto a Keko la trilogía de ‘Yo, …’ con ‘Yo, mentiroso‘, un análisis de la política de la última década en nuestro país que, cargado de cinismo, mala baba y desnudo de cualquier pretensión de escudarse tras simplones ambages, señala con el dedo a los responsables de algunos de los escándalos, alterando de manera muy sucinta sus nombres para que sigan siendo perfectamente identificables y hincando su mordaz dentada en el sano propósito de no dejar títere sin cabeza. Porque, seamos francos, eso es lo que necesita la política de nuestro país en estos momentos, que se alcen contra ella cuantas más voces, mejor y que los que se sientan en el congreso tengan claro que la definición de democracia representativa no implica, o al menos no debería implicar, hacer lo que les viene en gana, cuando les viene en gana y como les viene en gana.

Aún sabedor de que cualquier realidad supera a la ficción —sobre todo si esa realidad es la de la últimos cuarenta años en España— y de que hubiera bastado con enhebrar con cierto tino cualquiera de los hilos que conforman los interminables tapices de las tramas en las que se han visto implicadas los dos colores políticos principales de esta piel de toro, Altarriba no se conforma con ser un mero cronista más o menos agudo de la realidad y, tirando de ficción, entreteje en los intersticios de la historia «real» una trama de sórdidos asesinatos y un personaje central que, no por arquetípico —es la típica figura que recurre a lo que sea para medrar y que hace pocos ascos a lo que tengan que ofrecerle, venga de la mano que venga dicha oferta— resulta menos acertado y elocuente. Acertado porque al introducirlo, Altarriba nos coloca en la incómoda posición de verlo todo a través, no de la distancia con la que uno se lee las noticias en un periódico, sino de la vida en primera persona de un individuo cualquiera. Elocuente porque, a resultas de dicha decisión, ‘Yo, mentiroso’, adquiere ciertas tonalidades críticas que impulsan aún más a los dardos envenenados que el guionista lanza contra la jerarquía gobernante.

Reconstruyendo de manera ejemplar hechos por todos conocidos y montándolos en una lectura que atrapa desde la primera página y que nunca juega al erróneo juego de la confusión por la confusión —algo que, dada la cantidad de nombres y datos que hay aquí implicados, hubiera sido muy normal y justificable—, la mitad gráfica de ‘Yo, mentiroso’ está tan a la altura de las circunstancias como cabría esperarse a poco que uno hubiera tenido la fortuna de dar cuenta de ‘Yo, asesino‘ o ‘Yo, loco’. Sin apartarse ni un ápice de la suma expresividad de su estilo y de ese superlativo uso del negro que ya le habíamos visto en las dos citadas obras, Keko se mueve del rojo y el amarillo de las dos primeras a un verde que, como en sus predecesoras, choca inicialmente pero termina sintiéndose como parte indispensable de una narración que, compartiendo ese afán por despertarnos a base de hostias acerca del mundo que nos rodea que ya atesoraba ‘Yo, loco’, cierra una trilogía superlativa, sin parangón en el panorama nacional. Una trilogía sobre la que habrá que volver en el futuro cada vez que uno quiera asomarse a alguna de las sombras más espantosas que encerramos los humanos y que merece, sin ningún tipo de inequívocos, nuestro más sonoro ¡BRAVO!

Yo, mentiroso

  • Autores: Antonio Altarriba y Keko
  • Editorial: Norma Editorial
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 164 páginas
  • Precio: 19,90 euros

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