‘Un destino de hallador’, en otra época, en otro París

Hay algo decididamente mágico en cómo Gess construye ‘Un destino de hallador‘ planteando una acción que se posiciona firme en hacer al lector cómplice temprano de cómo van desplegándose los acontecimientos de tal manera que nos sea completamente imposible anticiparnos a ellos. Esto, que ya sabéis que es algo que por aquí siempre nos ha parecido uno de los mayores valores que puede atesorar un relato, marca a fuego el discurrir de las más de doscientas páginas que conforman esta historia en la que un hombre con una habilidad extraordinaria —lanzar una piedra sobre un mapa mientras piensa en alguien y que dicha piedra aterrice donde se encuentra ese alguien— se verá arrastrado a un entramado que, navegando con una facilidad suma entre el presente en el que va avanzando y el pasado que se nos va revelando, nos lleva al París de finales del s.XIX y principios del XX en un trabajo exquisitamente documentado.

Con la vertiente fantástica de la narración complementada con muchos más detalles más allá de la habilidad de Émile, el protagonista —esa furia incontenible de su esposa y la familia de ésta; la criatura que desencadena todo el funesto suceder de acontecimientos…— si hay algo que sobresale por encima de otras disquisiciones es la perfecta sincronía que Gess exprime de la superposición del elemento sobrenatural a la realidad histórica del instante al que nos invita a viajar, preñando las planchas de un realismo irreal que, como decíamos al comienzo, no está exento de eso que podríamos llamar magia. Una magia que encuentra acomodo en muy diversos rincones del volumen publicado por Ponent Mon pero que donde anida de manera más confortable es en la extraordinaria faceta visual del mismo.

De ella, y quizás mucho más que ese trazo que se mueve con suma comodidad entre lo definido y lo insinuado y que aúna influencias de aquí y allá —quizás la que más resuene con las tonalidades fantásticas de la historia sea la de un Mike Mignola primerizo—, es el color un elemento que genera fascinación en este redactor, y aunque eche mano de ese manido recurso que es diferenciar presente de pasado cambiando de tonalidades, el uso preeminente de los ocres para el primero y de los verdes para el segundo suma considerables enteros en la construcción de lo etéreo, evocador y, de nuevo, mágico, de este entramado de misterio, fantasía, intriga y reconstrucción histórica —por mucho que sea un París inventado, hay un halo de veracidad que se superpone, sutil, a todo el conjunto— que es ‘Un destino de hallador’. Llegados a este punto, más allá de lo obvio de recomendaros esta estimulante lectura, recurriremos a otra obviedad para dar cierre a la entrada: el deseo de que Ponent Mon no se demore en exceso en la publicación de la continuación de esta muy apasionante historia a sabiendas de que este no es sino el álbum intermedio de la terna que hasta el momento conforman ‘Los cuentos del Pulpo’. Ansiosos estamos desde ya.

Un destino de hallador

  • Autores: Gess
  • Editorial: Ponent Mon
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 224 páginas
  • Precio: 42 euros

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