‘Spiderman Noir: Crepúsculo en Babilonia’, a lo Indy

Para cualquiera que, como yo, creciera vibrando con las aventuras del arqueólogo más famoso de la historia —de la historia del cine, se entiende—, leer ‘Spiderman Noir: Crepúsculo en Babilonia‘ es un gustazo de la primera a la última página. Y eso es debido a una única razón —bueno, hay otra, pero entraremos en ella después— la férrea voluntad de Margaret Stohl de construir un relato que se aparte, al menos parcialmente, de lo que leíamos de esta versión del trepamuros en las aventuras iniciales firmadas por David Hine, Fabrice Sapolsky y Carmine Di Giandomenico, llevándose a esta, la mejor versión alternativa de Peter Parker, fuera de las lúgubres y plúmbeas calles de la Nueva York de los años 20 para, de la misma manera que Steven Spielberg y George Lucas hacían con las aventuras del hombre del látigo y el Fedora, ampliar las miras a una escala más universal en la que, por supuesto, tienen cabida artefactos de antiguas civilizaciones, muy diversas localizaciones y, cómo no, nazis….vamos, que si no fuera porque la figura central tiene poderes arácnidos, estaríamos perfectamente ante una de esas historias alternativas de Indiana Jones que tanto proliferaron durante los años 90, ya en el cómic, ya, sobre todo, en esa MARAVILLOSA aventura gráfica para ordenador que fue ‘Indiana Jones y las llaves de Atlantis‘.

Bebiendo sobremanera de aquél ya legendario juego que habría sido la perfecta cuarta entrega de la saga del personaje —y no, no me vais a hacer entrar a debatir sobre lo exiguo y paupérrimo del guión de ‘La calavera de cristal’, no señor, no voy a decir nada de esa muy olvidable producción, no…— ‘Crepúsculo en Babilonia‘ lleva a Indy Peter Parker a, como decíamos, salir de la comodidad de su Nueva York natal para empezar a recorrer mundo en pos de descubrir que oscura trama se oculta detrás de un misterioso asesinato en el club Black Cat —el mismo que nos presentaban los creadores de esta versión «negra» del personaje en sus andanzas iniciáticas—. Echando al crisol de lo que aquí podemos encontrar todo tipo de aderezos para hacer de los cinco números de la miniserie una constante montaña rusa, Stohl consigue construir una lectura que ya calificábamos en su momento como una de las mejores miniseries que leíamos en 2020.

Y en ese logro, Stohl no se encuentra sola ya que ahí entra en liza esa segunda razón que apuntaba más arriba y que, a título personal, fue la que me arrastró a leer la propuesta nada más aparecer en mi radar: Juan Ferreyra. El artista cordobés —de la Córdoba argentina, cuidado— es uno de mis dibujantes favoritos desde que lo descubriera en las páginas de la malrollera ‘Colder‘ o, poco después, en las soberbias aventuras de Green Arrow tras el Rebirth de DC o en ‘Gotham by Midnight‘, una miniserie espléndida en la que compartía tareas con Ben Templesmith; y su inconfundible, detallado y espectacular estilo es el envoltorio de lujo que la historia de Stohl necesita para pasar de lo notable a lo sobresaliente: las páginas de Ferreyra vibran con intensidad, y su narrativa, clara, precisa y tremendamente dinámica, aporta considerables enteros para que el lector quede epatado y bien epatado y, por supuesto, con ganas de volver a tirarse de cabeza a este rincón tan recomendable del universo Marvel. ‘Nuff said!!!!!

Spiderman Noir: Crepúsculo en Babilonia

  • Autores: Margaret Stohl y Juan Ferreyra
  • Editorial: Panini Comics
  • Encuadernación: Rústica
  • Páginas: 120 páginas
  • Precio: 13 euros

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