‘Saqueo’, desde las entrañas

Mientras en mi cabeza sigo ordenando las muchas ideas que habré de poner en pie para aproximarme a las valoraciones —a las mayestáticas valoraciones, aclaremos— que os ofreceremos en breve sobre ‘Oleg‘; voy a intentar poner en orden las muchas y muy variadas sensaciones que despierta la otra obra de Frederik Peeters que Astiberri nos ha traído en menos de dos meses, una obra que es una auténtica rareza dentro del corpus tebeístico del autor suizo y que, al mismo tiempo, haciéndose fuerte en lo poco acomodaticio de su personalidad, es el obvio resultado de la constante exploración formal que el artífice de ‘Píldoras azules‘ lleva haciendo desde que lo conocimos hace dos décadas con ese magistral título que, aún hoy, permanece incólume como una de las cumbres más obvias de una tebeografía que conoce muy pocos iguales en el panorama europeo.

Pero para poder hablar de ‘Saqueo‘ hemos de cambiar nuestra habitual vestimenta. Esa que suele aparecer cuando hemos de dictaminar en términos comunes lo que nos ha parecido un tebeo en lo que a guión y dibujo se refiere y que no hace sino obviar la naturaleza estándar del título en cuestión. Y dejémoslo claro antes de que la vorágine de sentencias que se me ocurren sobre este volumen queden aquí recogidas de una manera más o menos coherente —algo tremendamente complicado, lo avanzo ya—: ‘Saqueo’ se aproxima a la definición de estándar lo mismo que un canto rodado al concepto de mamífero. Nada hay en las mudas 92 páginas que conforman este experimento de Peeters que sugiera otra cosa que un intento del artista por liberarse de las ataduras de las convenciones más anquilosantes del medio de cara a ofrecer un compendio de imágenes que cabría interpretar una a una o, por el contrario, como parte de una estructura que sólo adquiere sentido cuando se considera la muy peculiar manera en la que se articulan sus componentes.

Prescindir de algo tan característico y potente de su recorrido por el mundo de la creación tebeística como son sus diálogos y voces en off—una cualidad que hace de ‘Oleg’ un vehículo a la altura de ‘Píldoras azules’— no tiene que haber sido una decisión fácil para un Peeters que ya en la introducción al volumen deja claro que las planchas de ‘Saqueo’ son un instante de creación pura no sujeto a ninguno de los condicionantes que suelen rodear a la generación de un hecho aviñetado. Tanto es así, que hablar aquí de viñetas es mucho decir cuando lo que encontramos es una ilustración por página que, asumiendo influencias de lo más variopintas, deposita en el lector de forma total y absoluta el ser capaz de hilvanar qué discurso o qué ideas ha tratado de imprimir el artista a tan singular trabajo.

Porque, cuidado, aunque durante la mayor parte de la lectura de ‘Saqueo’ uno tenga la sensación de estar bombardeado por imágenes sin sentido salidas de un cruce imposible entre El Bosco, Charles Burns, Walt Disney y a saber qué clase de cóctel lisérgico, hay en el discurrir de estas portentosas páginas una intención de historia, quizás no clara, pero intención a fin de cuentas. Eso sí, cualesquiera que ésta sea, su interpretación depende sobremanera de lo que cada uno lleve en su personal mochila, no ya en términos de ser capaz de reconocer, aquí y allá, esa miríada de influencias que el autor lista en la última página del volumen —y creedme cuando os digo que es tan larga como ecléctica—, sino en los que se refieren a que, más hecho puramente artístico que narración secuencial común, en la valoración de lo que Peeters quiere transmitir entra en juego lo que el lector ponga en juego desde su acervo y experiencia.

Juzgar la calidad gráfica de las planchas de ‘Saqueo’ pasa asimismo por sacudirnos el polvo acumulado de tantas y tantas reseñas en las que hemos analizado el discurso narrativo de este o aquél autor para, enfundándonos hasta donde podamos un disfraz de crítico de arte —cosa que, adelanto ya, no voy a ser capaz de hacer con veracidad—, valorar términos ajenos al mundo de la narrativa secuencial: detallistas e impactantes cuando tienen que serlo; mínimas y cargadas de contenido cuando la «narración» lo exige; siempre surrealistas y figurativas en un oxímoron a veces imposible, las páginas de Peeters para esta experiencia singular que es ‘Saqueo’ son, con toda probabilidad, las más superlativas que le hemos visto al dibujante. Más allá de cualquier influencia externa que uno quiera detectar —a priori o a posteriori tras haber dado cuenta de ese listado que comentaba antes— las planchas de ‘Saqueo’ son la expresión última de la vertiente más «moebiusiana» del suizo, esa que ha hecho acto de presencia de manera intermitente en sus mejores obras y que tanto caracteriza títulos como ‘Lupus‘ o ‘Aama‘.

Desabridas por completo de los límites impuestos por la necesidad de estructura o la canalización de la coherencia, las páginas de ‘Saqueo’ nos golpean, nos sacuden, nos zarandean, nos marean. Su contenido es tan vasto o limitado como lo que en ellas volquemos y las reflexiones que sobre ellas se extraigan tan mínimas o extensas como el discernimiento que uno sea capaz de elucubrar. Tan personal e íntima resulta la experiencia de asomarse a ellas, que huiré de finalizar estas extensas líneas —unas que, sinceramente, no sé si os ayudarán mucho a discriminar la posible adquisición del tomo— con una valoración al uso de una obra tan sumamente extraña y fascinante. Os dejaré, a cambio, con una única idea: que si algo demuestra ‘Saqueo’ con denuedo y hasta el paroxismo, es que Frederik Peeters es un puñetero GENIO…del arte secuencial. Será cuestión de cada uno el considerar si ese es un argumento con el peso suficiente para asomarse a los insondables abismos que abre el suizo con esta, su obra más inclasificable.

Saqueo

  • Autores: Frederik Peeters
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 92 páginas
  • Precio: 20 euros

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