‘Murena. Integrales 1 y 2’, gloria aeterna

Esta es una reseña que llevaba mucho, pero mucho tiempo queriendo escribir y, ahora que tengo la oportunidad de hacerlo, el temor a no hacer justicia a todo lo que ‘Murena‘ comporta es la sensación que prima sobre cualquier otra. Y es que la inmensa fama que acompaña a la serie que Jean Dufaux y Philippe Delaby crearon en 1997 es merecida en todo halago que alguna vez hayáis leído sobre ella: ambiciosa, compleja, fastuosa, hermosa hasta decir basta, ‘Murena’ es de esas lecturas que concita tamaña cantidad de epítetos y tan armoniosa coincidencia de valoraciones que resulta imposible, de todo punto imposible, no caer rendido ante lo que se despliega en esta ficción muy anclada en la historia que, desde su primer álbum, lleva recorriendo el reinado del infame emperador Nerón y, a la par, el alzamiento del héroe ficticio del que toma su título, Lucio Murena.

En lo personal, porque con historias como esta es complicado no recurrir a lo personal, ‘Murena’ lleva presente en mi haber coleccionista y lector de tebeos desde casi el primer momento en que mi yo de comienzos de la primera década de los 2000 decidiera que incorporar el tebeo europeo era algo que ya tocaba hacer. Y así, en aquellos primeros titubeantes escarceos con lo que por aquél entonces publicaban de manera mayoritaria Norma y, en menor medida, Planeta entre otras casas, fue como llegó a caer en mis manos, allá por 2004, ‘El púrpura y el oro‘, primero de los once álbumes aparecidos hasta la fecha de una cabecera que, arrancando en lo más alto, nunca ha dejado de crecer ante nuestra atónita y embelesada mirada: a lo largo de estos 18 años que han transcurrido desde aquélla primera lectura de ‘Murena’, muchas han sido las veces que servidor no ha sido capaz de resistir la tentación de releer lo que sus páginas esconden, en primera instancia en unos álbumes individuales que tiempo ha desaparecieron de mis estanterías, después con el primer integral que Planeta publicara en 2011 y, ahora, con el mismo interés que tuviera alguien que hubiera escuchado hablar de la serie y se aproximara a ella por vez primera, con estos dos integrales que, por fin, responden a las muchas peticiones de los lectores porque se continuara recogiendo este relato que nos traslada, de manera soberbia, a las sucias calles de la Roma del s.I.

Con suma paciencia y un mimo exquisito por la construcción de personajes, Jean Dufaux arranca el primer álbum de ‘Murena’ presentándonos ya a los que serán los dos polos de toda la trama: de una parte a Nerón Claudio César Augusto Germánico cuya madre, la intrigante Agripina, hermana del aún más infame Calígula, se nos muestra como una víbora entre las víboras, una mujer que hará lo que haga falta para colocar a su hijo en el trono y, de paso, colocarse a ella misma en la posición de mayor poder posible; de la otra, Lucio Murena, un personaje que, como hemos dicho, es completa invención de Dufaux y que, cercano al futuro emperador, caerá en las muchas redes de intrigas que se tejen alrededor de la figura del César, saliendo bastante mal parado hasta el punto que, llegado el momento, se tornará de amigo en enemigo jurado de Nerón.

Alrededor de ellos, polos menos opuestos de lo que cabría pensar, Dufaux sitúa una miríada de piezas a cada cual más atractiva y tridimensional: por delante de nuestra mirada desfilan los malogrados Claudio y su hijo Británico, la bella y trágica figura de Acté; el muy pérfido Palas, liberto a las órdenes de Agripina; Balba, un gladiador negro de gran protagonismo a lo largo de la historia; Séneca, el famoso filósofo y escritor cordobés que fue fundamental consejero de Nerón; Popea, la que será esposa de Nerón…y otros muchos más que, junto al emperador y Murena, conforman un reparto soberbio que se postula como amplio y preciso abanico de una sociedad, la romana del siglo primero, que pocas veces ha estado tan bien reflejada en una obra artística.

Cierto es que, para construirla, Dufaux se asienta sobre hombros de gigante y que son reconocidas influencias de la cabecera leyendas indiscutibles del séptimo arte como ‘Ben-Hur‘, ‘Quo vadis?‘, ‘Espartaco‘ o, pasando a la pequeña pantalla, la muy fastuosa ‘Roma‘ de HBO. Más no sólo el guionista bebe de esas fuentes —y otras como las formas de Alexandre Dumas— sino que, Philippe Delaby, el ENORME artista al que le debemos la componente visual de la cabecera, se sume en una concepción cuasi cinematográfica de su trabajo para ofrecer lo que, sin duda, hace tan GRANDE a ‘Murena’. Y es que, por más que los guiones de Dufaux sean un hecho con pocos parangones, lo que Delaby arranca de sus lápices y colores convierten a este proyecto en una obra maestra indiscutible del noveno arte: barroco en el mejor sentido posible del término, la pasión por el detalle que el desaparecido artista convierte en norma desde la primera página se habría traducido en una narrativa lenta y agónica en otros nombres, pero eso no es cualidad apreciable en la agilidad que el francés detenta gracias al superlativo entendimiento de la narrativa secuencial que insufla a sus páginas y al maravilloso planteamiento que estas configuran viñeta a viñeta.

De hecho, si hay algo que resulta sorprendente al asomarse a ‘Murena’ es que Delaby no se arredra a la hora de echar mano de grandes gestos cargados de épica monumental, esos que nunca cabe encontrar en la BD más ortodoxa y que aquí se traducen, cuando así lo requiere la acción, en páginas completas que requieren del lector una parada en seco y la más concienzuda mirada para poder apercibirse de hasta qué punto estaba comprometido el dibujante con el realismo de su representación de la vida y costumbres de la antigua ciudad de las siete colinas: no es que sean exclusiva de esas páginas completas en las que Delaby se deja la piel —arriba tenéis una muestra muy elocuente del nivel de detalle al que llegan las páginas de ‘Murena’—, pero es en ellas donde, en cada esquina, en cada rincón al que miremos, cabe encontrar una pequeña representación de la vida cotidiana de las gentes de hace veinte siglos.

La exactitud que dicha vida exuda —hay un instante en que la acción tiene lugar en las letrinas públicas y no hay otra que quitarse el sombrero ante el verismo de la escena— añade capa sobre capa al virtuosismo con el que discurre el relato urdido por Dufaux y coloca a ‘Murena’, de manera categórica, en el Olimpo de las mejores BD’s de la historia del noveno arte. Nadie en su sano juicio debería dejar escapar la oportunidad de hacerse con los dos integrales que hoy hemos cubierto aunque sea a sabiendas de que el tercero, que a saber cuándo podrá ser publicado —ya os hemos dicho que hasta ahora sólo han aparecido 11 volúmenes (el undécimo lo publica Planeta este mismo mes) y no será hasta que aparezca el duodécimo que podremos ver otro integral—, cuenta con un cambio de mucha relevancia: fallecido Philippe Delaby en 2014, es Theo Caneschi el que ha tomado un relevo que, a todas luces, se nos antoja imposible. Habiendo ya catado los tres álbumes que hasta ahora ha dibujado el italiano, auxiliado de manera portentosa en las acuarelas por Lorenzo Pieri, os podemos garantizar que ‘Murena’ no podría haber caído en mejores manos y que, cuando la cabecera toque a su fin en esos dieciséis volúmenes que Dufaux pretende que tenga, seguiremos estando ante un título CAPITAL del arte secuencial. Al tiempo.

Murena. Integrales 1 y 2

  • Autores: Jean Dufaux y Philippe Delaby
  • Editorial: Planeta Cómic
  • Encuadernación: 2 vols. cartoné
  • Páginas: 216 páginas c/u
  • Precio: 35 euros c/u
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