‘Memoria’, otras realidades

Es incuestionable que, la veamos donde vayamos a verla —porque, dada la tesitura actual y el anuncio por parte de Warner, a saber si será en los cines o en el sofá de nuestro salón—, la cuarta entrega de ‘Matrix‘ que Lana Wachowski ultima para llegar a tiempo a su estreno a finales de este año es uno de los eventos cinematográficos del 2021 como lo fue, de manera inesperada, la llegada de su primera parte hace 22 largos años: cuando ‘Matrix‘ llegó a las carteleras de medio mundo en 1999, lo hizo rodeada de una expectación considerable aumentada, qué duda cabe, por las incontables alabanzas hacia su extrema originalidad. Una originalidad que, como se ha afirmado incontables veces desde entonces, servía como crisol a mil y una referencias que iban desde el manga a la religión pasando por la ciencia o la filosofía y que, sin que pudiéramos saberlo —al menos no aquí en España— encontraba un referente coetáneo en este ‘Memoria’ que, aparecido en el mismo año, versa de manera sorprendente acerca de temas similares a los que trataron las hermanas Wachowski en su puntal cinta.

Quiso la casualidad, porque no fue más que eso, que Jean-Paul Eid construyera en ‘Memoria’ un lúcido y prodigioso análisis sobre la realidad que nos rodea que, echando mano de ese clásico de la ciencia-ficción que es el ‘Westworld‘ de Michael Crichton, nos presente un futuro en que una enorme corporación vende como principal producto la posibilidad de meternos en la piel de otro a través de un complejo sistema de realidad virtual. Acercándose pues en esos términos a los postulados de los que partía ‘Matrix’, el interés de Eid no descansa en la construcción de una figura mesiánica que va a traer la salvación al mundo, sino en un relato con tintes noir que, aprovechando que una de las realidades en las que los usuarios pueden meterse es una suerte de metrópolis en los años 30-40, construye un entramado que se mueve, ya en los parámetros del género negro, ya en los de una ciencia-ficción soberbia que termina alzándose como un ente de personalidad propia que se aleja de sus influencias.

Para ello, Eid echa mano de disponer un elemento incontrolable en la trama, una suerte de virus informático consciente que quiere acabar con el sistema de realidad virtual desde dentro y está dispuesto a lo que haga falta, incluso si eso pasa por acabar con las vidas de los usuarios que se pongan por delante. Añadiendo a un pastel que ya tiene considerables capas un acabado de resonancias filosóficas —que entronca a la perfección con buena parte del discurso que el guionista pone en boca de ese virus del que hablamos—, es responsabilidad de Claude Paiment elevar a cotas aún más altas a un tebeo que ya sería de notable si tan sólo atendiéramos al guión. El trabajo del francés, de trazo correcto y sin grandes alardes, consigue ajustarse como un guante a lo que Eid va requiriendo de él, y decisiones como las de dejar mudas de color las páginas que se desarrollan en uno de los tres planos de «realidad» que maneja el tebeo son de esas que aumentan aún más el calado de una lectura sobresaliente cuyo rescate agradecemos sobremanera a Ponent Mon.

Memoria

  • Autores: Jean-Paul Eid y Claude Paimentel
  • Editorial: Ponent Mon
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 128 páginas
  • Precio: 25 euros

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