‘Maganta’, inclasificable

Decía hace poco, en las líneas que dedicamos a ‘Bajo el cielo de acero‘, el western que Ponent Mon le ha publicado a Joan Mundet, que se había dado la casual circunstancia de que tanto éste como el que hoy nos ocupa, caían bajo un mismo denominador común: el de ser proyectos que habían llevado a sus respectivos autores una considerable cantidad de tiempo. Si en el caso de Mundet hablábamos de 14 largos años, en el de esta ‘Maganta’ de Lola Lorente rebajamos dicho periodo de tiempo cuarenta y ocho meses para dejarlo en una década, un período igualmente asombroso en el que la artista valenciana ha puesto en pie un tebeo que, como afirmamos en el titular, resulta inclasificable. Pero antes de entrar en materia con él, me vais a permitir un pequeño espacio para una digresión lateral…

Han pasado ya casi veinte años desde que servidor comenzara a juntar letras para opinar sobre aquello que leía, veía y escuchaba. Veinte años en los que ha transitado desde los 25 a los 45 actuales y que, entre otras cosas, han dado para que, obviamente, vea las cosas, quizá no desde un ángulo completamente diferente pero sí desde una perspectiva mucho más amplia, compleja y reposada. Una perspectiva que hace tiempo asumió que rechazar un tebeo de manera taxativa tan sólo porque no resonara con mis filias era un acto de repudio desagradable que no tenía en cuenta, en ningún momento, la carga de trabajo y esfuerzo que comportaba su alumbramiento. Una perspectiva que se ha visto cincelada y definida por la inmensa cantidad de muy diferentes lecturas que en estas dos décadas han pasado por mis manos y que, a día de hoy, conforman un bagaje que nunca habría soñado tener cuando comencé a abrir los brazos, tímidamente, a otras opciones del noveno arte que no fueran superhéroes yanquis o manga. Y una perspectiva, sobre todo, que intenta, siempre, sacar algo positivo de cualquier propuesta que se coloca ante ella, por muy alejada que esté de lo que, en cada momento, haya suscitado mayores intereses.

Es evidente que, a la luz del párrafo anterior, podría despachar sin ninguna elegancia ni empatía a ‘Maganta’ con un simple «no me ha gustado». Pero, como digo, llevo tiempo intentando dejar atrás dichas aseveraciones ramplonas y carentes de más fundamento que la siempre peliaguda subjetividad para sustituirlas por razonamientos que, en el caso de la obra de Lola Lorente, atiendan, no ya a valorar como merece lo prolongado del parto de esta curiosa y algo alucinógena historia, sino ciertas cualidades que no entroncan con gustos personales y sí con obviedades como lo trabajado de un dibujo tremendamente reconocible —que, será por la orondez de su protagonista, se antoja como si Botero se hubiera dedicado al noveno arte en lugar de a pintar y, al hacerlo, hubiera chocado en su camino con Robert Crumb— o las muy diversas lecciones que uno puede entresacar de este relato de una joven que vuelve a su pueblo natal después de que la vida la haya vapuleado a base de bien. Un relato que nunca se arrodilla ante lector para ponerle una alfombra roja con la que andar sin molestias y que, por contra, genera de manera constante cierto malestar en las vísceras por saber que, más allá de la inevitable capa de ficción, mucho hay de realismo en sus páginas.

Maganta

  • Autores: Lola Lorente
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 224 páginas
  • Precio: 25 euros

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