Los dos Franquin: Spirou y Gastón

Dos editoriales. Dos colecciones. Dos épocas bastante diferentes. Un único autor. Eso, a grandes rasgos, es lo que os proponemos hoy con este programa doble que, bajo la figura del mítico André Franquin, reúne a los dos personajes en los que más tiempo de su vida profesional invirtió: Spirou y Gastón Elgafe. Y lo hacemos al amparo de los últimos integrales que Dibbuks y Norma nos han hecho llegar de ambas legendarias cabeceras; el séptimo y penúltimo de Franquin en el caso de ‘Spirou y Fantasio‘ y el quinto y último si nos referimos a ‘Gastón Elgafe‘, una serie de la que no habíamos hablado hasta el momento en Fancueva y que en las páginas que conforman esta entrega final encuentra un polo completamente opuesto a lo que el artista belga había desarrollado, década y media antes, en los dos álbumes que le sirvieron para introducir a ese villano hilarante y desgarbado que es el infame Zorglub.

Con la creación de Zorglub, Franquin entra en una recta final de su estancia en ‘Spirou’ marcada por una carga de trabajo inmensa, mil y un proyectos a los que atender —entre ellos, por supuesto, Gastón Elgafe, que había aparecido en las páginas del semanario ‘Spirou’ en 1957 y que, al ser de creación propia, Franquin sintió siempre mucho más suyo que el botones que lo llevó a la fama— y una terna de álbumes que en ningún momento dan a entender que el compromiso con la cabecera hubiera disminuido lo más mínimo. De hecho, es tal el nivel que alcanza el trabajo del artista en este sprint final con la serie que, al igual que ya dijimos hace cuatro años con ocasión de la edición por parte de Dibbuks de ‘QRN en Bretzelburg‘, lo que vemos en las páginas contenidas es el cénit del dibujante, el punto más alto que alcanzará en su dilatada carrera tanto a nivel de guión como, sobre todo, a nivel gráfico.

De hecho, más que volver a incidir en la grandeza de un dibujo que parecía haber tocado techo y que, no obstante, aún tendría mucho que decir, tanto en lo que quedaba de ‘Spirou’ como en ‘Gastón Elfgafe’ o, por supuesto, en términos de mucha experimentación, más depuración y muchísima más mala baba, en esa obra maestra que son sus ‘Ideas negras‘; quiero detenerme en la brillante manera en la que el Franquin guionista hila los dos álbumes que tienen a Zorglub como foco principal, una dupla que se siente como un único proyecto que quedó dividido por la forma en la que finalmente se recogió en álbum pero que, leído de una sentada —y os recomiendo encarecidamente que así lo hagáis— deja claro el planteamiento de gran arco argumental que tiene en mente el belga y, más allá de eso, lo bomba que se lo pasa con el juguete que es la némesis de Spirou que más juego a dado a lo largo de las décadas a cuántos autores han hincado el diente en ella.

Descacharrante, de ritmo endiablado, imaginativa —lo del lenguaje al revés de Zorglub y los suyos es simplemente genial— y, a la postre, casi lo mejor que llegó a cuajar Franquin a lo largo de su prolongada estancia en ‘Spirou’ —y me entrecomilláis todo lo que podáis ese casi por cuanto, a lo largo de las muchas reseñas en las que hemos hablado de la cabecera, nos hemos desecho en constantes elogios acerca de la perpetua evolución a más de un dibujante que no ha conocido igual en las décadas que han transcurrido tras su muerte—, tanto ‘Z de Zorglub‘ como ‘La sombra de Zorglub‘ ponen de manifiesto, entre otras muchas cosas, la deriva hacia un humor menos blanco y con mucha más bilis del que Franquin había gastado en tiempos anteriores…entendido éste dentro de los constreñidos patrones que marcaba la cúpula de Dupuis, claro.

Una deriva a la que el artista dará (casi)completa rienda suelta bajo el emblema de muchísima más libertad que le otorgará Gastón, ese adorable torpe que no para de hacer trastadas —conscientes o inconscientes— y que, a lo largo de casi cuatro décadas y 913 gags, otorgará la posibilidad a Franquin de verbalizar todo aquello que las páginas de ‘Spirou’ no podían contener, ya fuera por tono, por contenido o por ambas razones. Ejemplo claro de ello es lo que encontramos en este quinto integral, con el autor dando pávulos a una personal guerra contra los parquímetros o echando un cable a los esfuerzos de Greenpeace por salvaguardar la vida de las ballenas, dos significativas causas —cada una por un motivo bien diferente— que no hacen sino reforzar el que, a lo largo de la vida de su personaje, Franquin se sirviera de Gastón para agitar la conciencia de sus lectores.

En el aspecto gráfico, encontramos aquí a un artista muy cercano a los postulados de las ‘Ideas Negras’, con un trazo hasta cierto punto más suelto y enérgico que el las planchas de ‘Spirou’ sin que ello suponga, en ningún momento, abandonar algunos de los tropos que mejor definieron el estilo Franquin, con el diseño de sus cachivaches y vehículos como máximo exponente de lo que lo hizo tan sumamente reconocible. Sea como fuere, más «controlado» o menos, más orientado a un público adolescente o a uno adulto, lo cierto es que tanto ‘Spirou y Fantasio’ como ‘Gastón Elgafe’ son obras imprescindibles para cualquier lector de cómic. Y aquí, como he dicho en muchas otras ocasiones, no deberían entrar en liza disquisiciones como «es que yo sólo leo superhéroes/manga/Mortadelo/loquesea»…si quieres llamarte amante del noveno arte con todas las de la ley, TIENES QUE HABER LEÍDO a FRANQUIN. No hay otra opción.

Spirou y Fantasio Integral 7

  • Autores: André Franquin
  • Editorial: Dibbuks
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 176 páginas
  • Precio: 29,50 euros

Gastón Elgafe. Edición integral 5

  • Autores: André Franquin
  • Editorial: Norma Editorial
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 176 páginas
  • Precio: 29,50 euros

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