‘Libertalia’, de piratas y nobleza

Desde que, con muy pocos años, y sentado un sábado cualquiera frente a un minúsculo televisor, viera por primera vez ‘El temible burlón‘ de Burt Lancaster, siempre he sentido debilidad por las historias de piratas, esos brabucones que, en cierto modo, no son sino el reflejo de nuestro yo más aventurero y que, llegado el momento, encontrarían acomodo perpetuo en la cultura popular con la trilogía original de ‘Piratas del Caribe‘ por más que, para muchos, dicho hueco ya se lo hubieran hecho para siempre con Guybrush Threepwood y aquellas sendas maravillas que fueron las dos primeras entregas de ‘The Secret of Monkey Island’ de Lucasarts. Por todo ello, cada vez que el mundo del noveno arte nos da opción de disfrutar con historias de bucaneros, tesoros, banderas negras con tibias y calaveras, duelos de espadas y demás arquetipos asociados con el mundo de la piratería, corro raudo a devorar el título que sea con la esperanza de que el título en cuestión aporte suficientes apuntes novedosos como para unirse a cabeceras como ‘Long John Silver‘ o ‘Los Campbell‘, nombres muy opuestos del tebeo de piratas e historias que, al menos por aquí, tenemos como referentes de lo mejor del género en viñetas junto, por supuesto, a cierto espléndido trabajo de Christophe Blain.

Sin que esté muy claro si la ‘Libertalia’ del título existió en realidad o nació de la fecunda imaginación de Daniel Defoe, lo que la terna de álbumes que Norma recoge en este integral plantea es la construcción de una suerte de utopía pirata, una isla en la que se ensayarían prolegómenos muy lejanos del socialismo de principios del s.XX y que habría terminado siendo un absoluto fracaso por los mismos motivos que cualquier utopía humana: por nuestra propia condición y notoria incapacidad de trabajar para el bien común si, en ese trabajo, hay acceso a una mínima cuota de poder. Pero antes de que el experimento se vaya al garete, Rudi Miel y Fabienne Pigière habrán introducido a los dos protagonistas, un burgués que debe huir por amar a la mujer equivocada y un hombre de fe cuya forma de ver la religión no encuentra sitio en la rígida visión de su tiempo. Huyendo ambos de una sociedad que no acepta según que patrones de conducta, los protagonistas de ‘Libertalia’ terminarán fundando una colonia pirata en una isla del Caribe en la que, como decíamos, se experimentará con un modelo social de trabajo común, reparto de bienes y propiedad colectiva, algo que chocará de frente con la avaricia y sed de poder de algunos de los miembros de tan reducido foco.

Si bien la premisa de ‘Libertalia’ es muy prometedora, y el trazo suelto de Paolo Grella ayuda a trasladar al lector a la época en la que tiene lugar la acción, no podemos afirmar que el tebeo funcione. Y si no podemos hacerlo es por lo inconexo y acelerado de un guión que parece tener prisa por quitarse de en medio a todo lo que preludia la llegada a la isla pero que, paradójicamente, cuando llega allí, no levanta el pie y sigue a velocidad de vértigo. Este frenesí impide, entre otras cosas, hacerse con los personajes y sentirlos cercanos, por no hablar de que una buena parte de ellos, introducidos a la carrera y sacados de tapadillo, no aportan casi nada al conjunto de la acción. Tocada de muerte por lo atropellado del conjunto, es ‘Libertalia’ una de esas historias que, de recomendar, sólo se la arrimaríamos, si es que existen, a los fans más recalcitrantes del sub-género pirata.

Libertalia

  • Autores: Rudi Miel, Fabienne Pigière y Paolo Grella
  • Editorial: Norma Editorial
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 148 páginas
  • Precio: 28 euros

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