‘Las ciudades oscuras. El eco de las ciudades & el Archivista’, maravillosos complementos

Con sólo ‘La teoría del grano de arena‘ pendiente de encontrar acomodo en esta nueva y fabulosa reedición que Norma ha hecho de todo ‘Las ciudades oscuras‘, os traemos hoy en doble entrada los dos últimos volúmenes que la editorial ha publicado del fascinante y magistral universo creado por François Schuiten y Benoît Peeters. Un tándem que se aleja de las historias más o menos «tradicionales» que podemos leer en cualquiera de los otros álbumes de la saga y que, a modo de acercamiento periodístico / historicista, resulta de una genialidad sin par en sus postulados de apuntalar, desde una mirada de cierto realismo mágico, un conjunto que se sitúa muy a la cabeza de lo que el tebeo francobelga nos ha dado en las cuatro últimas décadas.

Tanto ‘El eco de las ciudades‘ como ‘El archivista’, prescinden de las viñetas propiamente dichas y plantean un compendio que, bien recoge retales de la revista del mismo nombre en la que se narran los acontecimientos más relevantes de una época concreta de las Ciudades Oscuras —la misma, por supuesto, que hemos podido encontrar en ‘La fiebre de Urbicande‘, ‘Las murallas de Samaris‘ u otros títulos de la serie—; bien destina esfuerzos a acercarnos a la figura del empleado de una institución llamada Archivo Central que recibe un curioso encargo: investigar qué de veraz hay en los rumores cada vez más extendidos de la existencia de un mundo paralelo al que la gente se refiere como, ¿lo adivináis? Exacto, las Ciudades Oscuras.

En uno y otro volumen se da una conjunción tan perfecta y armoniosa entre texto y dibujo, que sino fuera por la inalcanzable altura que ostentan los demás volúmenes de ‘Las ciudades oscuras’, casi me atrevería a afirmar que éstos son los que más hondo han calado en mis filias para con la saga. De hecho, sin entrar a valorar de esa manera, lo que sí puedo sentenciar con firmeza es que ambos son los que, sin lugar a dudas, más han excitado la imaginación de un redactor que —os recuerdo, con estudios universitarios de arquitectura superior— ha atendido, atónito, a cada pequeña acotación que estas maravillosas páginas tienen a bien regalarnos, ya sea por parte de un Schuiten especialmente pródigo en volarnos la cabeza, ya en un Peeters que no parece conocer límites a lo que es capaz de plasmar sobre el papel.

Maravillosos complementos del sesgo más narrativo de ‘Las ciudades oscuras’, hay tanto en uno como en otro álbum la férrea voluntad de trazar una historia que, de acuerdo, no es tan evidente a los ojos del lector como pueden serlo cualquiera de las otras que conforman este fascinante universo, pero triunfa precisamente por querer plantear algo diferente en unas páginas que equilibran a las mil maravillas texto y lápiz y no cejan en su empeño constante de imprimir imágenes imposibles en la memoria visual del lector, consiguiendo su objetivo una, otra y otra vez, ya por medio de las ricas y bellas descripciones de Schuiten, ya por unas ilustraciones de Peeters que —y sólo tenéis que mirar la que hemos recogido arriba— justificarían por si solas el que os asomárais sin dilación a este excelso conjunto.

Lo minucioso del trabajo del artista gráfico, y la delicadeza con la que el guionista engarza, bien los textos periodísticos —dando una personalidad inconfundible a Stanislas Sinclair, su redactor jefe—, bien las sucintas reflexiones de la febril mente de Isidore Louis, el archivista, nos empujan sin remisión a un microcosmos en el que no parece haber límites a la reinvención de la arquitectura tal y como la concebimos, y desde las esferas milenarias al edificio cúpula de Galatogrado, pasando por el imposible ensamblaje del órgano del musicólogo Oscar Frobelius, los invernaderos de la ciudad Calvani o el enlace viario universal…todo lo que aquí vemos daría, en las manos adecuadas, para una serie de televisión de esas que, a poco que se cuidara a los personajes, harían historia de la pequeña pantalla.

Recomendaros sólo lo que ahora parece tocar, e instaros a que os hagáis con rapidez con estos dos álbumes, se nos antoja de todo punto insuficiente. De hecho, lo que ambos piden a gritos es que unáis a sus adquisición la del resto de lo que conforma la biblioteca de ‘Las ciudades oscuras’ y os dejéis enamorar como ya lo hemos hecho nosotros —hasta la mismísima médula— por un tebeo como pocos hay en el panorama del noveno arte a uno y otro lado de los Pirineos o, ya que nos ponemos, en una y otra orilla del Atlántico. No exageramos. Lo que aquí se concita es de un nivel que a poco que comienza a rascarse su superficie, desvela la rapidez con la que escapa a quedar definido por cualquier adjetivo, por supino que éste pueda ser, alzándose raudo como uno de los lugares del imaginario tebeístico al que, sin duda, más veces regresaremos en los años que nos queden por vivir.

Las ciudades oscuras. El eco de las ciudades

  • Autores: François Schuiten y Benoit Peeters
  • Editorial: Norma Editorial
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 56 páginas
  • Precio: 21 euros

Las ciudades oscuras. El archivista

  • Autores: François Schuiten y Benoit Peeters
  • Editorial: Norma Editorial
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 64 páginas
  • Precio: 21 euros

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