‘La máscara de las mil lágrimas’, de samuráis y demonios

Extremos muy característicos de la cultura nipona que el manga ha explorado hasta la saciedad, la confluencia en ‘La máscara de las mil lágrimas’ de los legendarios guerreros que regían su existencia por el estricto código del Bushidō con seres surgidos de las profundidades de alguno de los incontables infiernos que se acumulan en la mitología del país del sol naciente no funciona, al menos como uno podría esperar, en un relato que, invirtiendo tres cuartas partes de su extensión en territorios muy terrenales, chirría considerablemente en el giro hacia el fantástico de su clímax final. Pero me estoy adelantando. Vayamos con calma.

‘La máscara de las mil lágrimas’ arranca con una tragedia en el campo de batalla y con la voluntad de una mujer, Sadakiö, que acaba de perder a su esposo, de encontrar una legendaria máscara —aquella que, obviamente, da título a la obra— que otorga poderes a quien la porta para viajar por el más allá y rescatar el alma de un ser querido. Tras presentar esta idea en los primeros compases de la lectura, y aunque dicha búsqueda conforma el McGuffin que mueve todo el relato, David Chauvel mueve sus intereses a una reconstrucción exhaustiva y bastante fidedigna del Japón feudal, logrando capturar sin inequívocos la atención del lector mediante una historia que no sólo se documenta con precisión, sino que cuenta con dos protagonistas definidos con maestría y arropados por una espléndida tridimensionalidad que hace que se genere una empatía casi inmediata entre el lector y ellos. Y así, con ese lazo perfectamente anudado, asistimos a un viaje marcado por el obvio amor que surge entre la viuda y el samurai que la ayuda, por la determinación de ella de traer de vuelta a su marido por más peligros y zancadillas que dicha misión interponga en su camino y por la manera en la que el escritor —y el dibujante, que el trabajo de Roberto Ali es espléndido— va transportándonos a otra época y otro lugar.

Pero, ¡ay!, como decía, llegado el momento en que —y esto no es destripe por más que el discurrir de la acción lleve a pensar que el relato terminará discurriendo por otros derroteros— Chauvel vira hacia lo fantástico, es tanto lo que se ha invertido en el «realismo» de la historia, que uno no puede evitar sentir cierta antipatía, no ya por la forma en la que se aquélla se cierra, sino por lo mucho que chirrían las articulaciones entre una y otra vertiente de la misma: por mucho que esté presente, sobrevolando inquieta la lectura, soy de la opinión que ‘La máscara de las mil lágrimas’ habría dejado un mayor poso en el lector de haber jugado otra mano de cartas diferentes. Desafortunadamente no ha sido así, y el producto final queda desequilibrado por un pequeño puñado de páginas que, de haber discurrido por otros derroteros, nos habrían devuelto una lectura cercana a lo sobresaliente.

La máscara de las mil lágrimas

  • Autores: David Chauvel y Roberto Ali
  • Editorial: Ponent Mon
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 144 páginas
  • Precio: 30 euros

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