‘Estampas 1936’, la mirada neutra, la mirada magistral

Hay quiénes piensan, y poco tardan en hacer públicas sus reflexiones, que ya se ha dicho TODO lo que se tenía que decir acerca de la Guerra Civil española. Que con la cantidad de películas, libros e incluso cómics que se han dedicado a aquellos aciagos tres años que partieron a nuestro país en dos, ya es suficiente, y que cualquier obra que venga a redundar, una vez más, en las dos Españas, en la guerra fratricida y en las insondables heridas que dejó en esta tierra nuestra —incontables de ellas aún por curar— sólo abunda en un asunto que debería formar parte de nuestro pasado, no sólo de palabra, sino de facto.

Pero yo no soy de los que así opinan. Soy de los que piensan que la idiosincrasia humana necesita de un recuerdo permanente de los errores del pasado. Soy de los que piensan que nuestra memoria siempre tiende a ser a muy corto plazo y que, a poco que nos lo propongamos, nuestros recuerdos se esfuerzan por olvidar para no arrastrar pesados lastres legados por las generaciones que vinieron antes que nosotros. Y eso, según creo, es un error de bulto que, en siglos anteriores, llevó a la humanidad una y otra vez a combatir en guerras sin sentido como la que, siendo muy simplista, y sin entrar a analizar las muchas causas que llevaron a la sublevación contra la República en 1936, nunca tuvo que haber fracturado como lo hizo a esta España que, a día de hoy, tan polarizada continua.

Dejando atrás análisis políticos que harían de este texto algo que no pretendo, sirvan los dos párrafos anteriores como justificación de la siguiente afirmación: ‘Estampas 1936’ es un tebeo tan MAGISTRAL como NECESARIO. Vale que, quizá, habría que ampliar la definición de tebeo por la especial personalidad que adquiere el trabajo de Felipe Hernández Cava y Miguel Navia, careciendo este álbum de 36 imágenes del primer año del conflicto de una voluntad narrativa secuencial; pero no está en mi ánimo entrar en disquisiciones terminológicas vacías cuando a lo que aquí nos asomamos es a un análisis tan soberbio y ecuánime como el que enhebra el guionista de ‘Las serpientes ciegas’.

Y es que, como reza el titular, la mirada que aquí ejerce Cava sobre los acontecimientos que se recogen, intenta liberarse de todo juicio crítico y establecerse desde una neutralidad que evite posiciones políticas de un lado o de otro: bien es cierto que uno puede adivinar las tendencias del guionista, pero dicho conocimiento no aporta nada a un discurso que ora mira a los republicanos, ora a los rebeldes, y lo hace bajo una crítica extrema y un dolor aún más grande. Herederos como somos de lo que aquellos tres años supusieron —no sólo aquellos tres años, claro, sino los 36 siguientes de férrea dictadura—, si Cava logra ocultar su signo político para equilibrar el «color» de la lectura, no puede esconder la pena que, compartida por muchos, nos trasladaron nuestros padres o abuelos al contarnos cómo vivieron aquellos días en los que el mundo pareció volverse loco.

Una locura que, aquí y allá, encuentra en las páginas de ‘Estampas 1936’ nombres propios como los de Lorca o Manuel Machado pero que, más allá de esas simbólicas inclusiones, intenta establecer un fresco complejo y vasto en el que tengan cabida el mayor número de pequeñas «anécdotas» que, unidas, conformen un todo asombroso y singular embellecido, hasta límites que aún me parecen imposibles, por las ilustraciones de un Miguel Navia del que lo menos que se puede decir es que merecería, desde ya, todos los premios que pudieran «caerle» a partir del cambio de año: pasear la mirada por estas «estampas» y comprobar el vasto trabajo de documentación que ha llevado a cabo el artista no empieza a cubrir, ni en un mínimo porcentaje, el GENIO que aquí cabe encontrar y ya sea en exteriores de algunas de las ciudades que fueron protagonistas del primer año de conflicto, como en unos interiores que necesitan de muchos minutos para poder ser aprehendidos en su totalidad —atención a la doble página del club nocturno, un ejemplo superlativo de lo que comentamos—, Navia logra con las planchas que aquí vemos rozar la perfección.

A la luz de todo lo anterior, acaso resulte innecesario cerrar estas líneas apuntando a lo muy imprescindible de un álbum que se posiciona, y de qué manera, como firme contendiente a Mejor Tebeo Español de 2020. Por el momento, sólo el tiempo que queda hasta el 31 de diciembre y el que ya haya, al menos, otros dos títulos que vayan a pugnar por tal reconocimiento, separan a ‘Estampas 1936’ de lograr encumbrarse en lo más alto de nuestra estima anual. Por lo pronto, os conminamos a que, a la mayor brevedad posible, os hagáis el enorme favor de añadir este álbum a vuestra tebeoteca y que, dando lectura de él, quizás reordenéis ciertas ideas, tanto acerca de la Guerra Civil como, sobre todo, del porqué NUNCA deberíamos olvidar los horrores que de ella se derivaron.

Estampas 1936

  • Autores: Felipe Hernández Cava y Miguel Navia
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 88 páginas
  • Precio: 20,90 euros en

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1 comentario en «‘Estampas 1936’, la mirada neutra, la mirada magistral»

  1. Es una pena que la mayoría de productos relacionados con la guerra civil empiecen su relato en 1936, pues, como bien dices, para evitar repetir errores, hay que recordar el camino que nos llevaron a ellos. Sin un recuento de acontecimientos desde, al menos, 1933, es muy difícil entender, y por tanto, evitar repetir, lo que ocurre después.

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