‘El pacto del letargo’, Prado interruptus

Si no contamos con las fantásticas ilustraciones que pudimos ver hace poco en ‘Mael. Más allá del bosque de Cornanda‘, hacía cuatro años que llevábamos esperando como agua de mayo que Miguelanxo Prado nos volviera a sorprender, como hizo entonces con esa maravilla llamada ‘Presas fáciles‘. Cuatro largos años, cabría apostillar, considerando que el citado título, un thriller soberbio con tintes sociales, se había colocado sin despeinarse entre lo mejor que nos dejaba 2016 en términos de tebeo patrio. Y la primera pregunta ante ‘El pacto del letargo‘, ese proyecto que tanto hemos anhelado, no puede ser otra que ¿ha valido la pena la espera? Ojalá pudiéramos responder con un simple «sí», pero lo cierto es que hay una traba que nos impide poder hacerlo. ¿Qué cuál es esa traba? Fácil, su final.

Hay quien dice por ahí que ‘El pacto del letargo’ no es más que el primer escalón de una trilogía—y a saber si se trata sólo de un mero rumor completamente infundado, de un deseo enunciado para justificar la forma en la que Prado cierra la historia o de una certeza averiguada vaya usted a saber cómo— . Pero incluso si así fuera, seguiría sin cuadrarme que después de la precisa construcción que Prado hace de esta historia de corte fantástico y vocación planetaria, en la que seres milenarios despiertan en una Tierra que parece abocada a una destrucción segura por el maltrato a la que le hemos sometido durante siglos los humanos; después de haber invertido el tiempo que invierte en la correcta construcción de los personajes y en las intrigas que envuelven a cada uno…después de todo eso, la trama se resuelva en un reducido puñado de páginas sin más, dejando entrever —o al menos así lo parece— que, o bien no tenía muy claro cuál debía ser la conclusión, o bien llegó a esta queriendo cerrar cuanto antes las poco más de cien páginas de una lectura a la que le hubieran venido de perlas un puñado de planchas más.

Dejando esto de lado, todo lo que nos restaría afirmar sobre ‘El pacto del letargo’ se resumiría en ir desgranando, una a una, alabanza tras alabanza: del dibujo del gallego poco más se puede decir salvo que, identificable como pocos, ha llegado a un punto en el que cualquier plancha y viñeta suya es toda una lección de buen hacer en este mundillo del noveno arte, y eso sin contar con su narrativa, tan cristalina que dan ganas de mostrársela a alguno de esos rutilantes artistas U.S.A que confunden espectacularidad con confusión secuencial sin que parezca que haya solución de continuidad de una a otra. La ambientación de la historia también nos cautiva, aunque más lo hace el que sea un relato de corte fantástico con nuestra tierra de fondo, echando mano Prado de esa magia nada soterrada que tiene Galicia, para aportar solidez a sus más grandilocuentes ideas. Y también nos cautivan sus personajes, preñados de un realismo mágico; ya estemos hablando de esos seres que se retiraron a un sueño voluntario hace milenios para dejar al hombre ser dueño de su destino, ya de las dos fuerzas, las eternas del bien y del mal que, encarnadas en actores algo arquetípicos pero no por ello menos efectivos, persiguen intereses llamados a colisionar. En definitiva, un álbum que lo tiene todo para haber llegado más alto pero que, por mor de su atribulada conclusión, no consigue dejar el buen sabor de boca que se le intuía.

El pacto del letargo

  • Autores: Miguelanxo Prado
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 104 páginas
  • Precio: 23 euros

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