El Capi, si triple, tres veces bueno

Sí, le estamos cogiendo «el gusto» a esto de agrupar, en una sola reseña, varios volúmenes de un mismo personaje. Y no creáis que es por comodidad y por evitarnos tener que hacer tres introducciones diferentes. Para nada. Antes bien, la idea fundamental en torno a la que giran estos «programas» dobles o triples que últimamente estamos trayendo a primera plana es poder establecer relaciones entre etapas o proyectos distintos de, por ejemplo, como es el caso de hoy, el Capitán América, y dar una idea en un único cuerpo de texto no sólo de qué cabe esperar de uno y otro —que es lo que hacemos en toda reseña que aparece por estas líneas—, sino establecer ciertas comparaciones para determinar, más allá de la simple aseveración, cuál de ellos cabría colocar a la cabeza. Y me adelanto: de los tres que hoy ocupan nuestro tiempo, el claro vencedor es el Capi de…naaaaahhh, vais a tener que leeros el texto si queréis saberlo.

Ed Brubaker, Robert Morales y Nick Spencer. Esos son los tres guionistas que, al frente de ‘Soldado de Invierno‘, ‘La Verdad. Rojo, blanco y negro‘ y ‘Heil Hydra‘, intentaron aportar su granito de arena a la muy longeva trayectoria del octogenario personaje de Marvel logrando resultados algo desiguales que van desde lo magistral a lo mediocre pasando por lo efectivo y tremendamente entretenido. Y como por alguno de ellos hemos de comenzar, hagámoslo por la parte baja de la tabla y centremos primero nuestra atención en una miniserie que, sino fuera por el renovado protagonismo que ha cobrado gracias a cierta serie de televisión, habría quedado sepultada en la memoria tebeística. Estamos hablando, cómo no, de ‘Capitán América. La verdad. Rojo, blanco y negro’ y de la referencia que de Isaiah Bradley hacen en ‘The Falcon and the Winter Soldier‘, la serie de Disney+ que, en mi opinión, tantos palos inmerecidos se ha llevado.

Opiniones personales sobre productos audiovisuales al margen, y aunque el recuerdo que guardaba de ella cuando la leí por primera vez hace años no fuera ni mucho menos desagradable, lo cierto es que la miniserie de Robert Morales y Kyle Baker no aguanta el paso del tiempo ni una revisión hecha con ojos algo más experimentados: el guión de Morales imagina los intentos del gobierno yanqui de dar continuidad al programa del súper soldado utilizando para ello un batallón de soldados negros que sufrirán, y de qué manera, no sólo los descontrolados efectos de un suero que nunca llega a la altura del desarrollado por el profesor Erksine, sino un racismo que, históricamente certero, era aún lacra a erradicar en la sociedad estadounidense durante la década de los 40 del siglo pasado —bueno, y sigue siéndolo ochenta años después, en menor medida, sí, pero ahí sigue.

Pero, más allá de lo imaginativo de la propuesta base, lo que encontramos en estos siete números, no aporta nada a la mitología del Capitán América —me quedo de lejos con la suerte de reinvención de la idea que ejecutará Rick Remender cuando haga que Sam Wilson porte el escudo— y queda deslavazado en última instancia por lo excesivamente estirado de una historia que habría funcionado mejor con un buen puñado de páginas menos y, aún más, si se hubiera elegido a otro artista que no fuera Kyle Baker. No os confundáis, adoro las formas narrativas y visuales del artista de ‘Por qué odio Saturno‘, pero en estas páginas, se nota a la legua que echa demasiada mano del ordenador para completar sus viñetas, duele que descuide por completo los fondos para situar a sus personajes sobre colores planos y, aún más que, con su inconfundible y caricaturesco estilo, aparte a empellones cualquier atisbo de la cierta seriedad que dimana del trabajo de su compañero, configurando un tebeo que establece una doble lectura de maridaje imposible.

Como podréis imaginar por la ilustración que encabeza estas líneas, el título intermedio en liza, ese al que antes me refería como «efectivo y tremendamente entretenido» es el segundo volumen de la etapa de Nick Spencer a bordo del héroe de las barras y estrellas. De Spencer ya dijimos, allá por mayo cuando nos ocupamos del primer tomo de su incursión en ‘Capitán América’ que «resulta encomiable la capacidad del escritor para, hasta cierto punto, renovar la savia de la cabecera y hacerla, una vez más, tan apasionante como fue en manos de sus dos más directos antecesores, Remender y, por supuesto, el gran Ed Brubaker.». Y si bien las páginas de este ‘Hail Hydra’ se separan un poco de lo que hizo Remender y más aún de lo que estableció Brubaker —más sobre el bueno de Ed en unas pocas líneas— no es menos cierto que la loquísima idea que Spencer levanta aquí, y que servirá para uno de los muchos momentos memorables que atesora ‘Avengers: Endgame’, funciona y lo hace, hasta cierto punto, sin fisuras.

Como quiera que ya han pasado unos cuantos años desde que se publicaran los números aquí incluidos, no creo que coja de sorpresa a nadie, y menos aún con el tino que he tenido al escoger la imagen superior que, por mediación de cierto antagonista con la tez algo rojiza y de sus recién adquiridos poderes telepáticos —mucho habría que recorrer para poder explicar cómo Cráneo Rojo se hace con los poderes de Charles Xavier—, el pasado de Steve Rogers queda modificado de tal manera y puesto tan patas arriba que el bueno del Capi cree a pie juntillas ser agente de Hydra y tener el «glorioso propósito» de poner el mundo a rodillas de la infame organización. Eso, en medio de los acontecimientos que harán temblar por segunda vez al Universo Marvel con una guerra civil —de la que hablaremos en breve en otro artículo—, y tenemos los ingredientes suficientes para una lectura que no para, no da descanso, en la que siempre está pasando algo relativamente interesante y en la que brilla con intensidad la sorpresa de convertir a Rogers en el villano de la función.

Lo que no nos gusta tanto de ‘Hail Hydra’, y es algo que ya apuntábamos en el primer volumen del Capi de Spencer, es el baile de dibujantes: algo más controlado que en el anterior volumen, nuestras quejas en este son sin duda muy limitadas cuando tenemos a nombres como los de Jesús Saiz o Daniel Acuña paseándose por sus páginas, pero insistimos, como ya hacíamos hace unos meses, en que tanto cambio en la componente visual hace flaco favor a la percepción última de un cómic, sea éste el que sea. Es por esto —y por otros muchos motivos— que el volumen de la colección Must-Have de Panini que recoge la saga del Soldado de Invierno parte con considerable ventaja para alzarse como el mejor de la terna que hoy os traemos: el contar con Steve Epting como único valor gráfico logra una compacidad que se ve aumentada, no cabe duda, por lo impresionante de las páginas de un artista que supo reinventarse desde su inane yo de los 90 para dar en esta, la mejor encarnación que ha conocido la cabecera del Capitán América, lecciones magistrales de narrativa.

Ahora bien, contando con un aliado como Ed Brubaker, Epting lo tenía bastante fácil para dejarse llevar y sacarse de la chistera planchas y más planchas que quedan grabadas a fuego en la memoria visual del lector. Y es que lo que el guionista pone en pie en Capitán América, al menos durante los dos primeros tercios de su estancia en el personaje —ya si eso hablaremos otro día de lo desangelado del «regreso» y lo poco agraciado de lo que siguió después— es de un nivel como nunca antes se había visto en la vida de Rogers. Tanto es así, que recuerdo con cierta intensidad la expectación con la que mes tras mes viví aquellos primeros años del trabajo de Brubaker toda vez hube leído el primer número de su propuesta y caí rendido ante la considerable reinvención del personaje que hacía el guionista en clave de relato de intrigas y espías… como no podía ser de otra manera en él, claro.

El resultado de aplicar su muy identificables filias a un superhéroe de tan largo recorrido y tan asentada personalidad como la de Steve Rogers es una total reinvención de la cabecera y el establecimiento de una piedra angular, no ya de la ficticia vida del héroe del escudo, sino del Universo Marvel, ya estemos hablando del que sale impreso en papel todos los meses como, por supuesto, el que lleva trece años regalándonos entretenimiento en la gran pantalla. Porque no perdamos de vista que sin las páginas de este Must-Have no habría existido la que, como he dicho en alguna ocasión, es la mejor, segunda mejor —todo depende de cómo me pille el día— película de todo el UMC. Y eso, queridos lectores, bien vale colocar a este imprescindible tomo como el mejor de lo que hoy os hemos acercado y, aún diría más, como el MEJOR a secas de todo lo que se ha publicado hasta el día de hoy del héroe que una vez atizó a Hitler en la portada de un cómic. ‘Nuff said!!!!

Marvel Must-Have. Capitán América: Soldado de Invierno

  • Autores: Ed Brubaker, Steve Epting
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 152 páginas
  • Precio: 15 euros

Capitán América: La Verdad – Rojo, Blanco y Negro

  • Autores: Robert Morales y Kyle Baker
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 176 páginas
  • Precio: 21 euros

Capitán América de Nick Spencer. Hail Hydra

  • Autores: Nick Spencer, Jesús Saiz et al.
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 304 páginas
  • Precio: 30 euros

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