‘El Arte’, elocuencia a manos llenas

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Cuando me encuentro de frente con el complejo concepto de ARTE, siempre vienen a la memoria las dos personas que jugaron un papel determinante en mi concepción actual de cualquier disciplina artística: los dos profesores que, durante mis estudios de arquitectura, me impartieron, precisamente, las asignaturas de ‘Historia del Arte y de la Arquitectura’ durante los tres años en los que mi plan de estudios recogía la docencia de dicha disciplina —desgraciadamente extinto en favor de esos renovados que eliminaron de un plumazo gran parte de la imprescindible carga humanística de que la figura de un arquitecto debería estar revestida—. De nombres Eduardo y Carlos, cada uno, en su ámbito y a su muy particular manera de observar el ARTE, imprimieron en este redactor muchas y muy variadas ideas de entre las que sobresale una que, quizás, las resume a todas con gran locuacidad: que la apreciación del ARTE, venga de la vertiente que venga, está completamente sujeto al individuo que lo observa, a sus experiencias, su formación y su bagaje y que, por tanto, hablar de ARTE y OBJETIVIDAD es poco menos que una falacia.

Mucho hay de abundar en esta disquisición, que a no pocas acaloradas discusiones me ha llevado en ciertos momentos, en la reedición de ‘El Arte’ de Juanjo Sáez que Astiberri ha llevado a cabo con motivo del décimo aniversario de su aparición original. Y si mucho de ello hay es porque, al utilizar las páginas de la obra como particular e íntimo púlpito desde el que hacernos a los lectores partícipes de esas «conversaciones imaginarias con mi madre» que subtitulan al volumen, Sáez, como aquellos «maestros» que de forma tan íntima entendían la pulsión del hombre por expresarse con medios ordinarios de formas extraordinarias, consigue de forma indefectible eliminar parte de la carga de elitismo y misticismo que siempre ha envuelto a la apreciación del arte por parte de «la crítica especializada», esa a la que, en un momento dado de su discurso, el artista desmonta con una contundencia que habla, acaso de la forma más depurada posible, de cuáles son algunos de los motivos que le llevaron a concretar un volumen que ni es cómic ni es ensayo sino todo lo contrario.

Combinando de forma soberbia ambas vías de comunicación visual, la simplicidad y «casualidad» con la que se muestran ambas parece querer servir a un doble propósito. Primero, alejarse de una aproximación a la forma artística que pueda ser clasificada como academicista y, por tanto, echada por tierra por aquellos que rechazan de pleno el mundo de lo académico. Segundo, y derivado de ésto, desmontar prejuicios, y convertir a las páginas de su libro en una suerte de panfleto metalingüístico en el que se habla del arte mediante arte; uno que él mismo no tiene reparos en calificar, en cierto instante, como de «niños». Simplicidad y sencillez en el discurso narrativo se dan la mano pues en algo más de 300 páginas que son todo un manifiesto que más de un crítico con un «palo» metido por dónde ya sabemos debería leer para aprehenderse de una lección vital: que en un mundo caleidoscópico, globalizado y ecléctico como el nuestro, toda opinión es válida, venga de quién venga. Ya lo decía Campoamor: En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira.

El Arte

  • Autores: Juanjo Sáez
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 306 páginas
  • Precio: 19,95 euros en

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