‘El árbol desnudo’, reminiscencias de un amor

No son muchas las muestras de manhwa que han llegado a nuestro país. De hecho, así a bote pronto, sólo vienen a la memoria los trabajos de Doha —la magnífica ‘El gran Catsby‘, la algo menos magnífica pero no por ello estupenda ‘Romance Killer‘— y, haciendo un poco de trabajo arqueológico en la hemeroteca de la página, el ‘Malas compañías‘ que publicó Astiberri en 2019 y el ‘Un mal viaje al oeste‘ que Fandogamia nos hacía llegar un año antes y que, curiosamente, arrancaba en los mismos términos que estoy utilizando aquí, el reclamar una mayor presencia de una forma de entender el noveno arte, la coreana, que hasta ahora ha quedado completamente ahogada por el masivo desembarco anual de propuestas venidas desde el país del sol naciente. Y si así lo reclamamos es porque, a la vista de ‘El árbol desnudo‘, nos quedan más ganas de poder asomarnos a lo que los artistas de Corea del Sur —entendemos que, de haberlos, es poco probable que lleguemos a ver algo proveniente del régimen de Pyongyang— tienen que decir en este vasto mundo del arte secuencial.

Y si esta nueva apertura desde las filas de Ponent Mon por hacer su catálogo aún más variado deja claro algo, es que hay mucho talento por descubrir en un país que visitar aquí de mano una adaptación de la obra homónima de Park Wan-seo que, a su vez, tomaba su título de un lienzo de Park Soo-geun, un pintor coreano de mediados del siglo pasado en torno al que el escritor construía un misterioso personaje ficticio sobre el que hacía orbitar una melancólica y hasta cierto punto trágica historia de amor situada en el marco de la Guerra de Corea. Sobre el telón de la contienda mediante la que Corea del Norte quiso volver a anexionarse Corea del Sur después de que la península se escindiera en dos tras la Segunda Guerra Mundial, el literato coreano y, por ende, la dibujante Gendry-Kim Keum Suk, construyen con todo lujo de detalles el encuentro ficticio entre una dibujante que intenta ganarse la vida haciendo retratos para los soldados estadounidenses y el citado pintor norcoreano que, exiliado al sur del país, vive en un estado de perpetua desazón.

En ese sentido, ‘El árbol desnudo’ resuena en una mirada occidental con las mismas longitudes de onda que asociamos normalmente a ciertas idiosincrasias de la cultura japonesa, y la nada velada tristeza que impregna toda la narración, aumentada no cabe duda por el trazo algo sucio y muy expresivo de Keum Suk, es la sensación preponderante de una historia ciertamente apasionante que nos acerca a la realidad a pie de calle de la Guerra de Corea lejos de los focos y el halo de romanticismo bélico con el que Hollywood clásico miró hacia el conflicto: esa voluntad de tener los pies en la tierra no quita para que ‘El árbol desnudo’ esté exento de evocadora poesía; antes bien, diría que, cuando uno cierra el volumen y reflexiona sobre él, se torna en inquieta la idea de que hay en estas páginas mucho más de lo que podemos encontrar en primera instancia. Una idea que, sin duda alguna, invita —casi habría que afirmar que impele— a revisarla en un futuro no muy lejano y que habla, mejor que cualquier otra apreciación, de lo muy recomendable que resulta este espléndido manhwa.

El árbol desnudo

  • Autores: Gendry-Kim Keum Suk
  • Editorial: Ponent Mon
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 316 páginas
  • Precio: 24 euros

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