‘Destrucción’, Emmerich sin diversión

Roland Emmerich ha hecho de «cargarse el mundo» su sello de fábrica. Un sello que, hasta ahora, nos ha entregado ‘Independence Day‘, ‘2012‘, ‘El día del mañana‘ y que, el próximo febrero, tirará la Luna contra nuestro planeta en ‘Moonfall‘. Máximo exponente del cine de desastres que ya no se conforma con un simple enjambre, un terremoto o quemar un rascacielos, la corriente que representa el cineasta alemán encuentra en ‘Destrucción‘ la que podía haber sido perfecta oportunidad para saciar el potencial hambre de aquellos que nunca han visto a nuestro hogar sucumbir lo suficiente ante el imparable poder de los elementos. Y digo «podía» y no «la que es» porque, aunque tienes sus virtudes, el trabajo de Jean-David Morvan y Rey Macutay es un ejemplo demasiado estridente de arritmia narrativa, sobre todo cuando, llegados al tercero de los álbumes incluidos en este integral, el guionista mete la directa y hace avanzar la acción, no a todo trapo, sino a golpe de salto, tras salto, tras salto que, a la postre, no es que redefinan el concepto de elipsis narrativa, es que lo masacran de manera inmisericorde como si nada.

Hasta ese punto, el relato que ha ido cosiendo Morvan se las ha apañado para enganchar al lector desde la primera página, una mirada a un futuro post-apocalíptico en el que parte de la población de Francia, después de sucumbir a una tormenta solar que frió todo el sistema eléctrico y electrónico global, está dividida entre los que siguen al Patriarca, que a sus ¡¡130 años!! lidera un grupo anti-regreso a la tecnología que se opone a aquellos que buscan volver a contar con máquinas simples para auxiliar a la especie humana en sus tareas más pesadas. A partir de esa presentación, realizada de manera contundente y enérgica, Morvan comienza a alternar futuro y presente —el presente del año 2052— para narrar los acontecimientos que llevaron a tan aciago destino de la humanidad.

En esa alternancia, ya comienzan a verse recursos que no terminan de funcionar, como un villano demasiado evidente y nada desarrollado, el interés amoroso del protagonista, de personalidad casi nula o el propio Patriarca, un joven determinado que salta de tipo normal a casi-psicópata como si nada. Tan poco funcional terna se complementa, como decimos, con una acción que, a partir del tercer volumen, no sólo hace de la ¡¡ELIPSIS!! su máxima, sino que echa mano de un par de resortes argumentales que, sinceramente, no hay quien se los crea…incluso dentro del escenario de ciencia-ficción que plantea todo el conjunto.

Así las cosas, el SUPERLATIVO trabajo de Rey Macutay a los lápices—un dibujante que nos recuerda a Olivier Coipel o a Summit Kumar y que plantea unas planchas que se hacen muy fuertes en el epíteto espectacular— queda sepultado por la amplia indiferencia que termina suscitando en el lector allí donde se dirija la narración. De hecho, llegados al final, contemplamos con cierta estupefacción como, sin venir a cuento, Morvan dedica una página doble a dar explicaciones en boca de la protagonista femenina que, si algo demuestra, es que ‘Destrucción’ hubiera necesitado como el comer un mayor desarrollo y, por supuesto, algo menos de ideas locas.

Destrucción

  • Autores: Jean-David Morvan y Rey Macutay
  • Editorial: Yermo Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 144 páginas
  • Precio: 35 euros
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Destruccion
  • Morvan, Jean-david/ Macutay, Rey (Author)

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