Desmontando a… Robert Crumb

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Robert Crumb (Filadelfia, 1943) representa a la perfección ese dicho que dice «genio y figura hasta la sepultura». Su arte y su vida se funden para conformar una obra que huye de cualquier etiqueta y que abrió nuevos caminos para los autores de cómic de todo el mundo. Considerado como uno de los padres del cómic underground, algunos de sus personajes han conseguido superar los límites del 9º arte para convertirse en iconos de la cultura popular de la segunda mitad del siglo XX.

Su larga carrera en el campo de la historieta nos ha dejado una extensa bibliografía en la que encontramos cosas interesantes en todas sus etapas. Analizarla al completo y con detalle es una labor casi imposible, pero espero que este post sirva al menos como introducción a ella y que despierte la curiosidad de los lectores que aún no hayan tenido el placer de acercarse al universo de Crumb.

Su carrera

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Robert Crumb comenzó a dibujar cómics desde que era muy pequeño, gracias principalmente a la influencia de su hermano Charles, que estaba completamente obsesionado con los tebeos. Con él empezó a realizar diferentes cuadernillos que vendían entre sus vecinos y compañeros de clase, con gran influencia de autores como Carl Barks (conocido principalmente por sus historietas del Pato Donald) y E. C. Segar (el creador de Popeye), influencias que ya se quedarían para siempre en el estilo gráfico de Crumb.

A principios de los 60, Crumb entró a trabajar como ilustrador en una empresa de tarjetas de felicitación, una labor con la que empezó a coger tablas en el oficio, manteniendo siempre su incansable dedicación a los cómics. Pero el verdadero germen del autor que conocemos hoy en día comenzó a desarrollarse a partir de su traslado a San Francisco en 1967, es decir, en plena eclosión del movimiento hippy. Crumb siempre fue un joven solitario que vivía completamente al margen de la juventud de su época, aunque esto no le impidió experimentar ciertos aspectos de la cultura psicodélica de aquel entonces.

Uno de estos aspectos fue el LSD, y Crumb ha comentado en varias ocasiones que fue tras un mal viaje con esta sustancia cuando su visión del mundo y de la historieta empezó a cambiar. A partir de ahí, empezó a dejarse llevar más por la espontaneidad y la improvisación y el resultado fue la creación de algunos de sus personajes más famosos, como El Gato Fritz y Mr. Natural. Fue a finales de esa década de los 60 cuando comenzó la publicación de la revista ‘ZAP Comix’, que empezó a granjearle sus primeros éxitos y fue considerada como el inicio del cómic underground norteamericano.

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A lo largo de los 70, Crumb empezó a sentirse abrumado por el éxito que tenían sus criaturas, y tras fiascos (al menos para él) como la adaptación animada del Gato Fritz, tomó la decisión de volver a apartarse de la vida pública y dar un nuevo giro a sus cómics. Es a partir de entonces cuando él mismo empieza a protagonizar sus historias, en las que vuelca todos los aspectos más oscuros de su personalidad: sus fobias, sus manías y, especialmente, sus fantasías sexuales.

A partir de este momento, su público se dividió entre los que seguían adorándole y quienes tachaban su trabajo de misógino y depravado. A pesar de eso, Crumb mantuvo su postura de volcar en las viñetas sus pasiones más ocultas y con la llegada de los 80 empezó a ser reconocido en ambientes «más elevados». Así, sus ilustraciones aparecieron en revistas como ‘Newsweek’ y ‘People’, y el Museo de Arte de Nueva York expuso algunas de sus obras dentro de una exposición colectiva.

Ya en los años 90, compagina esos cómics autobiográficos con su labor como ilustrador de libros (de Charles Bukowski y Kafka, entre otros), de discos (algo que ya había hecho esporádicamente en los 60) y de imágenes extraídas del natural, recopiladas en su mayor parte en la revista ‘Art & Beauty’. Su trabajo más reciente consiste en una reinterpretación personal del Génesis, que ha finalizado hace unos meses.

Su estilo

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Como ya he apuntado anteriormente, el estilo gráfico de Crumb está fuertemente influenciado por sus lecturas de juventud, entre las que destacan los tebeos de Barks y Segar, las tiras de prensa y la revista MAD. Aunque ya en su etapa de madurez cultivó un estilo algo más realista para sus ilustraciones, los personajes de sus cómics siempre han tendido hacia la caricatura, con grandes zapatos, ojos saltones y una sorprendente expresividad.

A medida que fue evolucionando, incrementó el lado grotesco de sus personajes, y siempre tuvo un ojo puesto en la realidad para vestirlos y hacerlos actuar según las características de cada época. Su trazo fue ganando cada vez mayor riqueza de detalles y nunca ha abusado demasiado de las manchas negras, sino que el volumen y las sombras las iba construyendo a partir de los trazos de su plumilla.

Sin embargo, lo que hace de Crumb un artista único no es tanto su estilo gráfico, como el contenido de sus historias. Desde un principio, sus cómics eran críticas y parodias ardientes de la sociedad de su época. Primero, del modo de vida liberal y psicodélico de finales de los 60, para posteriormente hacer un análisis introspectivo de sus propias obsesiones.

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En ese sentido, lo que más caracteriza el trabajo de Crumb es su tendencia a la improvisación. Al leer muchas de sus historias cortas, se puede percibir que el autor ha empezado a dibujar sin tener muy claro a dónde le llevarán las siguientes viñetas, especialmente en los cómics protagonizados por él. De esta forma, consigue volcar sobre el papel su propia personalidad sin rastro alguno de tapujos ni autocensura. Son, por tanto, trabajos que lo aproximan a los grandes genios de la pintura que, por encima de directrices estéticas, lo que trataban de plasmar en sus trabajos era la energía del momento y la subjetividad de la persona oculta tras el pincel.

Determinar de dónde proceden todas esas obsesiones y esas oscuras fantasías sexuales protagonizadas por mujeres inmensas e imposibles posturas sexuales, es una labor propia más bien de un psiquiatra. De lo que sí podemos estar seguros es de que Crumb no retrataba los aspectos más sórdidos de la vida y de la sociedad por una simple cuestión de oportunismo o de provocación. Sencillamente, se trata de alguien con una visión y una sensibilidad muy diferentes a las de la gente corriente, y eso es algo que vino determinado en buena medida por el ambiente familiar de su infancia, algo que puede verse a través de los testimonios recogidos en el documental dedicado a Crumb que dirigió Terry Zwigoff en 1995.

Obras recomendadas

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La Cúpula se ha encargado de publicar sus obras completas en nuestro país, por lo que acercarse a Crumb resulta bastante sencillo. La cuestión, es decidir por dónde empezar. En mi opinión, lo mejor es decantarse por sus personajes más célebres de mediados de los 60, en los que ya perfilaba las obsesiones de su obra posterior, pero aún mantenía un tono digerible para los lectores que aún no se hayan hecho a su extravagante personalidad.

Así, una buena opción es comenzar por El Gato Fritz, que refleja con acidez la forma de vida de los jóvenes de la época: promiscuidad, drogas… Para Crumb, este personaje fue ante todo una válvula de escape a través de la cual pudo vivir muchas experiencias que no conseguía cumplir en la vida real. Sus páginas están llenas de humor y mala leche, pero ante todo son un compendio de vivencias salvajes en las que cobran gran interés los personajes secundarios que rodean al protagonista. Cansado de la fama que llegó a alcanzar Fritz, Crumb decidió matarlo en una de sus historias, cuando una mujer avestruz le clava un picahielos en la cabeza.

El segundo personaje ideal para empezar con Crumb es Mr. Natural. Se trata de un viejo que es una especie de guru espiritual que aconseja a los jóvenes que se acercan a él, normalmente para aprovecharse de ellos. Es un curioso personaje cuya personalidad tiene dos vertientes. Por un lado, la sabiduría que le han dado los años dedicados al misticismo y la meditación; y por otro, el cinismo y las obsesiones sexuales más propios del autor. Mr. Natural está siempre acompañado del joven Flakey Foont, al que mete en más de un lío por los consejos que le da a la hora de afrontar ciertos aspectos y frustraciones de la vida. Es, en resumen, un cómic muy divertido en el que Crumb empezó además a asentar definitivamente su estilo de dibujo.

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Una vez dado este paso, es momento de acercarse a sus cómics autobiográficos, en los que Crumb desata por completo su subconsciente y deja al descubierto todas sus paranoias mentales. Ya que la mayor parte de estas historias aparecieron desperdigadas en revistas y publicaciones varias, tomaré como referencia los tomos que ha publicado La Cúpula en nuestro país. De entre ellos, yo creo que reflejan perfectamente esta etapa de su carrera ‘Mis problemas con las mujeres’ y ‘La historia de mi vida’. También, y como un apunte más de su trayectoria, podemos encontrar a un Crumb más comprometido socialmente en ‘Conoce a tu enemigo’, que contiene algunas historias muy divertidas y cargadas de denuncia social.

Por último, también son muy recomendables los cómics que realizó junto a Harvey Pekar bajo el título de ‘American Splendor’. Esta serie fue una creación de Pekar, que se encargó de los guiones y posteriormente la prosiguió con otros dibujantes. Pero la primera etapa la creó en compañía de Crumb, a quien había conocido en los 70 tal y como se relata en el film homónimo en el que Paul Giamatti interpreta a Pekar y James Urbaniak a Crumb. Harvey Pekar tenía muchas cosas en común con Crumb: también vivía al margen de la sociedad de su tiempo, era un coleccionista compulsivo de música de principios del siglo XX y era capaz de extraer de las situaciones cotidianas su lado más esperpéntico. ‘American Splendor’ es uno de esos cómics en los que no ocurren grandes proezas ni tragedias, pero los diálogos y los personajes que aparecen suplen perfectamente cualquier otro intento de espectacularidad.

Si os quedáis con ganas de más, podéis rastrear la red en busca de los números de la revista ‘ZAP Comix’, en los que encontraréis los primeros trabajos profesionales de Crumb; e incluso podéis probar con algunos otros personajes suyos (como Mr. Snoid & Angelfood McSpade), aunque estos últimos no se encuentran precisamente entre sus mejores obras. También, y esto sí es muy interesante para conocer mejor a este autor, vale la pena ver el documental ‘Crumb’ de Terry Zwigoff y leerse el libro ‘R. Crumb: Recuerdos y opiniones’ publicado en nuestro país por Global Rhythm Press.

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