‘Cielos radiantes’, Taniguchi, poético y trascendente

En ocasiones he comentado que, debido a la frenética actividad lectora a la que siempre me veo sometido —y no sólo a cuenta de lo que recibimos de las editoriales que termina apareciendo aquí, sino gracias también a la ingente cantidad de comic-books que leo en formato digital para intentar estar al día de lo que se cuece al otro lado del Atlántico— el placer de la relectura, uno que ocupó incontables horas en mis primeros años como coleccionista de tebeos, se ha visto reducido a su mínima cuando no inexistente expresión. Debido a ello, no es difícil imaginar que, cuando surgen ocasiones de revisitar títulos que ya resonaron con fuerza en su momento, este lector impenitente se frote las manos por la posibilidad de volver a zambullirme en aquella historia que tanto caló años atrás. Y, huelga decirlo —porque ya he afirmado hasta la saciedad de mi extrema filia hacia todo lo que produjo el mangaka—, si ese volumen viene firmado por Jiro Taniguchi, la ocasión es aún más digna de celebración.

Publicada originalmente por Ponent Mon en 2011 en formato cartoné, ‘Cielos radiantes‘ vuelve ahora a las estanterías vestida con otro acabado —rústica con solapas— pero, por contra, respeta el sentido de lectura original, uniéndose así a la paulatina recuperación en la forma de leer nipona que la editorial está llevando a cabo, poco a poco, y sin ninguna prisa, de la parte de la obra del maestro que nunca llegó a ver la luz así. Más, dejando de lado cuestiones que sólo convencerán a los más puristas —entre los que, cuidado, me cuento por cuanto nunca me han convencido las occidentalizaciones de manga—, lo que realmente importa es si esta historia, revestida de elementos sobrenaturales, es de las que cabría colocar a la cabeza de la producción de Taniguchi, si forma parte de ese reducido grupo que podríamos calificar de «poco interesante» o, peor aún, si pertenece a la aún más exigua agrupación que cabría tildar de «prescindibles». A tenor del titular de la entrada, no es necesario afirmar que, al menos en lo que a este redactor respecta, ‘Cielos radiantes’ se ancla con fuerza en lo mejor que el autor de ‘Barrio lejano’ o ‘El almanaque de mi padre‘ puso en pie a lo largo de su muy fértil carrera.

La premisa de partida de la historia es, como suele pasar con el «mangaka tranquilo», sencilla pero tremendamente atractiva: tras un accidente de coche, el espíritu de uno de los implicados termina en el cuerpo del otro, un joven que verá desplazada su personalidad mientras el alma del adulto que provocó la colisión intenta redimirse de lo que no hizo en vida. A servidor que, como sabéis, lleva viendo cine desde que tenía uso de razón, dicha propuesta le recuerda sobremanera a la que hacía ‘El cielo puede esperar’, comedia sobrenatural con Warren Beatty que, con el mismo título que una delicia magistral firmada por Ernst Lubitsch treinta años antes, giraba en torno a las reencarnaciones con muy buenos resultados. Pero en las páginas de Taniguchi no hay lugar para la ligereza de cascos de la cinta dirigida y protagonizada por Beatty y sí para una reflexión profunda y de gran calado emocional sobre aquello a lo que dar importancia en vida antes de que nuestra inevitable muerte nos arranque la posibilidad de disfrutarlo: en el caso de los dos personajes principales de ‘Cielos radiantes’, y como suele ser constante en Taniguchi, dicho discurso pasa por la apreciación de los valores familiares bajo ópticas diferenciadas que confluyen en dejar el mismo poso, el de considerar al núcleo familiar como el ámbito en el que el individuo mejor se realiza como persona.

Dicho discurso, muy arraigado en el zeitgeist nipón y en constante lucha con la rapidez con la que se mueve la vida en el país del sol naciente, es expuesto por Taniguchi con la calma y la sencillez que siempre caracterizaron al artista japonés, y sus páginas, lejos de ser consumidas con avidez, invitan a una lectura reposada que deje penetrar poco a poco, no sólo el mensaje que dimana de ellas, sino que permita apreciar, en toda su dimensión, el extraordinario trabajo a los lápices que aquéllas detentan. Aquí, en realidad, poco habría que añadir a lo que ya hemos comentado en tantas y tantas ocasiones: la delicadeza y elegancia de las formas de Taniguchi, que atañen tanto a trazo como a narrativa y composición, son las que dan forma a unas planchas soberbias a las que resulta imposible interponer un «pero», perfectas como son en toda dimensión que de ellas se quiera analizar. Sabiendo que, cuando aplicaba color, el artista no conocía iguales —y ahí está esa obra maestra llamada ‘Venecia‘ para demostrarlo— sólo podemos lamentar que, siguiendo la corriente mayoritaria de la concepción japonesa del arte secuencial, ‘Cielos radiantes’, como el 90% de la producción de Jiro Taniguchi, carezca de gama cromática. Pero dicha pega es, como se suele decir, «querer buscarle tres pies al gato». Estamos ante una obra perfecta. De cada uno dependerá tacharla sólo de sobresaliente o tildarla de algo más. Nosotros, ya lo hemos dicho antes, lo tenemos muy claro.

Cielos radiantes

  • Autores: Jiro Taniguchi
  • Editorial: Ponent Mon
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 308 páginas
  • Precio: 20 euros

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