‘Caramelos atómicos’, un «polar» sobresaliente

Caramelos Atomicos

Corría el mes de febrero de 2013 cuando, en nuestros últimos momentos como Zona Fandom, servidor escribía acerca de ‘Castilla Drive’, un polar (nombre con el que se denomina al género policíaco y negro en el país vecino) que se había hecho con el correspondiente premio en el Festival de Angouleme y que servía como impresionante carta de presentación de Anthony Pastor, artista de madre gala y padre español que nos dejaba anonadados con un relato intenso en el que, tanto el tratamiento de personajes como el hilo conductor de una atípica historia de detectives, se posicionaban en unas cotas insólitas de manejo de los mecanismos del noir, sentando las bases para que lo que estuviera por venir del autor fuera esperado como agua de mayo.

En este sentido ‘Caramelos atómicos’ no defrauda ni un ápice, y esta continuación de lo narrado hace un año es de esos ejemplos contados con los dedos de una mano que, no sólo no se quedan por detrás de sus predecesores, sino que, en muchos aspectos, superan a éstos, sirviendo así como demostración inequívoca que poca casualidad había en la grandeza de esa primera incursión que tanto y de forma tan brillante nos había sorprendido.

El único pero que, a priori, podría planteársele a ‘Caramelos atómicos’ es que su talante de secuela fuera impedimento para que los lectores que no se aproximaron a la primera parte dejaran ésta de lado creyendo que es estrictamente necesario la lectura de su antecesora para la precisa comprensión de su continuación. Nada más alejado de la realidad. Bien es cierto que si uno ya conoce a Sally Salinger, su peculiar situación personal y el estado en el que la dejó su marido. Si uno ya ha tenido contacto con sus dos hijos, con la carismática propietaria del salón de manicura sobre el que viven o con el novio de la protagonista, está claro que la implicación con los personajes durante el arranque de la lectura será mayor.

Caramelos Atomicos-interior

Afortunadamente, Pastor sabe lo que hace, y resuelve estos flecos de forma brillante a través de diálogos llamados a poner al día en sucintas líneas al lector que no disfrutara de ‘Castilla drive’ para, a continuación, meterlo de cabeza en la intensa y entreverada trama que plantea en estas 260 páginas. Una trama que, echando mano del espíritu del mejor cine noir, se mueve a varios niveles y que, de la misma manera que el anterior título del artista, se aleja lo suficiente de los patrones estrictos del género para, en el esfuerzo, casi inventarse lo que podría denominarse «noir costumbrista». Vamos, como lo que los hermanos Coen hicieron en ‘Fargo’ pero más áspero y con mucho menos humor.

Moviendo así su relato tanto en los márgenes de la investigación de Sally, como en otros aspectos más mundanos pero igualmente interesantes, Pastor logra con el desarrollo de la historia superar por momentos a la que le granjeó el premio de Angouleme, y la intensidad puntual de la misma sólo es equiparable a la magnitud de la narrativa que gasta de principio a fin del volumen, ya sea por acción directa de su personalísimo trazo y el derroche de talento que es el color, ya porque, en no pocas ocasiones, se busca deliberadamente que el ritmo de la acción visual entre en pugna con el que hubiera sido la elección fácil, otorgando el choque entre ambas (de nuevo, ritmo narrativo visual y ritmo de la historia) al autor la oportunidad de descolgarse con algunos momentos soberbios.

Creo que es innecesario afirmar la enormidad de lo que podemos leer aquí y la necesariedad de que, si eres amante del noveno arte, te acerques a las ajadas y carismáticas gentes y a las polvorientas y secas calles de Trituro, ese pueblo imaginario de la américa profunda que, muy a lo ‘Twin Peaks’, esconde más secretos de los que cabría encontrar en sus cuatro calles y media. Os puedo garantizar que no os arrepentiréis y que terminaréis ansiando, como servidor en estos momentos, que nuestro medio compatriota no abandone nunca este lugar en el que tanto podría llegar a desarrollar.

Caramelos atómicos

  • Autores: Anthony Pastor
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 260 páginas
  • Precio: 28 euros

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