‘As de pique’, la enorme belleza de lo terrible

Con la cantidad de historias personales que he dejado aquí a lo largo de los años, creo que nunca he hablado de lo que os voy a incluir a continuación. Si así ha sido, y mi memoria está peor de lo que imagino, os pido disculpas por adelantado. Si no, viajemos, una vez más, al pasado:

Cuando se es pequeño, uno de los momentos más deseados del año son las vacaciones de verano: dos meses con sus sesenta y pocos días en los que uno sólo debe preocuparse en no hacer nada —como mucho aquellas divertidas Vacaciones Santillana— y llenar sus horas de lecturas, playa, tele, juegos varios y, si es posible, más lecturas. En mi caso, las vacaciones estivales guardaron, durante unos pocos años, un significado más especial ya que era entonces cuando mi padre, ausente durante la práctica totalidad del curso por su doble trabajo como profesor y diseñador de interiores, pasaba más tiempo en casa; momento que un servidor aprovechaba para sentarme con él y que me contará y DIBUJARA historias bélicas. Artista consumado, mi progenitor era capaz de, mientras narraba alguna de las batallas decisivas de la Segunda Guerra Mundial, llenar un A4 con toda clase de tanques, soldados, aviones y lo que la historia le fuera pidiendo. Y así, señores, es cómo el que esto suscribe descubrió el fascinante mundo de la contienda que tantas horas de su vida ha llenado, ya sea a través de libros, películas y, como no, cómics.

Así las cosas, creo que no hay que precisar con detalle cuántas incontables han sido las historias que han pasado por mis manos sobre aquellos funestos seis años pero sí, porque viene muy al caso, cuáles de ellas, al menos las correspondientes a formato impreso, han calado muy hondo en mi memoria como para tenerlas como auténticos e imprescindibles referentes en lo que a cómic bélico se refiere. Así, sin pensar mucho, os diría que en ese grupo de lecturas que uno debe hacer sí o sí, se encuentran ‘Wannsee‘, ‘Ernie Pike‘, ‘¡No pasarán!‘, ‘El viaje de Marcel Grob‘, ‘Los zapatos rojos‘, ‘La prórroga’, ‘La esperanza pese a todo‘, ‘Colaboración horizontal‘, ‘Diario de Guerra: Hugo Pratt‘…o, por supuesto, esta obra maestra que ahora reedita ECC que es ‘As de pique‘. Una obra que ya fue consumida con avidez cuando Dolmen fue la encargada de publicarla allá por 2009 con una calidad no del todo adecuada y que, ahora, 12 años más tardes, vuelve a redescubrirnos —incluso a los que, como yo, la hayáis leído más de dos veces— la magnificencia del trabajo de Ricardo Barreiro y Juan Giménez.

A los guiones, el primero crea un cómic apasionante en pequeñas dosis de diez páginas. La constricción en la extensión de las historias no es impedimento para que entre ellas se vaya tejiendo un tapiz que no conoce límites geográficos, algo que aumenta sobremanera el carácter de universalidad que Barreriro pretende dar a ‘As de Pique’. A diferencia del ‘Diario de guerra’ de Pratt, con el que guarda ciertas concomitancias, ‘As de pique’ no está escrito por ingleses ni tiene la clara intención de sublimar el heroicismo del ejército británico durante la contienda. Por contra, el tebeo de los argentinos no se casa con nadie, ofreciendo una realista y descarnada visión de la guerra en la que no hay héroes, ni tampoco buenos ni malos, sólo hombres luchando del lado de un poder u otro y dejándose la vida por defender un ideal, sea éste cual sea.

La neutralidad del guión para con uno u otro bando, y el claro posicionamiento del escritor del lado de la humanidad queda patente en muchos de los magníficos capítulos que trufan tan estupenda lectura. De todos ellos, hay varios que sobresalen en el sentido que estamos comentando, sirviendo como severa crítica hacia lo absurdo de la guerra: ‘El Juego del Gato y el Ratón’, en sus dos partes, nos permite conocer las motivaciones de aviadores aliados y alemanes pudiendo observar que las acciones de unos no siempre respondían a elevados ideales de libertad, sino simplemente de cumplir órdenes, y las de los otros —como se ha puesto tantas veces de manifiesto desde el fin de la guerra—no tenían porque adherirse a los postulados del nazismo, lo que queda de relieve aún de forma más patente en un capítulo sin título en el que uno de los miembros del As de Pique cae en territorio alemán.

Junto a estas tres historias, hay otra terna que no puede dejar de ser mencionada, la formada por ‘Una Misión de Rutina’ y las dos partes del bombardeo a Dresde. La primera, sin diálogos de ningún tipo, pone de manifiesto la brutalidad y sin sentido de muchos de los ataques que se llevaron a cabo sobre algunas ciudades alemanas —la imagen de la sombra de la niña es sobrecogedora—. Las otras dos, incidiendo sobre el mismo aspecto, evidencian la determinación de los pilotos de uno y otro bando por cumplir con su deber, aunque este fuera tan terrible como el que describe Barreiro con todo lujo de detalles. Detalles que son capturados hasta límites espectaculares por el arte de un Juan Giménez en estado de gracia.

El dibujo del argentino, no es que apunte maneras, es que es tanto o más espectacular que muchas cosas que le hemos podido leer después —y me estoy acordando, obviamente, de ‘La Casta de los Metabarones‘—: con esa facilidad que siempre ha tenido para caracterizar a sus personajes, donde el trazo de Giménez se muestra arrebatadoramente inspirado es en la maquinaria bélica que tantas páginas del volumen ocupa —al fin y al cabo se trata de las aventuras de un bombardero—, dibujando el artista con soltura inusitada y todo lujo de precisión, todos aquellos aviones, barcos o submarinos que en un momento u otro aparecen en las páginas. Y todo ello haciendo gala de una narrativa magistral que, sin perder de vista la claridad secuencial en ningún momento —los combates aéreos son prodigiosos—, se atreve además a explorar recursos muy vistosos, como los puntos de vista subjetivos, la rotura de una estructura cerrada —en contraposición a lo que si veíamos en el trabajo de Pratt para los Diarios de Guerra— que permite maquetar cada página a su antojo, u otros muy llamativos como el trozo de carrete fotográfico en el que queda recogido secuencialmente el tiroteo a un avión.

La edición de ECC se completa, en un tomo muy bien presentado en tapa dura, con sendos prólogos de Juan Giménez y Antoni Guiral, e ilustraciones a color de la edición original que Toutain publicara a finales de los ochenta, concretando un tomo INDISPENSABLE para cualquier aficionado a los cómics y de paso, probablemente, uno de los tebeos que mejor ha conseguido hacer bello y maravilloso el terrible arte de la guerra.

As de pique

  • Autores: Ricardo Barreiro y Juan Giménez
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 248 páginas
  • Precio: 30 euros

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