Fringe encuentra su público

Debo confesar que hasta la fecha me limitaba a consumir la nueva serie de J.J.Abrams como un producto más, una versión de Expediente X venida a menos en lo que a carisma se refiere donde los extraterrestres habían sido sustituidos por una megacorporación capaz de los milagros más disparatados de la ciencia bajo la difusa excusa de “El Patrón”.

Comencé a ver el último episodio de Fringe, Ability (Capacidad), partiendo desde este punto, sin la menor esperanza de encontrar en mitad de la temporada la magia característica de otras series de Abrams como Perdidos o Alias. No podía estar más equivocado y ahora, por fin, conocemos al Milo Rambaldi (ver Alias) de la serie, lo que la diferencia, lo que hará que esperemos ansiosos un nuevo episodio (Inner Child, el próximo 7 de abril).

Alerta de SPOILER Y es que ya me diréis, descubrir que los que eran malos ahora parecen ser buenos; toparnos con que Olivia Dunham tiene poderes gracias a un compuesto desarrollado por William Bell y patentado, como no, por Massive Dynamic; las revelaciones del manuscrito Zerstörung durch Fortschritte der Technologie (Destrucción por el Continuo Avance Tecnológico) empezando por el conflicto entre nuestro mundo y un universo paralelo (dando sentido a “El Observador”) y terminando por su propio autor, ni más ni menos que el mismísimo Walter Bishop; o la incógnita final de cuales han sido los “terribles efectos secundarios” de la teletransportación de David Robert Jones. Fin del SPOILER Ahora sí, Abrams is back!

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