Lost Odyssey: Cuando Vagabond conoció Final Fantasy

Japón es un país de costumbres, qué duda cabe. Un lugar donde el respeto a las tradiciones y a la propia identidad rozan en ocasiones lo absurdo y contradictorio. Y si no, que se lo digan a Microsoft

Desde su lanzamiento hace ya más de dos años, la compañía de Redmond ha destinado en el país del Sol Naciente cantidades obscenas de esfuerzos y dinero en la promoción de su consola de nueva generación, la Xbox 360, tan sólo para encontrarse con el infranqueable muro de una industria que se resiste a darle una oportunidad a un producto genuinamente gaijin, por más personalizado que esté.

Una de los golpes de efectos más sonados ha sido el de la financiación en exclusiva de Mistwalker, una compañía fundada por Hinorobu Sakaguchi (el genio detrás de la saga Final Fantasy) y que ha destinado su producción casi en exclusiva a la consola de Bill Gates.

Una producción que ha tratado de apelar, a golpe de talonario, al mismo corazón de los jugones nipones con RPGs hechos a medida de su público y que cuentan con todos los ingredientes que, de haber tenido lugar en una consola japonesa, habrían sido con casi toda seguridad recordados como grandes hitos del videojuego.

Con resultados económicos dentro del margen esperado en cuanto a software, pero prácticamente inconsecuentes en términos de venta de hardware (el objetivo ulterior), el lado más positivo de esta conquista aún infructuosa del mercado japonés es el que repercute en el jugador, en ese amante de las historias más grandes que la vida, de la épica electrizante y las sensaciones tan profundas que sólo el gusto por el detalle y la profesionalidad de los grandes artesanos de las emociones saben proporcionar. Os hablo, en esta ocasión, de Lost Odyssey.

Lost Odyssey, puro amor pixelado

La odisea perdida de Mistwalker nos narra la historia de Kaim Argonar, un inmortal que ha sido privado de sus recuerdos y que se ve inmerso en una aventura que le llevará a desvelar una conspiración de proporciones mundiales en la que se pondrán en tela de juicio sus creencias, el amor a la familia y hasta el mismísimo sentido de la vida.

Acompañado de un elenco de hasta 8 personajes más, Kaim recuperará poco a poco retazos de su memoria perdida al tiempo que conocerá nuevos aliados, llorará las pérdidas, amará y nos transportará desde la pantalla de nuestro televisor a un mundo del que no querremos despedirnos ni siquiera tras las más de 60 horas que el título atesora.

Dividido en 4 DVDs (y a pesar de la pobre edición PAL), contar más de la historia de Lost Odissey sería un insulto para el trabajo del señor Sakaguchi, quien además se ha servido de la colaboración del conocidísimo Takehiko “Vagabond” Inoue para el diseño de los personajes y la recreación gráfica de un mundo nuevo, deudor en espíritu y ejecución de los mejores Final Fantasy y, al mismo tiempo, imbuirlo de una personalidad y fuerza que sólo el mangaka podría imprimir.

Kaim y Seth, dos de los personajes diseñados por el mangaka de culto

El sistema de juego es el clásico rol por turnos, al que se ha integrado un novedoso sistema de anillos y habilidades que dotan por un lado de mayor dinamismo a los combates, así como de un componente estratégico con la suficiente profundidad como para que lo aprecien tanto los más neófitos como los curtidos en mil batallas.

En cuanto al desarrollo de la aventura, puede decirse que se han tomado prestado elementos más “occidentales” a la hora de elaborar el avance de la historia, con la introducción de varios puzzles de resolución clave para seguir avanzando como sobretodo en el sistema de niveles del juego, que le tiende una pequeña trampa a los que tienden a subir niveles durante horas para asumir sin riesgos los combates más pesados del juego. En Lost Odissey, no solo las batallas (aleatorias, eso sí, como mandan los cánones) serán menos frecuentes de lo habitual, sino que el sistema se ha optimizado para que en todo momento vayamos muy ajustados y se premie la habilidad y la estrategia por encima del tesón y la experiencia.

El apartado gráfico del juego se muestra a la altura de la consola con momentos de gran espectacularidad

El apartado musical corre a cargo del mítico Nobuo Uematsu, gran amigo de Sakaguchi y sobre cuyos hombros recae el peso de dar empaque y aún más personalidad al título. Su gran experiencia y su aún mayor talento sobrepasan el obstáculo sin problemas, creando uno de sus mejores y más equilibrados trabajos de los últimos años en el campo de los videojuegos, con melodías que se graban a fuego en el subconsciente y hasta dos temazos vocales escritos por él mismo.

Por si fuera poco, otro de los elementos que hacen único a la producción de Mistwalker son los relatos escritos por el prestigioso novelista Koyoshi Shigematsu, que con su bella prosa consigue sobrecoger con cada una de las historias que narran el pasado de nuestro protagonista, con altas dosis de melancolía y drama que llegarán hasta al más solemne.

Lost Odyssey está a la venta desde el pasado mes de febrero, y es desde luego una compra obligatoria para todos los poseedores de la Xbox 360. Con el único requisito de que os gusten los juegos de rol japoneses y no temáis a los recurrentes y pesados tiempos de carga, la última obra maestra de Hinorobu Sakaguchi se merece un puesto de honor en vuestras estanterías y, por supuesto, en lo más profundo de vuestro corazón.

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