‘A Game of Thrones: Genesis’: Vais a odiar a Cyanide

Game of Thrones Genesis

Todos nos temíamos que ‘A Game of Thrones: Genesis’, el primer videojuego basado en ‘Canción de Hielo y Fuego’, no iba a acabar bien. Por muchos factores: por las pintas, por el miedo habitual a una adaptación, por elegir ser un RTS (cuando quizás a ‘Juego de Tronos’ lo que le pega precisamente es la estrategia por turnos y por la compañía encargada de la adaptación.

Pero, a ver, en algún momento a todos nos llega el momento de dar el salto, incluso aunque sólo sea un destello esporádico y luego, los que de talento andamos escasos, tengamos que volver a nuestra mediocridad (sana, generalmente, que tampoco hacemos demasiado daño a nadie). Y en eso, en que Cyanide aprovechara para dar el salto, es en donde estaban depositadas nuestras esperanzas. Ahora queda claro que era bastante vanas.

La búsqueda de un gameplay diferente

Game of Thrones Genesis

No todo van a ser defectos, aunque luego nos encargaremos de señalar los más obvios (sí, puede que esté muy feo hacerlo, pero así vais avisados). ‘A Game of Thrones: Genesis’ quiere ser un RTS, pero también quiere diferenciarse de un ‘Total War’ que ya se ha convertido en el estándar. Y tenía la obligación de intentar algo así para tratar de plasmar de los engranajes que mueven el “juego de tronos”, que al fin y al cabo es lo importante de la saga de Martin.

La idea de “turnificar” el tiempo real, de darle más importancia al espionaje que a las grandes batallas, de manejar las partes escondidas del Reino a la vez que las visibles, acaba siendo un batiburrillo de cuidado. Ni logran el frenesí que necesita todo RTS (esa calma tensa aquí pocas veces estalla en una tormenta desastrosa para tus intereses) ni tampoco puedes concentrarte en un plan estratégico a largo plazo.

Es una pena, porque las ideas de diplomacia que despliegan para tratar de hacer honor a la saga de Martin podrían haber funcionado. Y también es cierto que incluso un RTS puede adoptar otro ritmo al que estamos acostumbrados. Pero Cyanide consigue que lo diferente sea aburrido; pecado mortal. Y no, buscar algo diferente no es valiente: es una soberana insensatez cuando, ya de paso, no aprovechas tus mejores armas con la franquicia, que es precisamente por la que has decidido que esto se juega así (o asá).

¿Una licencia sin licencia?

Porque vamos con lo peor de todo, con una sucesión de errores monumentales que dejan al pobre ‘Genesis’ a los pies de los caballos y, lo que es peor, que indican que Cyanide no tiene demasiada intención de salir de su gueto de desarrollador mediocre:

  • ¿Por qué se les ha ido la mano tanto en el lado de la diplomacia que han renunciado a las grandes batallas? ¿Por qué la fuerza bruta está tan poco equilibrada que no sirve como táctica de juego?
  • ¿Quién tuvo la genial idea de hacer un Westeros tan impersonal, que no transmitiese nada, ni necesidad de conquista?
  • ¿En serio, “Feudal Home” como lugar de inicio para todos los bandos? ¿No utilizar los escenarios míticos es una decisión correcta? ¿Se lo parece a alguien en el equipo? ¿No pagaron lo suficiente?
  • ¿Alguien ha leído los libros, de verdad, o sólo un resumen?
  • El límite de los 100 puntos de prestigio es uno de los más cortos que se haya visto últimamente. Y, pese a ser fácil, las partidas se hacen eternas.
  • ¿Por qué tiene toda la pinta en tantos detalles pequeños de estar a medio hacer?

Es una lastima que esto es todo a lo que podemos aspirar hoy en día. Y peor aún que Cyanide sea también quien vaya a ponerse detrás del inminente RPG que se prepara con el material de Martin. Como hagan otro juego tan errado por el aparente poco empeño puesto en él, vais a odiarles.

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Roberto Jimenez @fancueva

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