‘Voces de una estrella distante’, amor intergaláctico

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Se suele decir que las relaciones a distancia no funcionan, y aunque cada persona tendrá su propia experiencia al respecto, no me extrañaría que esa máxima se cumpla a menudo. Ahora bien, cuando decimos esa clase de cosas, la distancia que separa a los dos miembros de la pareja no suele llegar más allá que unos pocos cientos de kilómetros. Sin embargo, ¿qué pasaría si esa distancia fuera todavía mayor? ¿Y si en lugar de estar separados por unas cuantas ciudades o provincias, los amantes estuvieran distanciados por toda una galaxia? Pues eso es precisamente lo que les ocurre a Mikako y Noboru, los protagonistas de ‘Voces de una estrella distante’.

La historia nos proyecta unos cuantos años en el futuro, aunque tampoco demasiados, concretamente hasta el 2046. Los viajes espaciales son una realidad y, durante la exploración por el cosmos, la humanidad se ha topado con una raza extraterrestre cuyos miembros se hacen llamar tarsianos. En este contexto, Mikako y Noboru son dos novietes de instituto con una relación muy a la japonesa: nos lanzamos miraditas, pasamos tiempo juntos y nos ponemos colorados cuando el otro nos mira, pero ni llegamos a consumar, ni tenemos muy claro en el fondo si esto es una relación o una amistad malinterpretada. El caso es que, antes de que les dé tiempo a aclarar sus ideas, Mikako se alista para ir al espacio y pilotar uno de esos mechas gigantescos tan habituales en el manga. Sin embargo, Noboru se queda en la Tierra y la única manera que tiene de mantenerse en contacto con Mikako es a través de unos mensajes de móvil que cada vez tardan más en llegar, a medida que la joven se aleja de nuestro planeta. Llega incluso un punto en el que lo que escribe Mikako un día, no lo leerá Noboru hasta pasados más de ocho años.

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Con esta premisa vio la luz el mediometraje de animación homónimo que nos sirvió a muchos para descubrir el talento de Makoto Shinkai. Él solito, con ayuda de su mujer y de un amigo que aportó la banda sonora, se encargó de escribir, dibujar, animar y producir esta historia en la que ya encontramos muchos de los temas recurrentes de su filmografía posterior, como la soledad, la amistad y las ya citadas relaciones a distancia. Lo que hoy tenemos entre manos es la adaptación al manga de ‘Voces de una estrella distante’, que recoge con fidelidad los acontecimientos de la película original. En ese sentido, la adaptación es impecable: los sentimientos de los dos protagonistas nos embargan y logramos meternos en su piel casi desde las primeras páginas.

Pese a todo, se podría haber sacado mayor partido de esta adaptación, de manera que enriqueciera y ampliara la obra original, como ocurrió con la adaptación de ‘5 centímetros por segundo’. Habría estado bien ampliar un poco la historia, para ir más allá de lo que se contaba en los escasos 25 minutos que duraba el mediometraje, y ya de paso corregir algunas de sus carencias, como el hecho de que llegue un punto en que la historia parezca girar sobre sí misma sin avanzar realmente en ninguna dirección. En cuanto al dibujo, la por entonces primeriza Mizu Sahara se desenvuelve con bastante solvencia, aunque sin llegar a brillar en ningún momento. Eso sí, su estilo próximo al shojo le sienta como un guante a la historia, y crea un contraste interesante entre aquellas páginas más intimistas y esas otras que están pobladas por robots gigantes propios del género de aventuras y ciencia-ficción.

Voces de una estrella distante

  • Autores: Makoto Shinkai y Mizu Sahara
  • Editorial: Planeta Cómic
  • Encuadernación: Rústica con sobrecubiertas
  • Páginas: 232
  • Precio: 9,50 euros

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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