Robot volumen 3: otra joyita visual

Robot

Seguro que os habréis detenido más de una vez en las estanterías de vuestra tienda habitual a curiosear las páginas de alguno de los 3 volúmenes de Robot que hasta la fecha se han publicado en nuestro país. Y no es para menos. Al margen de los art-books, ningún manga se había publicado en un formato tan grande y con historias a todo color, realizadas por atistas poco conocidos pero de un innegable talento.

Robot es un proyecto iniciado por Range Murata, artista gráfico que ha participado en animes como Blue Submarine No. 6 y Last Exile. La idea era crear una publicación que sirviera de plataforma a jóvenes ilustradores y mangakas que, a pesar de su calidad, aún no hayan conseguido hacerse un hueco en el mercado del cómic japonés. El primer volumen apareció en Japón en octubre de 2004 y hasta ahora se han publicado 10.

En España acabamos de estrenar el tercer tomo de la colección, que sigue una periodicidad bastante libre, puesto que el primer volumen apareció hace ya más de un año. Nuevamente, nos encontramos con un compendio de historias cortas e ilustraciones que destacan por su apabullante calidad gráfica.

Sin embargo, no es este el único atractivo de Robot. Las historias que contiene abordan temáticas muy diversas desde una óptica en la que prima la originalidad, alejándolas de los estándares del manga que se publica tanto aquí como en Japón. Unas apuestan por el humor más gamberro (Robo-Gorrión, de Sabe), otras por el intimismo y las relaciones personales (Sensualidad, de Kengo Yonekura), y otras por el terror gótico (Dragon Fly, de Shigeki Maeshima).

Es de agradecer que los autores participantes no sólo se hayan volcado en el apartado gráfico que, por otro lado, está lleno de contrastes: de la caricatura al realismo más crudo; del color generado por ordenador a las acuarelas de toda la vida; de la composición habitual del manga a las influencias del cómic americano e incluso europeo. Como decía, y a pesar de los inevitables altibajos, cada manga nos deja interesantes pinceladas sobre sus personajes protagonistas que requieren la complicidad del lector para extraer todo el jugo de estos argumentos aparentemente mínimos.

De todas las historias que contiene este volumen, yo me quedo con dos. En primer lugar, Pez y El Profesor Thunder Land, de Hiroyuki Asada. Un atípico relato de ciencia-ficción que lleva desarrollándose desde el primer volumen de Robot, aunque no es indispensable haber leído los dos episodios anteriores para disfrutar de este. A esta peculiar pareja protagonista, hay que sumar la sobrecogedora atmósfera que crea el autor con el uso de tonos sepias y morados para obtener sus principales virtudes.

No estaría nada mal que este manga tuviera su propio tomo recopilatorio en el futuro. Por ahora su autor está publicando la serie Tegami Bachi, que tiene una pinta estupenda.

Pez

En segundo lugar, me quedo con La lluvia al atardecer, de Yasuto Miura. Apenas cuatro páginas que, al igual que los capítulos anteriores, buscan el puntito fantástico en la realidad cotidiana a través de una niña pequeña, Momoko. Miura recrea con maestría el ambiente de un pequeño pueblo japonés y aplica el color con el mimo artesano de su pincel.

A cambio de estas dos genialidades, otros mangas como Batchy Twins (Mami Itou) y Sedouka (Shin Nagasawa) me dejan mucho más frío a nivel de guión, aunque sigan siendo una delicia para los ojos.

RobotreviewRobot es una publicación estupenda para deleitarse la vista y para estar al tanto de la sangre nueva que surge de la cantera japonesa. A pesar de las diferencias de calidad entre unas historias y otras, el resultado en conjunto es demasiado bueno como para defraudar. La mayor pega radica en el precio, claro, y es que es una edición muy cuidada, con enormes páginas en papel de calidad y a todo color; pero los 25 pavos duelen, duelen mucho. Aunque creo que la mayor parte de otakus ya andarán curados de espanto.

Más información | Glénat
Imágenes | Robot vol 3 © 2005 / WANIMAGAZINE CO., LTD

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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