Puedo escuchar el mar [Especial Studio Ghibli]

Tras un pequeño descanso navideño retomamos nuestro especial sobre el Studio Ghibli con ‘Puedo escuchar el mar’ (Umi ga Kikoeru, 1993), un especial de televisión basado en la novela homónima de Himuro Saeko (por aquel entonces una de las escritoras más populares entre el público femenino), que destaca por ser la primera película del estudio dirigida por alguien al margen de Hayao Miyazaki e Isao Takahata. Esta enorme responsabilidad recayó sobre Tomomi Mochizuki, un joven director de tan solo 35 años que ya se había labrado bastante renombre por su trabajo al frente de las películas de ‘Kimagure Orange Road’ y ‘Maison Ikkoku’.

Taku Morisaki, un estudiante de una universidad de Tokio, viaja hasta su ciudad natal para celebrar una reunión de antiguos alumnos. En el avión, Morisaki empieza a recordar sus días de instituto junto a su mejor amigo, Yucata Matsuno, y la chica que lo cambió todo entre ellos, Rikako Muto. Muto, era guapa, deportista y una estudiante extraordinaria, pero no lograba adaptarse a su nueva vida en el pueblo tras mudarse desde Tokio a causa del divorcio de sus padres. Para Matsuno, un joven tímido aunque aplicado, fue amor a primera vista pero, ¿qué es lo que siente Morisaki al respecto?

«El amor y las dudas de los 17 años teñidos con la calma que da el paso del tiempo.» Con esta acertada frase se describía la película así misma en su trailer original, definiendo con exactitud el tono de una historia cuyo mayor mérito es ofrecernos una visión realista e interesante de los romances escolares sin necesidad de recurrir a ninguno de los trucos y artificios de los que habitualmente se sirve el género.

Precisamente por este motivo, la película causa reacciones opuestas en función de las propias vivencias de quien la ve; intrascendente para unos, sincera y evocadora para otros. Para mi, ‘Puedo escuchar el mar’ es una historia en la que hay mucho más de lo que se ve, una historia en la que el protagonista no es el amor, sino de las tonterías que hacemos para protegernos a nosotros mismos o a los demás.

Pese a tratarse de un proyecto con un presupuesto ajustado, hace gala de una animación limpia y atrevida que muestra un uso muy efectivo de la cámara con encuadres frescos y algún que otro efecto bastante interesante como el cambio del plano enfocado. A su cargo estaba Katsuya Kondo, director de animación y diseñador de personajes de la película, para quien la historia no era ninguna desconocida puesto que ya había ilustrado la novela original.

Aun sin estar a la altura de las obras maestras de Ghibli, ‘Puedo escuchar el mar’ ofrece un retrato sutil y hermoso de las relaciones personales, de la adolescencia y el amor que merece la atención de los aficionados al estudio. Disfrutadla sin crearos ninguna expectativa y probablemente os sorprenderá.

Algunas curiosidades

* El proyecto buscaba permitir que algunos de los miembros más jóvenes del estudio (de entre 20 y 30 años) pudiesen realizar en poco tiempo una película razonablemente barata, pero al final terminaron saltándose el presupuesto y el calendario inicial.
* Al director Tomomi Mochizuki le ofrecieron encargarse de las OVAs de ‘Here is Greenwood’ cuando aún se encontraba trabajando en el proyecto de Ghibli, y él, ni corto ni perezoso, aceptó el reto. La presión hizo mella en él y durante la producción tuvo que ser hospitalizado con anemia a causa de un úlcera duodenal. A pesar de esto, Mochizuki logró terminar su trabajo desde el hospital mientras aún se alimentaba por vía intravenosa y ambas obras obtuvieron el reconocimiento del público.
* La mayor parte de la película tiene lugar en la ciudad de Kouchi, situada en Shikoku, la más pequeña de las cuatro islas principales que componen Japón al sur del país.
* La estación en la que Taku ve a Rikako es la estación Kichijoji de la linea Chuo de Tokio, cerca de la cual se encontraba originalmente el Studio Ghibli antes de que se trasladasen en 1992 a Koganei.
* En esta misma escena en la estación puede verse un poster de ‘Porco Rosso’ pegado en una pared. Porco también aparece en la escena del festival escolar, y en un anuncio de televisión aparece la palabra «Ghibli» en clara referencia al estudio.
* Saeko Himuro escribió una secuela en 1995, su última novela hasta la fecha. ‘Umi ga Kikoeru II ~ Ai ga Aru Kara’ (Puedo escuchar el mar 2: Porque siento el amor) fue ilustrada nuevamente por Kondo y Tokuma Shoten volvió a encargarse de su publicación. Desgraciadamente, en lugar de adaptarse también al anime, tan solo llegó a materializarse en forma de un deficiente telefilme de imagen real con un pésimo guión lleno de tijeretazos para lograr que encajar la historia de los dos libros en sus dos horas de duración, un reparto de actores sin el menor talento y una Rikako que, para colmo, ni tan siquiera era realmente atractiva.
* El título de la película en español, ‘Puedo escuchar el mar’, es una traducción directa del japonés, ‘Umi ga Kikoeru’, y aunque en inglés se terminó titulando como ‘Ocean Waves’ (Las olas del mar) la cinta sigue siendo más conocida en los países angloparlantes por su traducción directa, ‘I Can Hear the Sea’. Lo curioso es que en la película, más allá de una escena en la que los protagonistas contemplan el mar, es difícil encontrar una relación directa con el oceano y parece que la idea es más bien expresar de una forma abstracta lo que se siente al descubrir el amor; como escuchar las olas del mar por primera vez.
* La película se estrenó el 5 de mayo de 1993 durante la festividad del Día de los Niños (que además es también el último día de la Golden Week), coincidiendo con la celebración del 40 aniversario de la NTV y el lanzamiento de «Nandaro», la mascota de la cadena creada por el mismísimo Hayao Miyazaki junto a una serie de spots dirigidos también por él. La NTV tiene una conexión muy íntima con el Studio Ghibli y posee los derechos exclusivos de emisión de sus películas.
* La edición en DVD de Aurum no pasará precisamente a la historia dentro de la colección Ghibli y a diferencia de la edición original japonesa que cuenta con dos discos y un documental de 45 minutos con el equipo de producción, la española apenas si incluye un mísero tráiler. Por suerte, al menos es facil de encontrar a precio de saldo.

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Miguel Michán @miguelmichan

He visto más películas de ciencia ficción y terror de las que mis padres deberían haber permitido. He pasado noches en vela encarnando a un poderoso mago neutral malvado. He llorado con algún que otro juego de Square. Y hasta llegué a convertir mi pasión por el manganime y la cultura japonesa en una forma de ganarme la vida cuando, en Noviembre de 2000, creé Shirase, una revista especializada que dirigí durante tres años mientras colaboraba en las revistas Dokan y Minami. Así que sí, puede decirse que llevo con orgullo eso de ser un friki como la copa de un pino. ¡A mucha honra!

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