Otaku in Love, el simple amor de un friki

Otaku in Love¿Cuántas veces se habrá oído eso de que la realidad supera la ficción?. Es más, ¿cuántas de esas sorprendentes historias reales han servido de inspiración para obras de ficción?. En ambos casos la respuesta esta clara, muchísimas. Pero el ejemplo de Otaku in Love, de Hidenori Hara, es algo especial, ya que no se trata de ningún hecho histórico o una destacada tragedia lo que ha inspirado a este manga, sino que la chispa creativa se encendió por una simple historia de amor. Que bonito.

Allá por el año 2004, en un canal dedicado a los solteros empedernidos del sistema de foros japonés llamado 2channel comenzó una, en apariencia pequeña conversación entre los usuarios que poco más tarde trascendió en algo mucho mayor. Uno de los usuarios, que resulta ser un otaku de pura cepa, comentaba que se había enfrentado a un borracho que estaba increpando a un grupo de señoras y a una bella señorita en el vagón de un tren. Más tarde, este valiente otaku recibiría un regalo de agradecimiento de la hermosa joven a la cual auxilió.

A partir de ahí, y animado por el resto de usuarios del foro, el otaku, que pasaría a ser conocido como «El hombre del tren» o «El del tren», intentará vencer su timidez crónica para conseguir una cita con la agradecida muchacha, de la cual se ha enamorado. Esta premisa, que parece un poco simple y sin importancia, ocurrió realmente y se transformó en una inmensa bola de nieve que atrajo a muchos más usuarios al canal del foro en donde el pobre otaku contaba los avances en su empeño por conquistar el corazón de su enamorada.

Fue tal el revuelo que se levantó con esta historia que el hilo del foro se recopiló en un libro que arrasó en las listas de ventas. Ese sólo fue el primer paso, ya que tras el libro vino la película y seguidamente el dorama, ambos con el título de Densha Otoko y ambos fueron una exitazo en sus feudos. Otaku in Love es una de las numerosas versiones de la historia que se publicaron en formato manga que, gracias a Glénat, llegaron a España en forma de colección limitada de tres tomos.

No conozco la historia real que inspiró este manga, pero si tuviera que elegir entre todas las versiones contadas sobre la misma, apostaría que la más fidedigna sería la contada en Otaku in Love. Y digo esto porque la historia de Otaku in Love es simple y clara. Chico conoce a chica, chico se enamora de chica, chico y chica tontean y … bueno, no desvelaré el final. Es muy posible que uno, al leer este manga, rememore sus tiempos en los que coqueteaba con la chica que le gustaba en el instituto antes de conseguir que fuera su novia, y es que el amor es igual aquí que en Tokio.

Es esta sensación de ya saber de que va la cosa su mayor virtud y la vez su mayor defecto, porque por un lado engancha de la misma manera que lo hace una comedia romántica y por el otro lado no sorprende nada. Cada uno de los tres tomos parece estar contando lo mismo. La trama de Otaku in Love parece totalmente un ciclo que transcurre desde que acaba una cita entre los dos protagonistas y comienza la siguiente, donde casi todo vuelve a empezar. A la trama le falta algo más de peligro, algo que rompa la bella monotonía que envuelve a los protagonistas, algún peligro que amenace su felicidad y su posible futuro juntos. Está claro que eso iría en contra de la fidelidad de la historia con la realidad en la que se basa, pero hay veces en las que hay que decorar la realidad para hacerla más atractiva, siempre que no se cambie su sentido por completo.

Otaku in loveA fin de cuentas Otaku in Love es una historia simple como el amor que derrocha en sus páginas y que quizás despierte algo de nostalgia en algunos. Le falta algún aliciente extra para ser una versión de la historia real más atrayente de lo que es, cosa que, por ejemplo, sí cumple el Densha Otoko del dorama. Medios distintos, la misma historia, esta vez el manga sale perdiendo.

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Roberto Pastor @Roberto_Pastor

Hijo de Dragon Ball, consumidor de manga y anime junto a otros instrumentos de diversión como el cine y los videojuegos. La treintena me ha traído más sensatez pero no menos diversión, o al menos eso es lo que quiero pensar. Geográficamente me sitúo en San Vicente del Raspeig (Alicante).

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