¿Os acordáis de… Calm Breaker?

Llego el caos

Hace un buen puñado de años, cuando todavía no se estilaba por aquí la publicación en tomos y el sentido de lectura oriental, Planeta publicó una miniserie de 7 números llamada Calm Breaker. Esta obra, escrita y dibujada por Masatsugu Iwase, era una parodia divertida y gamberra del género mecha.

Todo comienza cuando el inventor Toshiya Sakazaki, que trabaja para la empresa Kamata, construye un robot de combate con la apariencia de una atractiva colegiala. Sayuri tenía todas las papeletas para convertirse en una sanguinaria máquina de matar, pero Toshiya le introdujo por error los programas de chistes y bromas olvidándose del programa principal, el de lucha, así que no le queda más remedio que tratar de llevar una vida normal.

Pero como podemos ver a lo largo de la serie, eso es imposible. Sin olvidar ciertas características que la alejan de las chicas normales (como sus latentes habilidades guerreras), los ataques de vacas gigantes voladoras y los intentos de la empresa contraria KKK (Kurahashi Kogyo Kabushikigaisha, el nombre no es casual, su máximo dirigente va encapuchado a todas partes) por destruir a Sayuri hacen de esta serie una alocada sucesión de acontecimientos psicotrónicos.

Ataque vacuno

En realidad, en España sólo hemos llegado a ver la punta del iceberg de esta obra, ya que en Japón ocupó varios tomos recopilatorios. Por ejemplo, Sayuri acude al instituto en vista de su incapacidad para convertirse en una nueva y revolucionaria máquina de matar, pero en la miniserie apenas se trata de refilón.

Lo más divertido, en cualquier caso, es el carácter ingenuo de Sayuri (en la mejor tradición del primer Son Goku) y las peleas con mechas como el samurai grandilocuente, el tristón empedernido y el cyborg con apariencia de tía buena que viene de EE.UU.

No sé si le dará a alguien por reeditar esta serie, pero al menos no perdáis el rastro a estos 7 números, ya sea a través de la red o en mercadillos callejeros.

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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