Ocho razones para leer ‘Yakitate!! Ja-Pan’ y descubrir un suculento shonen

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‘Yakitate!! Ja-Pan’ es uno de esos mangas que por su originalidad y dinamismo, te enganchan desde las primeras páginas y te hacen disfrutar de una estupenda lectura sin apenas altibajos. Creado en 2002 por Takashi Hashiguchi, cuenta con un total de 26 tomos recopilatorios que ya han visto la luz en nuestro país de la mano de Ivrea (con algún que otro parón notable de por medio).

El manga nos cuenta la historia de Kazuma Azuma, un joven panadero que está decidido a crear el pan japonés definitivo. Para mejorar sus habilidades en esta práctica, empieza a competir en diferentes certámentes y entra a formar parte de la cadena Pantasia, en donde conocerá a los demás protas de esta historia. Kazuma cuenta además con las «manos solares», un don que le permite preparar los panes mejor que cualquier persona normal.

Como ya hice en su momento con el ‘X-Factor’ de Peter David, aquí van unas cuantas razones por las que vale la pena (y mucho) engancharse a la lectura de esta obra, llamada ‘¡Amasando! Ja-Pan’ en nuestro país.

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1. La originalidad de su premisa. Aunque trate el mundo de la panadería, este manga es un shonen en toda regla, con sus combates, sus poderes y habilidades especiales, y sus temibles enemigos. Parece increíble que un tema así dé para tanto, pero no es el único reto afrontado por Hashiguchi, que se ha atrevido incluso con el mundo del Yo-yo (en ‘Super Yo-yo: Chousoku Spinner’).

2. Su sentido del humor. A caballo entre el humor fresco y dinámico del shonen, y el humor absurdo de series como ‘Bobobo’, esta obra nos hace partirnos la caja en más de una escena y mantiene siempre un ritmo incansable.

3. Los personajes secundarios. El bonachón de Azuma se nos hace simpático y hay que decir que a pesar de su buenrrollismo perpetuo no llega a hacerse empalagoso. Pero quienes dan chispa de verdad a la serie son los secundarios, encabezados por Kawachi (otro aspirante a panadero y protagonista de escenas de lo más hilarante) y el estrafalario maestro de Pantasia Ken Matsuhiro.

4. Las transformaciones de Kuroyanagi. Este personaje ejerce de juez en varios concursos de panadería, y cada vez que prueba un pan (especialmente de Azuma) sufre una transformación a cual más estrambótica. Normalmente suelen tener que ver con el proceso de elaboración del pan en cuestión, o con alguno de los múltiples juegos de palabras que incluye el autor a lo largo del manga.

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5. El desarrollo de la historia no se hace repetitivo. Y mira que es complicado, porque al fin y al cabo todo se reduce a enfrentamientos con otros panaderos. Pero Hashiguchi consigue mantenernos entretenidos en todo momento con la inclusión de nuevos personajes, situaciones, técnicas especiales y demás recursos, para que la trama no entre en un bucle temporal infinito como termina por ocurrirle a muchos mangas.

6. La documentación realizada por el autor. Sí, a mí tampoco me interesaba en absoluto la panadería (y tampoco pienso dedicarme al oficio), pero la avalancha de información que ha ido recopilando Hashiguchi para crear este manga resulta curiosa e interesante, además de estar perfectamente integrada en la narración. Otro punto muy interesante, ya en la recta final de la serie, son la multitud de localizaciones que recorren los personajes a lo largo y ancho de Japón. Como si fuera una guía turística, vaya.

7. Las anotaciones del traductor. En Ivrea tienen la saludable costumbre de incluir al final de cada tomo unas notas escritas por los traductores en las que explican detalles culturales y de diversa índole que se nos hayan podido escapar a los lectores. En el caso de esta obra, la tarea es fundamental y muy interesante. Lástima que con el paso de los tomos estas notas fueron haciéndose cada vez más escasas.

8. Y en definitiva, porque es un shonen distinto a los demás, lleno de frescura, dinámico, bien planteado y agradable de leer. Vamos, que no sé a qué esperas para echarle un ojo.

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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