Mis vecinos los Yamada [Especial Studio Ghibli]

Si el discurso ecologista es el mayor denominador común de la obra de Hayao Miyazaki, la crítica social es el de Isao Takahata y con ‘Mis vecinos los Yamada’ (Hohokekyo Tonari no Yamada-kun, 1999) el director vuelve a abordar su visión de la sociedad japonesa distanciándose esta vez del estilo realista de sus obras clave para optar por sencillas acuarelas en movimiento que centran toda la atención en el fondo en lugar de la forma.

Basada en las tiras cómicas de Hisachi Ishii, la película sigue una estructura dividida en pequeñas historias que enfatizan su origen y en las que conocemos el día a día de la típica familia japonesa de clase media. Los Yamada, integrados por Takashi y Matsuko (el padre y la madre), Noboru y Nonoko (el hijo y la hija), Shige (la abuela) y Pochi (el perro de la familia), son el medio para tratar cuestiones como las relaciones entre padres e hijos, esposos, suegros, sus frutraciones y anhelos, pero sobre todo, el amor y el cariño por encima de los defectos y dificultades.

A medio camino entre Shin Chan y Mafalda, los Yamada ofrecen un retrato muy creíble del entorno familiar que traspasa las fronteras culturales. Desgraciadamente, sin un hilo que enlace las diferentes historias, la película avanza dando tumbos entre lo divertido y lo aburrido, lo entrañable y lo intrascendente, fallando a la hora de mantener el interés del espectador y dejando un sabor de boca bastante irregular. Solo recomendable para los fans más a acérrimos de Takahata o aquellos que no quieran dejar un hueco en la filmografía del estudio (como es mi caso).

Algunas curiosidades

* Además de Ghibli, también participaron económicamente en la producción de la película la editorial Tokuma Shoten, la cadena Nippon Television, la agencia de publicidad Hakuhodo (la segunda más grande del país, superada solo por Dentsu) y Buena Vista Home Entertainment (Disney), quien aportó un 10% del coste de producción a cambio de los derechos de distribución internacional.
* La película se basa en la serie de tiras cómicas yonkoma (manga en 4 viñetas) de Hisaichi Ishii que se publicaron entre 1991 y 1997 en Asahi Shinbun, uno de los periódicos más importantes de Japón. Su título original era ‘Tonari no Yamada-kun’ (Mis vecinos los Yamada) pero después de que Nonoko se convirtiese en el personaje preferido por los lectores e Ishii empezase a contar más historias desde su punto de vista terminó cambiando el nombre de la serie a ‘Nono-chan’.
* ‘Mis vecinos los Yamada’ fue la primera (y hasta el momento única) película de Ghibli realizada enteramente con ordenador. Cada uno de los fotogramas de la película se dibujaron directamente en el ordenador utilizando tabletas gráficas, buscando un estilo que imitase fielmente a las acuarelas. Además, también se utilizaron gráficos 3D en algunas escenas, como la del trineo y la tarta de boda, pero están tan bien integradas con el resto de la animación que es difícil darse cuenta.
* El título original de la película, ‘Hohokekyo Tonari no Yamada-kun’, difiere del original para mantener una especie de broma interna o mania de Isao Takahata y Hayao Miyazaki. Si os fijáis, todas las películas de Miyazaki tiene siempre «no» en sus títulos (‘Tonari no Totoro’, ‘Gake no ue no Ponyo’, ‘Mononoke Hime’…) mientras que las de Takahata tienen «ho» (en hiragana, «ho» y «po» se escriben igual, «ほ», solo diferenciadas por el dakuten, un signo diacrítico utilizado para indicar que la consonante de una sílaba se pronuncia sonora)… ‘Hotaru no Haka’, ‘Omohide Poroporo’, ‘Heisei Tanuki Gassen Pompoko’. Así que querían incluir un «ho» en el título de alguna forma y a alguien se le ocurrió la palabra «Houhokekyo», el sonido que hace el uguisu (ruiseñor japonés). Por cierto, en los títulos de crédito del principio aparece un uguisu.
* La historia no se desarrolla en ninguna ciudad en particular sino que pretende reflejar la vida de cualquier gran urbe japonesa. Matsuko y Shige hablan con un acento de Kansai similar al de Osaka pero el resto de personajes utilizan un acento «estándar».

* Como de costumbre en las películas de Takahata existen un buen número de referencias al arte y folclore japonés, incluyendo La gran ola de Kanagawa, los nacimientos de Noboru y Nonoko representados del mismo modo que los protagonistas de dos de los cuentos más famosos de la cultura japonesa (Momotaro, nacido del interior de un melocotón gigante y la Princesa Kaguya de un bambú) o los diferentes haikus que dividen la película, obra de poetas como Matsuo Basho o Taneda Santoka.
* El superhéroe enmascarado es una referencia a ‘Gekko Kamen’ (conocida en España como ‘Centella’), la primera serie de televisión del género tokusatsu en 1958.
* La película fue un fracaso en taquilla. Su estreno en Japón se produjo el 17 de julio de 1999 coincidiendo en cartel con la segunda película de ‘Pokemon’ y ‘Star Wars: Episodio 1 – La amenaza fantasma’, algo que desde luego no benefició a un título que se había saltado su presupuesto inicial hasta llegar a los 2.000 millones de yenes (coste estimado, no hay datos oficiales, y sí, a mi también me cuesta creer que costase más que Chihiro).
* ‘Taketori Monogatari’, la nueva película de Takahata prevista para este mismo año, llegará once años después de ‘Mis vecinos los Yamada’, más de una década en la que el director tan solo ha trabajado en un segmento de un minuto de duración para la película ‘Fuyu no hi’ (Winter Days, 2003), un proyecto bastante experimental de 36 piezas, cada una realizada por un animador diferente de todo el mundo. Curiosamente, el nuevo proyecto del director es precisamente una adaptación del ya mencionado cuento de la Princesa Kaguya.

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Miguel Michán @miguelmichan

He visto más películas de ciencia ficción y terror de las que mis padres deberían haber permitido. He pasado noches en vela encarnando a un poderoso mago neutral malvado. He llorado con algún que otro juego de Square. Y hasta llegué a convertir mi pasión por el manganime y la cultura japonesa en una forma de ganarme la vida cuando, en Noviembre de 2000, creé Shirase, una revista especializada que dirigí durante tres años mientras colaboraba en las revistas Dokan y Minami. Así que sí, puede decirse que llevo con orgullo eso de ser un friki como la copa de un pino. ¡A mucha honra!

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