Mi vecino Totoro [Especial Studio Ghibli]

Al fin vamos cogiendo ritmo con nuestro especial del Studio Ghibli ahora que llegamos a uno de sus títulos más significativos, por no decir el que más: Tonari no Totoro (Mi vecino Totoro, 1988), la tierna historia sobre la vida rural japonesa en los años cincuenta donde los espíritus del bosque cobran vida mostrándose a los niños puros de corazón.

La pequeña Mei y su hermana Satsuki se trasladan con su padre a una casa en el campo mientras su madre se repone de una grave enfermedad en un hospital cercano. Un día, Mei descubre la existencia de los espíritus del bosque y los sigue hasta su hogar en el interior de un árbol milenario donde encuentra a Totoro, el rey del bosque. Cuando la joven desaparece intentando llegar al hospital para visitar a su madre, Satsuki acude a Totoro para que le ayude a encontrarla junto a criaturas tan memorables como el gatobús.

La tercer película de Hayao Miyazaki ya bajo el paraguas del Studio Ghibli es a todas luces una obra maestra cuya grandeza reside precisamente en su simplicidad, en su habilidad para enamorar al espectador mientras le transmite una felicidad inexplicable propia de la infancia. No hay ningún motivo, todo son motivos.

La animación está a la altura del estudio haciendo méritos de la humildad de recursos con los que se contaba en la época. Sin grandes alardes pero minuciosa hasta el extremo en detalles tan recurrentes para Miyazaki como el viento, la lluvia o la naturaleza en general. Los fondos, interiores y exteriores, definirían de una vez por todas el camino del director hacia un estilo que alcanzó su máxima expresión en El Viaje de Chihiro, una película que no guarda pocas similitudes con Totoro.

En cuanto a la música, la tercera colaboración de Joe Hisaishi con Miyazaki fue un nuevo logro que nos dejó temas tan redondos y memorables como los de los títulos de crédito de inicio y fin por no mencionar a The Path of Wind, una canción que aún logra ponerme los pelos de punta de las emociones que despierta en mi cada vez que la escucho. La banda sonora tiene un espíritu infantil acorde con el tono general de la película y de algún modo es capaz de trasladarnos a otra época con la misma facilidad con que la Miyazaki juega con nuestra imaginación deslumbrándonos con la suya.

Aurum acaba de estrenarla en algunos pocos cines de la geografía española y el próximo 9 de diciembre pondrá a la venta tres ediciones en DVD de la película: una edición simple de un solo disco y sin extras por 17,95 euros; otra de dos discos en caja metálica con el storyboard completo de la película, las secuencias de inicio y fin, trailers, y un vídeo de Miyazaki promocionando el estreno en 1988 como extras por 23,95 euros; y una edición limitada donde, además de la edición de caja metálica se incluye un póster original en japonés y una agenda por 34,95 euros.

Algunas curiosidades

  • La idea de Totoro rondó la cabeza de Miyazaki durante 10 años y le entusiasmó tanto poder realizarla al fin que, pese a que en su estreno inicial no obtuvo unos ingresos sustanciales, no dudó a la hora de convertir al personaje en el logo definitivo del estudio.
  • Totoro no es ningún ser mítico originario de las historias clásicas japonesas. Miyazaki se basó en diferentes animales como los tanukis (mapaches japoneses), los gatos (las orejas y cara) y búhos (las marcas del pecho y el sonido que hace de noche con su ocarina).
  • El nombre de “Totoro” procede de la mala pronunciación de Mei (en la versión original) de la palabra japonesa “tororu” (troll) y en cierto punto de la película, justo después del primer encuentro de Mei, Satsuki le pregunta “¿Totoro? ¿Quieres decir como el duende del cuento?” refiriéndose al famoso cuento noruego de las tres cabras rudas que aparece en una de las últimas ilustraciones de los títulos de crédito (donde aparece su madre leyéndoselo a las dos niñas).
  • Según el folclore japonés, los gatos suficientemente viejos tienen poderes mágicos que les permiten cambiar de forma; son los llamados “bake neko”. Así, el Gatobus sería un bake neko que vio un autobús e intrigado decidió transformarse en uno. Aunque es un diseño original de Miyazaki también se inspira en Cheshire de Alicia en el País de la Maravillas (especialmente en la cara). La escena en la que Mei cae por el agujero del árbol hasta la guarida de Totoro también recuerda al viaje de Alicia.
  • En la novela escrita por Kubo Tsugi basada en la película se dan algunos datos adicionales referentes a la enfermedad que sufre la madre de las niñas: tuberculosis espinal. Concretamente, el hospital Shichikokuyama al que la trasladan tiene muy buena reputación tratando la enfermedad y la casa a la que se muda el padre con las niñas fue construida años atrás por un hombre acaudalado de la ciudad cuya esposa también sufrió la misma afección. Es por este motivo por el que la casa es más grande y tiene un tejado más occidental que el del resto del pueblo.
  • La madre de Miyazaki padeció la misma enfermedad y permaneció más de 9 años ingresada en un hospital lejos de casa así que esta parte de la historia es casi biográfica.
  • La historia se desarrolla en la la ciudad de Tokorozawa (en la prefectura de Saitama, a una hora del centro de Tokyo), la misma en la que vivía Miyazaki antes de mudarse a Mitaka, y los pocos espacios naturales que quedan se conservan gracias a un movimiento de conservación que nació a raíz de Totoro. Miyazaki donó más de 2 millones de euros para que el ayuntamiento comprase los terrenos antes de que se construyese en ellos y cedió muchas de sus ilustraciones de Totoro para que se utilizasen en toda clase de panfletos, carteles y demás artículos promocionales.
  • En los primeros bocetos e ilustraciones a acuarela de Miyazaki no eran dos sino una sola niña que venia a ser una mezcla de ambas: una versión temprana de Satsuki con el pelado de Mei. Aunque finalmente se optó por utilizar a dos hermanas, una más pequeña y otra mayor, se siguió utilizando la ilustración de la parada de autobús de la chica original, creando cierta confusión a aquellos que llegaron a darse cuenta del detalle. En la propia web de Aurum sobre la película, su reciente estreno en cines y el lanzamiento próximo en DVD, podéis comprobar esto comparando la ilustración de la esquina superior esquina (la misma utilizada en el cartel de cine un poco más abajo) y el primer fotograma de la película que aparece en la galería y que ilustra la cabecera de este mismo artículo.
  • Este salto de una a dos niñas también está presente en los nombres de ambas. Mei, una versión “japonizada” de la palabra inglesa “May” (mayo) mientras que Satsuki, era el nombre que recibía antiguamente el quinto mes en Japón.

  • El corto Mei to Konekobasu (Mei y el Gatobús) realizado por Hayao Miyazaki en 2003 y que se proyecta de forma exclusiva en el Museo Ghibli continua la historia mostrando el encuentro de Mei con un pequeño Gatobús (bien podría ser un gatotaxi) y… lo siento, de momento resistiré la tentación de contar más. Tan solo os diré que lloré como una niña cuando lo vi en mi primera visita al museo.
  • Como ya comentó Jaime en su artículo sobre La tumba de las luciérnagas, ambas películas se estrenaron juntas en una sesión doble. La teoría más aceptada es que los productores no confiaban en el éxito comercial de Totoro por si sola y decidieron acompañarla de la película de Isao Takahata que se basaba en una novela de éxito pero también hay quien dice que el motivo real fue que en Ghibli pensaron que La tumba de las luciérnagas era demasiado deprimente por si sola y necesitaba ir acompañado de algo más ligero que le alegrase el día a los espectadores.
  • Y para terminar, una sorpresa. Muchos aficionados que viajan a Japón reservan un hueco en su calendario para visitar el Museo Ghibli pero pocos conocen la existencia de otra atracción: una recreación de la casa de Satsuki y Mei que se construyó con todo lujo de detalle para la Expo Universal de Aichi en 2005 y que permanece abierta gracias a su popularidad.

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Miguel Michán @miguelmichan

He visto más películas de ciencia ficción y terror de las que mis padres deberían haber permitido. He pasado noches en vela encarnando a un poderoso mago neutral malvado. He llorado con algún que otro juego de Square. Y hasta llegué a convertir mi pasión por el manganime y la cultura japonesa en una forma de ganarme la vida cuando, en Noviembre de 2000, creé Shirase, una revista especializada que dirigí durante tres años mientras colaboraba en las revistas Dokan y Minami. Así que sí, puede decirse que llevo con orgullo eso de ser un friki como la copa de un pino. ¡A mucha honra!

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