Meteoro, o el placer de conducir a toda leche

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¡Toca recuperar la vena nostálgica, folks! La peli de los Wachowski sirvió para refrescar la memoria de los más despistados y para tratar de enganchar a las nuevas generaciones al peculiar universo automovilístico de Meteoro. Sin embargo, el mejor homenaje que se le podía hacer al personaje era recuperar el manga original que Tatsuo Yoshida dibujó a finales de los 60. Una labor que ha llevado a cabo la gente de Dolmen a través de dos tomos recopilatorios.

El manga de Yoshida tiene varias virtudes que vale la pena destacar frente a las limitaciones que tiene a ojos de lectores adultos una obra dirigida principalmente al público infantil. En primer lugar, las posibilidades que consigue exprimir de un género que a priori parece reducirse a ofrecer vertiginosas escenas de conducción y poca estima por la propia seguridad. Episodios como la carrera subterránea en territorio inca confirman que cualquier historia puede ser interesante si la aderezamos con generosas dosis de imaginación.

Los personajes también son otro punto a tener en cuenta, aunque me inclino más por los secundarios que por el propio Meteoro, que si bien cumple con el afán de superación que debe caracterizar a un héroe, tiene cierto deje mojigato que no termina de ganarse mi simpatía (por no hablar de sus pestañas retocadas con L’Oréal). En cambio, los pilotos a los que debe enfrentarse en sus diferentes aventuras, con El Piloto Enmascarado a la cabeza, aportan la chispa necesaria para que la historia no caiga en la repetición.

Así como pasaba, por ejemplo, en Oliver y Benji, los adversarios que van apareciendo disponen de diferentes artimañas y habilidades, a cual más extravagante, relacionadas en este caso con el mundo de la conducción. Mientras que en el campo de fútbol los gemelos Derrick ponían en aprietos al New Team con su acrobática catapulta infernal, Meteoro tendrá que enfrentarse contra El Equipo Acróbata, que no escatima en peripecias imposibles al mando de sus vehículos para tratar de hacerse con la victoria.

Para mí es precisamente esto el encanto del manga (y por ende, de la adaptación animada): la expectación por ver cuál será el siguiente desafío de Meteoro (en forma de insólitos circuitos) y qué trucos guardarán en la manga sus siguientes competidores.

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El trabajo de su autor destaca por su buena mano para las escenas de acción y velocidad. Hay momentos en que te sumerge de lleno en el ritmo frenético de las carreras, y sólo te falta amarrar fuerte el tomo a modo de volante y girarlo de derecha a izquierda para creer que te has convertido en una especie de Fernando Alonso con pantalones de campana y entripao de LSD (creo que eso es precisamente lo que les pasó a los Wachowski).

En cuanto a la edición de Dolmen, se agradece el esfuerzo por recuperar la obra original al completo. La edición se presenta en dos tomos con solapas de 300 páginas cada uno a un precio de 18 euros. El formato es bastante más grande que el de las ediciones manga habituales y también querría destacar que en este caso la rotulación es bastante mejor que en otras publicaciones de la editorial. Y aunque es posible que lo hayan dejado para el segundo volumen, por ahora echo en falta algún artículo que sitúe la obra en su época y que analice la evolución del personaje con el paso de los años.

meteororeviewUn revival interesante que, eso sí, deberá buscar su radio de acción entre los lectores más jóvenes. Ya que los veteranos que no hayan pasado su infancia demasiado enganchados a la tele, o que sintonizaran otros canales durante la emisión de Meteoro, no contarán con el citado aliciente nostálgico para asomarse a las páginas de este clásico nipón.

Más información | Dolmen

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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