‘La montaña mágica’, donde Taniguchi se encuentra con Miyazaki

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Sin la necesidad de volver a insistir de forma extensa que, junto a Naoki Urasawa y Akira Toriyama, Jiro Taniguchi es uno de mis mangakas predilectos, nos acercamos hoy a la nueva edición que a comienzos del mes pasado dedicaba Ponent Mon a ‘La montaña mágica’, una de las pocas obras en las que el artista nipón ha echado mano del color en todas sus páginas y que, con un tamaño sensiblemente mayor en esta segunda encarnación a aquella que la editorial de origen balear sita en Tarragona publicara hace siete años, nos ofrece la imprescindible oportunidad de volver a acercarnos a este bellísimo cuento en el que la nostalgia y la melancolía propias del autor —dos constantes que pueden rastrearse en un muy alto porcentaje de su tebeografía— se dan la mano con el mundo de los espíritus que pueblan la iconografía del país del sol naciente y que tan bien caracterizaron el microcosmos construido por Hayao Miyazaki en sus magistrales filmes para Ghibli.

Con ‘Nausicaä’ o ‘La princesa Mononoke’ en mente —en lo que a los espíritus de la naturaleza se refiere—, lo que ‘La montaña mágica’ propone es un viaje al pasado del protagonista a un momento fundamental de su infancia en el que, desolado por la enfermedad de su madre y su posible muerte, se encontrará con una enorme salamandra que es, en realidad, uno de los seres que protege el monte sagrado del pequeño pueblo en el que tiene lugar el relato. Sin que en ningún momento de la narración haya lugar para dudar si lo que el joven personaje principal está viviendo es fantasía o realidad, si hay algo que llama poderosamente la atención del lector, como en cualquier otro título de Taniguchi, es el tridimensional talante que atesoran sus muy diversos protagonistas, ya sean niños o adultos, consiguiendo mediante dicha virtud que nos impliquemos sobremanera en el devenir de los acontecimientos como si de un amigo cercano nuestro se tratara y rezumando las viñetas una honestidad que, entre otras muchas, es de esas cualidades que el artista japonés ha sabido cultivar desde sus comienzos hace más de veinte años.

Ahora bien, si el guión en realidad queda lejos de la “complejidad” que abarcan sus mejores títulos y se alza más como una anécdota muy bien hilvanada, es la suma belleza de las páginas ante la que resulta imposible no caer rendido sin remisión: su trazo, limpio y claro y cuajado de detalles, se beneficia sobremanera de un ajustado uso del color infográfico, que no abusa de tonalidades excesivamente chillonas y muestra una paleta de tonos apastelados muy adecuada para lo que se desprende de la historia. Es aquí, en el acabado gráfico, donde Taniguchi más le tiende la mano al universo de Miyazaki y donde, en última instancia, se alcanzan las notas sobresalientes de una lectura que, a la postre, sabe a poco. Un hecho éste último que, sin lugar a dudas, habla de la fuerza que se desprenden de estas breves 72 páginas —de las cuales sólo 63 son de historia— y de la grandeza de un artista que, seamos francos, siempre nos deja con ganas de mucho más.

La montaña mágica

  • Autores: Jiro Taniguchi
  • Editorial: Ponent Mon
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 72 páginas
  • Precio: 17,10 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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