‘Jiro Taniguchi. Venecia’, el hombre tranquilo

Latente aún el dolor por su pérdida, es la mejor manera de honrar la memoria del insigne inconmensurable Jiro Taniguchi acercarse a la edición que Ponent Mon publicaba a finales del pasado mes de abril del diario de viaje que el mangaka elaboraba sobre Venecia para la marca Louis Vuitton: en una edición apaisada de tapas en rústica y sobrecubiertas, no podemos dejar de lamentar que la casa española no haya podido ofrecer el mismo acabado en cartoné que podemos encontrar en las tiendas exclusivas del lujoso fabricante de complementos de la serie de diez diarios de viaje. Eso sí, que nadie vea ésto como una traba considerable —nada más lejos de la realidad—, sino como un pesar dado que vista la arrebatadora personalidad del volumen y su evidente talante de objeto de coleccionista, hubiera sido deseable una edición más acorde con dicha personalidad.

Dejando al margen disquisiciones que NADA tienen que ver con la calidad del trabajo del desaparecido maestro nipón, son las páginas de este ‘Jiro Taniguchi. Venecia’ prueba palpable del genio que gastaba el artista en vida y testimonio incuestionable del cúlmen de su trayectoria en el que se encontraba desde hace un buen puñado de años: habiendo depurado su estilo hasta conseguir destilar maestría con cada trazo que rasgaba la superficie del papel, si el dibujo de Taniguchi era grande cuando se limitaba a la tinta, más aún cuando decidía salpicarlo de color. Muestra de ello fue en 2009 la edición de ‘Mi año. Primavera’, un álbum aparecido primero al otro lado de los Pirineos de manos de Dargaud y que, completamente pintado con acuarelas, provocaba todo un rosario de sensaciones de asombro a los lectores que llevábamos desde principios de los noventa —desde la edición de ‘Hotel Harbour View’ de Planeta DeAgostini para ser precisos— adquiriendo sin remisión cualquier título por él firmado.

Reforzada gracias a ‘Los guardianes del Louvre’ la impresión de que, grande en blanco y negro, Taniguchi lo era más en color, cualquier apreciación positiva que pudiéramos haber hecho en el pasado hacia el trabajo del mangaka cuando se armaba de pinceles queda completamente apisonada por la inmensa, la inabarcable y sobrecogedora belleza que se queda corta para describir a todas y cada una de las ilustraciones que adornan este magno volumen: sólo hay que atender a la portada del tomo o a la acuarela que podéis encontrar bajo este párrafo para aprehenderse de la poesía que desprenden las aguadas de Taniguchi al recoger en toda su dimensión —bueno, quizá no en toda, pero si en una considerable parte— aquella que siempre ha habitado en la ciudad de los canales.

Una cualidad ésta la de la inmortal ciudad italiana de la que Taniguchi, no podía ser de otra manera, extrae su componente más melancólica y evocadora, y por más que el hilo conductor de la historia sea conciso y casi imperceptible en gran parte del discurrir de la lectura, esa búsqueda del pasado que efectúa el protagonista es, sin lugar a dudas, paradigma inconfundible de lo que podríamos llamar el “héroe Taniguchiano”, ese que queda definido por el constante mirar hacia atrás para encontrar sentido a su vida y que, imbuido ostensiblemente en el espíritu animista tan característico del mundo nipón, casi siempre lo encuentra en objetos y edificios y pocas veces en las personas.

Es debido a ello que, aunque no prescinda del todo de ellas, y aparezcan en muchas de las “instantáneas” que aquí podemos contemplar, las figuras humanas sean meros elementos que “pasaban por allí” engullidos en lo eterno de la arquitectura que tiene a la Plaza de San Marcos y a su campanario como más reconocible exponente. Reproducida de forma exquisita y cuidando el detalle hasta el paroxismo —casi obsesivo, podríamos apuntar—, no es de extrañar que a un batir de página nos encontremos absortos durante minutos observando la precisión con la que Taniguchi dibuja hasta el último ladrillo de una fachada o la forma en la que sus veladuras trabajan el eterno oscilar de las aguas de los canales.

La tranquilidad es, en última instancia, la sensación con la que uno acaba una lectura que —y no estoy exagerando— deberían tomarse con calma aquellos propensos a aquejar síndrome de Stendhal: la abrumadora belleza de una tras otra plancha es tal que quizás sería recomendable consumir ‘Venecia’ en pequeñas dosis. De hacerlo, no sólo podríamos apreciar con mayor calidad el intenso esfuerzo del maestro por capturar la esencia misma de la reina del Adriático, sino que prolongaríamos el disfrute de esta experiencia única que es acercarse a la que, sin duda, es tanto la obra más europeista del que fuera denominado en su momento como el mangaka Europeo como una de las mejores que hemos tenido el placer de degustar en esta primera mitad del 2017.

Jiro Taniguchi. Venecia

  • Autores: Jiro Taniguchi
  • Editorial: Ponent Mon
  • Encuadernación: Rústica con sobrecubiertas
  • Páginas: 128 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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