‘Furari’, un remanso de paz

Salvo por alguna excepción que uno se atrevería a atribuir a la fogosidad de la «juventud», si hay una cualidad que marca a fuego la extraordinaria producción de Jiro Taniguchi, esa es la tranquilidad, el sosiego y la calma que transpiran de sus mejores páginas. Una cualidad que marca a fuego a ‘Barrio lejano’, ‘El caminante’, ‘El olmo del cáucaso‘, ‘El almanaque de mi padre‘, ‘El gourmet solitario‘, ‘Setón’….y, como digo, casi la totalidad de la tebeografía del maestro nipón. Una tebeografía que, aunque recorrida de punta a cabo por Ponent Mon —con la ayuda puntual de Planeta Cómic, Astiberri o incluso, en su momento, Devir— sigue siendo objeto de recurrentes nuevas ediciones por parte de una editorial que sabe, y sabe bien, que aquellos que adoramos todo lo que el mangaka firmó, no vamos a arredrarnos en volver a adquirir si, como es el caso de ‘Furari’, ganamos con respecto a la edición anterior al pasar del sentido de lectura castellano al japonés —algo que, obviamente, sólo encandilará a los puristas que, como servidor, siempre prefieren que los mangas estén cuanto más pegados a su edición original, mejor—.

Más allá de una circunstancia que, entendemos, sólo servirá como justificación de una nueva compra a los tebeo-adictos más recalcitrantes, esta segunda edición de ‘Furari’ sirve, a título personal, para poder poner en práctica algo que, lamentablemente, no suelo tener mucho tiempo para hacer: la re-lectura de tebeos. Hubo un tiempo, hace ya más de lo que estaría dispuesto a admitir, que mi día a día tebeístico se repartía casi al 50% en ir dando cuenta de las novedades que llegaban a mi tebeoteca y en revisar aquello que ya descansaba en mis estanterías y cuya primera, segunda o tercera lectura no había hecho otra cosa que dejar con ganas de más. Pero ese tiempo desapareció para dar paso a mi yo actual, aquél que tiene que atender a todo el material que se recibe por parte de las editoriales, a los muchos comic-books que terminan en su iPad miércoles tras miércoles y, muy de cuando en cuando, a poder darse el gustazo —porque lo es, es un gustazo— a asomarse de nuevo a algunas de las cientos de miles de páginas que conforman mi nutrida colección. Así que, como podréis imaginar, cuando las circunstancias se confabulan para unir el primer término —novedad editorial— con el último —revisión— servidor está más feliz que, como diría mi compañero Mario «un cerdo en una cochiquera».

Y si esa fusión encuentra acomodo en páginas como las de ‘Furari’, la felicidad entonces duplica su carga por cuanto, en estos tiempos tempestivos que nos ha tocado vivir, no ya por la complicación añadida de la pandemia, sino por la rapidez con la que consumimos todo, Taniguchi nos propone echarnos en nuestra butaca favorita, relajarnos, sentir cada músculo de nuestro cuerpo, hacernos conscientes de cada respiración y, en ese estado «zen», comenzar a pasear la mirada por unas planchas que son el constante equivalente en viñetas de los más evocadores y bellos haiku —pequeños poemas que abundan, por cierto, en los textos de acompañamiento redactados por el autor—: si nunca os habéis acercado a las páginas de un tebeo de Taniguchi no es fácil trasladaros la sensación de paz y de calma que transmiten las páginas del mangaka, unas cualidades que derivan del mimo con el que se componen todas, del cuidado que siempre se pone en fondos y personajes pero, sobre todo, de la precisa manera en la que avanza la acción, ni tan lenta como para exasperar ni tan rápida como para que la bella quietud que las caracteriza, se pierda.

En este sentido, es quizás ‘Furari’ el ejemplo más notable de una suerte de sub-categoría dentro de la producción del maestro japonés en la que importa mucho más cómo se cuenta, y al ritmo al que se hace, que lo que realmente se cuenta, rayando en el caso presente el argumento casi en lo anecdótico. De hecho, si estuviéramos hablando de otro tipo de cómic, es muy probable que alguno esgrimiría rápido la expresión «descompresión narrativa», porque ríase usted de lo que siempre se le achaca a Bendis si lo comparamos con estas páginas. Pero, claro, ni estamos hablando de otro tipo de tebeo, ni de otro autor, lo estamos haciendo de Taniguchi, y a Taniguchi se le adora y venera, precisamente, por hacer grande lo que otros no consiguen —y que conste que no me refiero a Bendis, ¿eh?—, por ofrecer lo que casi ningún artista ha logrado ofrecer y porque, en ese esfuerzo, consiguió un lugar eterno en el Olimpo de los artistas que mejor y con más intensidad han sabido entender el noveno arte.

Furari

  • Autores: Jiro Taniguchi
  • Editorial: Ponent Mon
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 208 páginas
  • Precio: 18 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz desde que tengo uso de razón. Cinéfilo empedernido desde antes de tener uso de razón. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde antes de la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación y pasión. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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