Ebichu, la mascota ideal para lectores gamberros

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Bajo esta apariencia inocente e infantiloide, se esconde un manga que aborda con acidez y mordacidad el tema de las relaciones de pareja. Su adaptación al anime ha corrido de boca en boca y de blog en blog, por lo que no creo que Ebichu sea una desconocida para los otakus más osados, aunque quizá aún no se hayan asomado a su homónimo en papel.

El manga, creado por Risa Ito a principios de los 90, nos cuenta la historia de Ebichu, un hámster hembra muy peculiar que hace las veces de Petra criada para todo en casa de su ama, una joven oficinista de 25 años. Ebichu será testigo de la relación de ella con un chico, al que siempre se refiere como El Inútil, con una visión inocente y bienintencionada que no obstante le meterá en más de un lío con su dueña, que no tiene reparos en apalearla hasta dejarla inconsciente sobre un charco de plasma.

La obra está compuesta en forma de tiras verticales de cuatro viñetas, una modalidad conocida como Yonkoma en Japón, al estilo de las célebres tiras de prensa norteamericanas como Peanuts o Calvin & Hobbes. Las similitudes no terminan aquí, ya que Ebichu también parte de un grafismo y un universo infantiles para reflexionar sobre el mundo de los adultos. En ese sentido, desgarra sin piedad los estereotipos de las relaciones en pareja y lanza unos cuantos mazazos sobre la mentalidad machista que aún persiste en Japón, sin perder la oportunidad de ridiculizar otras tantas actitudes femeninas.

Así pues, Ebichu hace con el binomio hombre-mujer lo que Shin Chan con las relaciones padres-hijos. Eso sí, si el travieso Shinnosuke ya rasgaba las vestiduras de los padres más protectores, espero que ninguno de ellos cometa el error de comprarles un ejemplar de Ebichu a sus hijos (aunque eso les serviría para ahorrarse el rubor de explicarles de dónde diablos vienen los niños). Y es que la autora no tiene reparos en ofrecer escenas de sexo y violencia explícitos, aunque no como recurso para atraer a lectores poco exigentes, sino para ofrecer una visión verosímil de la realidad, matizada siempre por su histriónico sentido del humor.

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Sumergirse en los tomos de Ebichu asegura pasar un buen rato sin tener que acercarse a uno de esos locales portuarios de mala reputación. Quizá, entre tantas virtudes, lo más negativo de la obra sea el carácter excesivamente local de algunos de sus chistes, a pesar de que las notas de la traducción española nos aclaren los personajes o situaciones a los que se refieren.

La edición de Ponent Mon denota mimo con la obra, y cuenta con un formato ligeramente superior que el habitual en el manga y algunas páginas a color. Para terminar de redondear el resultado, estaría bien la inclusión de unas cuantas páginas más a las 136 actuales para terminar de convencer a los más reacios a desembolsar 9 euros por cada tomo (algo más de lo que pagó la dueña de Ebichu por ella en la tienda de animales).

ebichureviewSi te reíste con el anime, con el manga lo harás aún más. A mí me bastó con las primeras páginas y los ocurrentes negocios montados por Ebichu para saber que estaba tras algo bueno. Si a ello le sumamos sus chispeantes diálogos (“Creo que la primera vez no llegué a sangrar porque siempre iba en bici al colegio”), nadie podrá negar que se trata de uno de los mejores exponentes del humor nipón contemporáneo.

Más información | Ponent Mon

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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