‘Dororo’, de lo mejor de Tezuka

dororo

Con Osamu Tezuka me ha pasado en tiempos recientes lo mismo que lo que comentaba el otro día con respecto a Ralf König, que de tanto atracarme de él, he terminado algo empachado. Bien es cierto que en el caso del autor alemán, dicho empacho se debía, como decía al hilo de ‘Porn Story’, a factores que nada tienen que ver con lo que provocó, hace un par de años, que decidiera mantener cierta distancia con la tebeografía del Dios del Manga a la espera de que el hastío momentáneo que había provocado la lectura de un considerable puñado de sus obras, diera paso de nuevo al hambre del despliegue de talento que había descubierto en él tiempo atrás. Pero claro, una cosa es tener un firme propósito, y otra muy diferente permanecer impávido ante la salida de un título puntal en la masiva producción del artista nipón, definición que, como podréis imaginar, viene a ajustarse, dejando holgura para muchas más apreciaciones, al grueso volumen de ‘Dororo’ que Random House publicaba en su línea DEBOLS!LLO el pasado mes.

Sea por el tiempo que ha transcurrido desde que me acerqué a una obra suya, sea —y me inclino mucho más por esto último— debido a que estamos ante uno de esos títulos que sirvieron a Tezuka para revolucionar un medio anquilosado en estructuras narrativas obsoletas, lo cierto es que, en términos muy sencillos, he disfrutado sobremanera de la lectura de ‘Dororo’. Aventura que sirve de crisol a una enorme cantidad de géneros con inclusiones de la fantasía más arraigada en la cultura nipona, el drama, la comedia tan propia del autor —y que tanto influirá a los autores que vengan después de él— y, por supuesto, esas reflexiones acerca de la condición humana que, en sus obras más adultas —y esta lo es, no cabe duda— siempre estuvo tan presente. Orientada aquí a hablar de lo indómito del espíritu humano y del poder de la determinación, dichas reflexiones se aproximan a la doble figura de Hyakkimaru, un joven al que al nacer le faltaron cuarenta y ocho partes de su cuerpo, y a Dororo, un niño que encontrará en su particular camino de redención.

Un camino tortuoso lleno de personajes secundarios que en las hábiles manos del manga no kamisama se convierten en no pocas ocasiones en protagonistas mucho más interesantes que los dos que realmente lo son —me encanta, por ejemplo, la mujer que tiene sometida a la pequeña villa—, algo que habla de forma inequívoca de la enorme capacidad de Tezuka de arrojar ideas y de construir caracteres que permanecen indelebles en la memoria visual por largo tiempo. A ello auxilia, qué duda cabe, el que el largo recorrido ya efectuado antes de afrontar ‘Dororo’ suponga que en sus planchas asistimos a todo un recital narrativo depurado al máximo, dando el japonés con soluciones de una elegancia extrema y de una belleza asombrosa. De entre todos ellos —y creedme cuando os digo que destacar uno sólo de entre las más de ochocientas páginas es tarea harto complicada— me quedaría con las espectaculares ideas con las que se resuelven las transiciones hacia los flash-backs, de una efectividad asombrosas y que, por sí solas, casi justificarían el largo tiempo que exige la lectura de tan prolongada historia. Pero claro, ‘Dororo’ es más, mucho más, y si queréis descubrir el por qué, no os quedará más remedio que pasar por caja. ¿Alguien ha dicho autoregalo para estas Navidades?

Dororo

  • Autores: Osamu Tezuka
  • Editorial: Random House Mondadori
  • Encuadernación: Rústica
  • Páginas: 848 páginas
  • Precio: 23,70 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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