‘Death Note. Integral’, un volumen para dominarlos a todos

Aunque la premisa de ‘Death Note‘ es relativamente sencilla y puede explicarse en unas pocas líneas, el manga de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata, adaptado con éxito a diversos formatos, da para mucho más. Y es que, dejando a un lado el componente sobrenatural de la serie, se trata sobre todo de un complejo estudio de personajes, de un duelo entre dos egos al que es muy difícil resistirse. Los doce volúmenes de que consta la serie, que ahora nos llega una edición integral de la mano de Norma editorial, arrancaban en el ahora lejano 2003 en las páginas de Shonen Jump, la popular revista semanal en la que nacieron otros superventas como ‘Naruto‘ o ‘Bleach‘, y a las pocas semanas de su llegada a las tiendas, ya se había convertido en un auténtico fenómeno de masas. Adaptada con éxito al anime, que debo confesar fue mi punto de entrada al universo ‘Death Note’, el manga ha sido objeto de numerosas adaptaciones al largometraje, y hasta de una reciente americanización en formato televisivo de la mano de Netflix.

Quizás el éxito de la serie se deba a que su punto de partida nos coloca en una interesante hipótesis, que nos hace plantearnos cómo actuaríamos cada uno de nosotros en las mismas circunstancias. Las primeras páginas nos presentan con todo detalle a Light Yagami, un joven estudiante modélico que está a punto de entrar en la Universidad, y que ansía conseguir algo más que le aporte un poco de picante a su gris existencia. De camino a una de sus clases reparará en una extraña libreta extraviada que contiene la inscripción «Death note” en su portada, acompañada de unas sencillas instrucciones, que permite a su portador acabar con la vida de la persona que lo desee tan sólo anotando su nombre en el cuaderno y conociendo el rostro de su víctima. Si no se indican datos adicionales, la muerte llegará mediante un ataque al corazón, pero si se indican las circunstancias exactas de la muerte, el cuaderno actuará como una terrible profecía. A partir de aquí comienzan las dudas de un joven íntegro y hasta el momento, de intachable conducta, que empieza a plantearse hasta dónde puede llegar con esta fuente de poder en sus manos.

Para mí, es aquí donde radica la clave de la historia, ya que mientras otros seguramente decidirían guardar el cuaderno de muerte en un cajón, para utilizarlo esporádicamente como objeto de venganza, nuestro protagonista decide erigirse en una especie de Dios de la justicia, que erradique mediante el cuaderno a toda la escoria criminal de la Tierra. También en las primeras páginas conoceremos a Ryuk, un shinigami devoras manzanas, dueño del cuaderno de muerte, que lo ha arrojado a la Tierra por mera diversión, ante cuya curiosa mirada Light comenzará a eliminar al mayor número de criminales que le sea posible, erigiéndose así como Kira, un Dios vengativo que aconseja a los delincuentes que abandonen sus acciones y cambien de vida si no quieren morir a sus manos.

Como complemento perfecto al personaje de Light tenemos a L, un misterioso investigador a quien el gobierno acude, alarmado por la inexplicable ola de muertes por ataque al corazón que asola sus cárceles, y que está erradicando el mal sin que nadie tenga una sola pista del porqué. L resulta ser un chico algo mayor que Light, que basa sus increíbles dotes detectivescas en las más arriesgadas suposiciones, y que comenzará con su némesis una interminable y adictiva partida de ajedrez en la que limitar las acciones de Kira y ponerle entre la espada y la pared. Una de mis partes favoritas del manga es aquella en la que Light, vigilado mediante cámaras en su propia casa, se las ingenia para continuar con su agenda de ejecuciones, al tiempo que utiliza pequeñas trampas e ingenios para seguir airoso sin ser descubierto.

El guión de Ohba va ganando enteros conforme avanza la trama, ya que los intelectos de ambos contrincantes van elaborando pruebas cada vez más complicadas tratando de desestabilizar a su oponente, para regocijo del lector, que sufre la posible captura de Light como la suya propia, y respira aliviado cada vez que el joven escapa de uno de los intentos de L por desenmascararle. Quizás hacia el final de la serie, y tras un impactante giro en la trama que aquí no desvelaremos, la serie cae en una pequeña monotonía de amnesias, cuadernos enterrados y verdades ocultas, de la que pronto se libera para encarar su recta final.

Con respecto al dibujo de Obata, curiosamente fue una de las razones que me llevó a interesarme por la lectura de la serie, y a seguirle en posteriores proyectos como ‘Bakuman‘, ya que su elegante estilo, con personajes muy estilizados y fondos muy detallados, resulta perfecto para estas historias, que a menudo alternan la acción con momentos más pausados, en los que los oponentes piensan o razonan sus nuevas estrategias, y apenas vemos algo más que sus rostros durante varias páginas.

Además del dueto protagonista, los secundarios juegan en todo momento un importante papel dentro de la trama, con personajes tan interesantes como el mencionado Ryuk o Matsuda, o las nuevas incorporaciones en la parte final de la serie, entre las que destaca un  nuevo shinigami llamado Rem, o la encantadora Misa, que se las arregla sin mucho esfuerzo para hacerse con un inusitado protagonismo. Dado que durante la obra podemos distinguir claramente tres etapas, en el último tramo se recibía una especie de relevo de dichos secundarios, y aunque la tarea de crear nuevos investigadores a la altura de L parecía complicada, la llegada de Near y Mello, repletos de adicciones y tics tan interesantes como los de su predecesor, sin duda daban un importante empujón a la parte final de la serie, no dejando espacio para la previsibilidad o el aburrimiento por parte del lector.

Terminando con las ediciones publicadas por parte de Norma de la serie, los fans podían optar hasta ahora por hacerse con los doce volúmenes de la edición original, o llevarse a casa la edición en formato Kanzenban, en seis volúmenes de mayor tamaño, que además llevaban sus portada y lomos teñidos de negro, con un bello diseño que imitaba al cuaderno de muerte. La editorial nos sorprende con una edición integral de más de 2.400 páginas, en un tomo en tapa blanda que se presenta en un elegante estuche rígido, que hará las delicias de los aficionados y coleccionistas, y que no debéis dejar escapar si no queréis que uno de los más innovadores y cautivadores mangas de la historia falte en vuestras bibliotecas.

Death Note. Integral

  • Autores: Tsugumi Ohba y Takeshi Obata
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Rústica en caja
  • Páginas: 2400 páginas
  • Precio: 47,45 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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