Bakuman: Lo que más y menos me gusta de este fabuloso manga

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Con la reciente publicación en nuestro país del tomo 16 de ‘Bakuman’ encaramos la recta final de esta recomendable obra de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata. Es, por tanto, un buen momento para hacer balance de lo mejor y lo peor que hemos podido encontrar hasta ahora entre sus páginas, con el objetivo, sobre todo, de picaros el gusanillo a quienes no la hayáis leído aún; o a quienes, por alguna razón, hayáis terminado por dejarla a medias.

El guión, los personajes y el retrato de los entresijos de la industria del manga son algunos de los puntos fuertes de ‘Bakuman’, y de algunos hablaré un poco más adelante. Pero si tuviera que quedarme con lo que más me ha sorprendido de esta larga andadura comiquera, sería sin duda con el dinamismo de su dibujo. Ya con ‘Death Note’, la anterior obra del tándem, Obata demostró ser uno de los mejores dibujantes del país nipón, pero aquí se ha superado con creces. Con un manga de batallas, el dibujante lo tiene fácil para lucirse con peleas épicas y toneladas de acción, pero en el caso de ‘Bakuman’, no es nada fácil conseguir que cada página, cada viñeta, parezca explotarte en plena cara.

Nuna habría creído posible que ver a un personaje dibujando una página, o a varios manteniendo una conversación, podría resultar un espectáculo tan enérgico, tan vivaz, y a cada nueva entrega de la serie no solo ves que es posible, sino que siempre hay margen para que el dinamismo sea todavía mayor. Además, ‘Bakuman’ cuenta con algunas de las mejores portadillas que he visto en mucho tiempo.

Si tuviera quedarme con lo que más me ha sorprendido de esta larga andadura comiquera, sería sin duda con el dinamismo de su dibujo.

Siguiendo con lo mejor de ‘Bakuman’, no podemos pasar por alto todo lo que nos ha enseñado sobre la industria del manga en Japón. Los autores abordan no solo el aspecto creativo del tema (desde las reuniones con el editor hasta el entintado final de la página, pasando por el desarrollo de los storys, la construcción de las tramas, etc.), sino también todo lo que se refiere al punto de vista editorial y empresarial. ¿Cómo funciona por dentro una revista como la ‘Shonen Jump’? ¿Qué requisitos debe cumplir una obra para ser serializada? Y así con otras cuestiones como el esclavismo de las encuestas de opinión, las maratonianas jornadas laborales, etc.

Ohba y Obata nos resuelven estas dudas, enclavadas dentro de una trama que arranca tímidamente en los primeros tomos, pero que se vuelve cada vez más apasionante conforme avanzamos en la historia. Llegamos así a otro punto fundamental, los personajes, muy variados y carismáticos, que van apareciendo con el paso de los tomos. Mis favoritos: Akito Takagi, Eiji Niizuma (¡un puto crack!), Shoyo Takahama y Shinta Fukuda. El desfile de mangaka rivales tampoco tiene ningún desperdicio.

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Razones como estas son las que han convertido a ‘Bakuman’ en uno de los mangas indispensables de los últimos años. Esto no quita, claro está, que también tenga sus puntos oscuros y negativos. Lo que más me ha chirriado desde el primer momento es el personaje de Saiko, uno de los principales protagonistas, a quien más de una vez dan ganas de arrearle con la mano abierta. Partiendo ya de esa relación tan ñoña que mantiene con Miho, por la que deciden no casarse, ni tan solo verse siquiera, hasta que ambos cumplan su sueño (él, publicar un manga que sea adaptado al anime, y ella, triunfar como dobladora de animes y poner voz a la protagonista en dicha adaptación).

Los japos suelen ser propensos, en sus mangas juveniles, a esta clase de ñoñerías, así que tampoco es lo que más me molesta de Saiko, por mucho que sea uno de los principales motores de la trama. Lo peor de este personaje es lo repelentillo que puede llegar a ser en ocasiones, por sus ideas, su actitud, y su aparente perfeccionismo. Saiko nunca flaquea, (casi) siempre lleva razón y no tiene tampoco las inquietudes o dilemas que enriquecen a Shujin, su compañero de fatigas. ¡Es un maldito Ted Mosby!

Lo que más me ha chirriado desde el primer momento es el personaje de Saiko, a quien más de una vez dan ganas de arrearle con la mano abierta.

El siguiente punto negativo de ‘Bakuman’ es su forma de abordar los personajes femeninos. Entiendo que se trata de un shonen y que, por tanto, los personajes femeninos no terminan de cobrar nunca un papel demasiado relevante, y que incluso a menudo son poco más que meros objetos de deseo (Aoki) o rivales hormonados a los que hay que superar (Aiko). Pero el retrato que hacen de Kaya, la novia de Shujin, resulta sonrojante en ocasiones. Por ejemplo, en el tomo 10, cuando le dan a leer el argumento de una historia que no les convence y dice: “Esto no está nada mal. Igual es porque soy un poco tonta, pero es muy sencillo de seguir.” Mujer-florero en su máxima expresión, cuando Kaya tiene un carácter que podría haber dado mucho más juego.

Hay otros personajes que de tanto resaltar su patetismo los han hecho insoportables (el caso del gordinflas de Nakai y del tarambana de Miura), pero no deja de ser un detalle menor. Como último punto negativo yo resaltaría el inicio de la serie, que tarda bastante en arrancar. Eso sí, cuando lo hace se convierte en una lectura apasionante, que supera además la difícil prueba de no repetirse (al menos, no demasiado) a lo largo de los tomos. Lo dicho, si aún no le has dado una oportunidad a ‘Bakuman’, corre a la librería, que mangas así no se encuentran todos los días.

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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4 Comentarios

  1. El manga es bueno, casi didáctico. Vale la pena leerlo, pero hacia el final se vuelve algo vertiginoso y a mi me dió la impresión de que lo acabaron a la fuerza.

  2. Cuando me compre el primer tomo, y vi la catntidad de texto que habia me asuste, ahora sencillamente me sabe a poco. Que pena que se acabe, deberian haber 50 tomos

  3. Adoro Bakuman. Sin más. Lo adoro. Es pura energía y optimismo. Me anima a escribir y a ser mejor en lo que hago.

    Es una pena que alguna gente del gremio (mangakas y artistas de comic) se queden en el mero argumento shonen de la creación de un manga por parte de Ashirogi Muto. Que si, que al igual que Oliver Atom (que cuela goles imposibles) estos dos chavales entran en el mundillo del manga muy rápido y, vale, no es tan fácil. Y que por culpa de este manga muchos jóvenes se piensan que publicar esta tirado y eso parece que le escalde a más de uno que está unos escalones más arriba en el mercado editorial. Pero bueno, a quien le pica que se rasque, ¿no?

    Quien no pueda disfrutar del explosivo dibujo de Obata y de los ricos argumentos de Ohba, puede abrir otro manga, pero dudo que derroche tanta creatividad como estos dos. No solo llevan Bakuman, sino que dentro del manga existen una decena de mangas con identidad y peso propio que podrían llegar a editarse y tener éxito. Muchos atacarán este comentario a que Ohba solo los crea, pero no los desarrolla. Pero ahí están todos esos puntos de partida (que son reflejos de mangas actuales, pero no por ello despreciables). Más quisiera un creativo poder parir obras como esas para empezar.

    Porque si, Death Note me atrapó (como a todos, supongo), pero el cariño que siento por Bakuman es superior. Incluso diría que Ohba escribió Death Note con la cabeza y Bakuman con el corazón. Da la sensación de que el último arco (LEVE SPOILER?) sea como una autobiografía de los autores, repleta de paralelismos con su publicación de Death Note. Eso sí, con detalles que Ashirogi si pueden disfrutar como autores, no como lo que les tocó vivir al tándem Ohba/Obata, seguro. (FIN LEVE SPOILER). Por esta razón me hace pensar que Bakuman será recordada como un viaje por el proceso de creación de un manga, pero sobretodo es una carta de amor al Editor perfecto (algo con lo que debe soñar todo autor).

    El anime de Bakuman está a punto de finalizar. Un visionado semanal que disfruto desde hace un tiempo junto a mi novia. Ella, que no ha leído el manga, se le ha pegado una frase que no dejan de repetir Saiko y Takagi: “Hagamos nuestro mejor esfuerzo”. Con ese optimismo me dirijo a vosotros para deciros que no dejéis de trabajar en aquellos que quereis, pero, más importante, ¡nunca dejéis de soñar!

  4. Yo no soy seguidor del manga, pero he visto las tres temporadas del anime, y la verdad es que es una pasada de obra. No solamente habla de la superación de los autores de manga por sacar un manga adelante, sino que enseña a los aficionados como funciona la industria del manga dentro de una editorial. ¡Simplemente espectacular!

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